domingo, 17 de febrero de 2008

MC CAIN

Cuando Anthony Hopkins, en el papel de Nixon, decide negociar con las huestes de Ho Chi Min un armisticio que dividirá Vietnam y poner fin a una prolongada guerra que divide a su propio país, y comenzó con los franceses cuando todavía se llamaba Indochina, antes decide bombardear Camboya para dar un escarmiento al santuario de los vietcong y fortalecer su posición negociadora. Ante las objeciones de sus asesores a su política de intensificar los bombardeos, Hopkins/Nixon responde, --Soy el presidente Puedo bombardear lo que quiera.

En esas semanas previas a la firma de un acuerdo cuyos términos fueron los mismos que ya se habían puesto sobre la mesa en negociaciones anteriores, sin llegar a firmarse, los miles de toneladas de bombas que se arrojaron sobre Vietnam y Camboya superaron con creces las usadas durante la segunda guerra mundial.

El mismo Nixon/Hopkins que arrasa Vietnam con una insensibilidad psicopática, abre una etapa histórica de coexistencia con su visita a China para normalizar las relaciones con el régimen comunista de ese país. Así de esquizofrénica es la política.

Mc Cain promete ahora, en su campaña para la nominación de candidato a la presidencia Usa, entre otras cosas, cerrar Guantánamo y acabar con la guerra de Irak. Mc Cain ha afirmado en repetidas ocasiones que se ha cometido un error estratégico en Irak, al no enviar tropas suficientes.

Los delegados que apoyen a Mc Cain en su campaña, probablemente conocen sus criterios estratégicos sobre Irak, así que no deberían extrañarse si, una vez elegido, decide aumentar sustancialmente los efectivos militares de esa misión o arrasar los territorios hostiles por medio de bombardeos masivos indiscriminados. Su doctrina sobre la guerra como instrumento legítimo de la política no deja lugar a dudas, --Todos los países tienen derecho a defenderse. Es un derecho fundamental. O sea, como Nixon, --Soy el presidente. Puedo bombardear lo que quiera.

El problema, según yo lo veo, es que el enemigo es bastante escurridizo, y no se de ningún iraquí que atacara primero a USA legitimando su respuesta bélica. Más bien se trataba de millonarios saudíes, antiguos aliados de la familia Bush y socios en sus negocios.

Otro problema es que, suponiendo que Mc Cain decida arrasar los territorios hostiles, el enemigo ya no estará allí. Como en Vietnam, se habrá traslado a otro santuario, y puede ocurrir que la guerra de Irak concluya, pero no sabemos que va a hacer Mc Cain con Afganistán, con Iran, con el Magreb, con Pakistán o con la city londinense, por citar otros territorios donde la actividad terrorista que sirvió de pretexto a Bush para su guerra está presente o latente.

El orden en el mundo ha cambiado desde que un problema policial se ha tratado con medidas militares. Las medidas militares son demasiado importantes para dejarlas en manos de la milicia. Mc Caín hará bien en cerrar Guantánamo. Además, debería ayudar a la comunidad internacional a reconstituir toda la red de derechos individuales que ha quedado maltrecha por la militarización de la lucha antiterrorista practicada según las doctrinas que ha impuesto Bush. Devolver, lo antes posible, los soldados a sus cuarteles. No parece realista que esto pueda suceder en Irak, sin una larga transición en la que las fuerzas norteamericanas deberían permanece acuarteladas, hasta que Irak recupere el mayor grado de normalidad posible en sus circunstancias.

Esto terminará por ocurrir, antes o después, pero elegir a un presidente con currículo militar, de gatillo fácil, no parece la mejor garantía para que la transición llegue con el menor coste de bombas y sangre inocente. Existe el riesgo de que vuelva a aflorar el síndrome de Nixon. –Soy el presidente. Puedo bombardear lo que quiera.

Lohengrin. 17-02-08.

viernes, 15 de febrero de 2008

CHUPAR DEL MUERTO

Desde tiempo inmemorial, grupos revolucionarios, independentistas, tiranos autoritarios y sectarios de muy diverso origen y objetivos, practican el viejo uso de chupar del muerto. La enésima foto que confirma lo que digo está hoy en la primera de El País. Es una foto mil veces repetida. El ataúd que contiene el cadáver del líder de Hezbolá cubierto con una bandera, rodeado de miles de personas que vociferan pidiendo venganza, dispuestos a ir a la guerra, no se diferencia en nada de los entierros de personas asesinadas en España en vísperas de la guerra civil.

En todos los casos, se trata de aprovechar la energía emocional que provocan esos asesinatos, manipulándola en la forma conveniente para una minoría. Y esto ha sido así desde el principio de los tiempos, porque hay inventos humanos de una larga permanencia en el tiempo que no caducan, como el calendario o el aprovechamiento político o sectario de la muerte ajena.

Una de las muertes ajenas que más dividendos ha producido a quienes le han sobrevivido, durante generaciones, ha sido la de Cristo.

Pablo Cabellos, un intelectual con sotana que no se prodiga demasiado en sus colaboraciones en Levante, publica hoy un escrito, redactado con una paciencia didáctica y una lógica escolástica impecables, para explicarnos a todos que, dada la naturaleza poliédrica del ser humano, la iglesia no puede ser ajena a ningún aspecto de la vida social, y a nadie debe extrañar que se pronuncie sobre cuestiones sociales y políticas, o sobre la moral sexual individual, pues son los hombres ( y mujeres) en su total integridad, los sujetos de su preocupación pastoral.

Tiene el detalle de citar el Catecismo, no a Cristo, para defender el carácter jerárquico, además de pastoral, de la Iglesia romana. Hace bien, pues, de no mediar esa precaución, habría desatado la polémica con numerosos expertos que defienden que en el ánimo de Cristo no estuvo nunca el proyecto de fundar una iglesia, y mucho menos, jerarquizada, y que separan a Cristo y al cristianismo primitivo, de lo que vino después.

El caso de la Iglesia católica, apostólica y romana, si consideramos su poder y dominio terrenales alcanzados antes de que se iniciara su actual decadencia, que es lo que preocupa a sus jerarquías, por encima de su vocación pastoral, es el máximo ejemplo histórico, junto al de las religiones y sectas musulmanas, de aprovechamiento multisecular del muerto divinizado.

Hay otros ejemplos, más abstractos, de aprovechamiento de cadáveres, no humanos, sino ideológicos, como el que ofrece el Partido Comunista Chino. En todos los casos se trata de una manipulación, por parte de minorías jerárquicas, de mitos o ideas con un origen ancestral, que no tendrían vigencia de no estar alimentados constantemente por las élites que los reproducen para
conservar sus privilegios.

Este enfoque de la cuestión, que se asumiría con normalidad en cualquier curso de primero de sociología, puede provocar la cólera de numerosas personas, porque los mitos son multifuncionales, pero las religiones son una cosa muy seria.

Presley, Lennon y Ché Guevara, están en el mismo Olimpo que Diana y Apolo, pero a costa de los primeros hay mucha gente que hace caja, y Manolo Vicent aprovecha los mitos para hilvanar su escritura salpicada de referencias a la antigüedad clásica.

Las religiones en cambio, además de servir a la reproducción de las minorías jerárquicas que las administran, recurriendo, entre otras cosas, al vejo truco de chupar del muerto, son importantes para un gran número de personas, pues la fragilidad y finitud de la vida humana hace que busquen un agarradero externo para sobrevivir a esa fragilidad.

Para esas personas, la religión es tan importante como el sustento o el aire que respiran y ya vemos que, entre los musulmanes, cada día mas radicalizados por su clero integrista, y los judíos, el acto de comer está absolutamente influido por sus creencias y preceptos sobre alimentos prohibidos y permitidos.

Pero todas las religiones tienen algo en común. Se sustentan sobre un cadáver primigenio, cuyo éxito multisecular permite a las minorías jerárquicas que las administran en la actualidad, vivir del muerto.

Lohengrin. 15-02-08.

jueves, 14 de febrero de 2008

CAMBIO

En los treinta kilos de saber enciclopédico, algo anticuado, que aun conservo en las estanterías, aunque se ha ido actualizando con los apéndices, no he hallado definiciones satisfactorias de la palabra cambio, aplicadas a situaciones sociales, económicas o políticas. Supongo que se debe a la fecha de esa edición 1.978, y al hecho de que la redacción del contenido de esas obras requiere largos años de preparación. Coincidiendo en el tiempo esa preparación con la dictadura en España, no es extraño que el cambio social, político o económico fuera proscrito del lenguaje oficial, ajeno a la realidad en la que el cambio era una demanda urgente y cotidiana.

En esa misma década, un sociólogo americano, Alvin Tofler, publicó un libro que hizo fortuna, con el título El Shoc del futuro, en el que alertaba de un cambio social caracterizado por la desaparición de lo permanente y el triunfo de lo transitorio. Adiós a las residencias duraderas en la misma ciudad, trabajos estables, parejas permanentes, porque los elementos del cambio, imparables, anuncian el advenimiento y la extensión a todos los ámbitos de la vida, de una de las máximas de la sociedad de consumo , usar y tirar.

La prospectiva social, unas veces se cumple, otras no, pero nunca lo hace a la vez en todos los lugares.

En España, no fue hasta los años ochenta cuando Felipe González, quien sin duda había leído a Tofler, fascinado por la carga positiva de lo transitorio, que si bien arrumba lo duradero, ofrece a cambio la ventaja de las oportunidades sucesivas, se cargó el contrato indefinido, con la intención de reactivar la economía, y luego el fraude de ley en las contrataciones convirtió lo que en principio era una medida temporal, en una mutación que ha traído a generaciones enteras de jóvenes al universo Tofleriano.

Tanto éxito tuvieron las predicciones de Tofler sobre la sociedad del usar y tirar que ahora nos vemos abocados a la necesidad de un nuevo cambio, por que ya no sabemos que hacer con la basura.

Gore viaja ahora por el mundo como un nuevo apóstol de la prospectiva y la preocupación social ha girado ciento ochenta grados. Ahora nos preocupa que las cosas no duren, en particular, el entorno climático, y la política de envases se está revisando para usar otros reutilizables, menos efímeros.

Lo permanente y lo efímero son dos aspectos presentes en la vida de cualquiera y es natural que las preferencias por lo uno o por lo otro varíen con el devenir del tiempo en una dialéctica marcada por los excesos a que nos conducen, individual o colectivamente, las opciones extremas entre la permanencia y el cambio.

Me ocupo hoy de este asunto en el blog, porque la lectura de un artículo de Eduardo Alonso, algo nostálgico y melancólico, publicado en las páginas de opinión de “Levante”, titulado “Bautismo bajo los pinos”, cita de pasada una analogía entre crisis y cambio, igualando ambos términos y eso ha despertado mi curiosidad.

El cambio, en mi viejo diccionario mutilado de definiciones sociales, se refiere sobre todo a cuestiones mercantiles y a su acepción en física, paso de un cuerpo de uno de los tres estados físicos a otro, y habla de evaporación, fusión, licuefacción, solidificación, sublimación y vaporización.

Algunos de esos términos físicos hacen fortuna en otros ámbitos o disciplinas, evaporación, entre los brokers de Societe Generale, fusión, entre las compañías energéticas, licuefacción en los anales de los milagros que certifica el Vaticano o sublimación en la residual cultura del psicoanálisis.

De la crisis, lo que se dice es que es una mutación importante en el desarrollo de procesos, o la situación de un asunto o proceso cuando está en duda su continuación, modificación o cese. También se identifica con la palabra crisis una situación dificultosa o complicada.

En mi opinión, lo que caracteriza a la crisis no es el cambio en si mismo, ni se pueden identificar cambio y crisis, sino que lo que define la crisis, o al menos su percepción, son las expectativas de cambio y la incertidumbre que generan al ignorar cuales van a ser sus efectos para el sujeto.

Hace ya cinco meses, mucho antes de que las bolsas de valores se dieran por enteradas dramáticamente, alerté en la página Cenicienta de este Blog de los primeros indicios que advertían de una mutación en los sistemas financieros demasiado metidos en su papel de Hada Madrina que concedía deseos a sus clientes, distanciando sus niveles de vida y consumo de la productividad de su trabajo, y rellenando ese agujero con el crédito.

Desde entonces, se han sucedido los análisis, artículos y comentarios de toda clase de comunicadores sobre la crisis, también las opiniones de quienes niegan o reducen la importancia de la crisis y tildan de apocalípticos a quienes la subrayan. También han aparecido intentos manipuladores de esa realidad con fines políticos, pero si la crisis es, sobre todo, la expectativa de cambios generadora de incertidumbres sobre sus efectos en los sujetos, en ese sentido, no se puede defender que no hay crisis, cuando nadie sabe cuánto le van a pagar por sus ahorros dentro de seis meses, cuánto deberá pagar por su hipoteca, si podrá conservar o no la propiedad de su casa, si va a tener o no su empleo, o cuanto valdrá su patrimonio bursátil pasado mañana, por citar solo algunas incertidumbres derivadas de las malas prácticas financieras en USA que enrarecen el ambiente.

En mi opinión, una combinación equilibrada de permanencia y cambio, es lo mejor que podemos elegir entre el menú que nos ofrece la vida. Deseos simples, ligados a conceptos primarios como placer y dolor, esfuerzo y ocio, belleza y fealdad, mas que a conceptos políticos, como conservar, reformar, transformar, son los que verdaderamente importan. ¿Quien no desearía vivir en un mundo donde fueran más permanentes el placer, el ocio, la belleza, y solo tuvieran carácter transitorio, el dolor, el trabajo forzado, la fealdad de ciertos espíritus adustos?. Un mundo así no existe, pero está a nuestro alcance intentar acercarnos a el. En eso consiste vivir.

Lohengrin. 14-02-08.

ELOGIO A MR. BUSH

Gauden Villas es un tipo pintoresco, superficial, que ocupa la secretaría de no se qué en el partido de los populares en Heliópolis. Ese cargo sin contenido le deja tiempo libre para publicar de vez en cuando sus cosas en la prensa local y a mi me gusta leerlas, porque lo irónico y banal de su estilo me reconforta de lo adustos y desagradables que suelen ser, o parecer, la mayoría de sus colegas

La banalidad es, a veces, un antídoto contra la trascendencia, tan aburrida y extendida entre las costumbres españolas que ahora se apresta a defender la derecha política de forma contractual. Lo trascendente, cuando se convierte en algo repetitivo y sin finalidad, por su ausencia de influencia en la vida cotidiana, además de rozar la pedantería, se vuelve tan banal como la más superficial de las actitudes.

El paradigma de la trascendencia son los editoriales, semejantes a los sermones, solo que en lugar de dictarse desde el púlpito, se componen sobre una mesa de redacción. Tal vez ha sido un acierto, aunque lo critiqué en su momento, que El País haya relegado a las páginas centrales sus opiniones trascendentes cediendo ese espacio a las noticias.

En ese tono ligero que lo caracteriza, Villas comenta hoy la actualidad de las elecciones primarias en USA, y nos recuerda que la atención de los medios está centrada, sobre todo, en los candidatos demócratas, pero que en su opinión, el candidato más sólido es el republicano. Después nos recuerda cómo, en las anteriores elecciones presidenciales, en las que la prensa apostaba por una victoria demócrata, se impuso el candidato Bush al banal y superficial Gore, pero no dice que su victoria se debió al hecho de que quien contó los votos en Florida fue su hermano, gobernador de ese Estado.

En su elogio a Bush, Villas nos recuerda que nunca la economía americana fue tan bien como con su presidencia. Otra vez se le olvida el tamaño astronómico del déficit público de ese país y las consecuencias de su política, o la falta de controles financieros suficientes, que tanto daño hacen en las bolsas europeas.

Elogia Villas la guerra de Irak y la defiende como una acción firme y necesaria contra el terrorismo internacional, pero de nuevo se le olvida citar los cientos de miles de muertos civiles que ha ocasionado, cuya cifra aumenta cada día.

Es lo que tiene la banalización de los hechos, que si bien permite un estilo agradecido para los lectores, cuando hay demasiados olvidos, y todos del mismo signo, deviene en mentira banal, si, pero mentira.

A mi, lo que mas me interesa de las elecciones en USA es que Bush se va.

Alcanzó el poder con trampas en Florida –consulten las hemerotecas--y se va con una trampa monumental, la cesión de los derechos de extracción de una parte sustancial de los pozos petrolíferos iraquies a favor de compañías occidentales, que ha firmado el gobierno títere que el mismo ha puesto. Es posible que las compañías occidentales sean las mas numerosas en el mundo del petróleo, y no se pueda firmar con otras. Es posible también que sean los grupos más próximos al petrolero tejano los más beneficiados. Y es casi seguro que el propio Bush, retirado de la política, será beneficiario directo de ese acuerdo.

Tramposo. Bush, es un tramposo, como lo fue Nixon, también republicano. Si solo fuera eso, la cosa se quedaría en lo banal.

Pero Bush es, además, a los ojos de mucha gente, un criminal que debería ser juzgado por un tribunal internacional, por las acciones directas de sus ejércitos contra civiles en la guerra de Irak, y por todo el daño que ha hecho al subvertir los derechos de las personas con su doctrina de la guerra preventiva y la seguridad contra el terrorismo, por encima de los derechos individuales.

Es una paradoja que el país que mas muestras ha dado históricamente de defender la libertad y la democracia, haya sido conducido por un sujeto como Bush, de quien, ahora, afortunadamente, sea quien sea el ganador de las presidenciales en USA, por fin nos vamos a librar.

Siento que me haya salido demasiado trascendente la cosa, pero es que, a veces, lo banal, cuando hay demasiados olvidos y todos del mismo signo, deviene en mentira, pura mentira.

Lohengrin. 14-02-08

martes, 12 de febrero de 2008

EL CUERPO

Las arrugas son medallas al mérito de haber vivido. Cuando se lo digo a mi mujer me contesta con un sarcasmo. La demanda de belleza es una pulsión universal que ha llevado hasta la bolsa de valores a corporaciones mercantiles integradas por médicos escultores que hasta hace no mucho trabajaban como artesanos en sus clínicas privadas.

Alrededor de este negocio expandido por la exaltación de la belleza física y los valores de la juventud, presentes en las pasarelas de moda, en los programas televisivos, en las revistas más prestigiosas y en los mensajes publicitarios que están presentes en la vida cotidiana de todos nosotros, ha crecido una jungla de chiringuitos con actividades subsidiarias dedicadas al cuidado del cuerpo que constituyen una parte cada día mas sustanciosa de la facturación del sector de servicios.

Gimnasios, rayos uva, talasoterapia, spas, infiltraciones subcutáneas, correcciones ligeras que no precisan intervenciones hospitalarias, mesoterapia, que no se lo que es, pero que ha producido en la Rioja una infección bacteriana a unas decenas de clientas. Implantación de uñas de porcelana. Maquillajes permanentes. Toda esa variedad, multiplicada por las técnicas específicas que ofrece cada chamán, baños de lodo, de chocolate, de cava, --escuece, no?— Variadas sustancias y técnicas para la infiltración, por no hablar de las últimas generaciones de cosméticos, cuyas promesas altamente surrealistas nos son formuladas desde el televisor, constituyen la respuesta a una demanda desesperada, porque la gente no asume, se niega a asumir, que las arrugas son medallas al mérito de haber vivido.

El paso del tiempo puede ser, en si mismo, una oportunidad enriquecedora, no una creciente amenaza, si encontramos un acuerdo entre nuestro interior y el exterior que nos relaciona visualmente con el mundo. En las sociedades occidentales parece que encontrar ese acuerdo es más difícil, por la presión de los medios y la tendencia, cada vez más compulsiva, a la imitación, pero en otros lugares es posible contemplar la dignidad del paso del tiempo esculpida en los rostros de los ancianos.

En el sur de Marruecos, en un viaje realizado hace unos años, me fue dado contemplar la nobleza de los perfiles esculpidos por el tiempo en los rostros de los ancianos de etnia bereber y quedé impresionado. Ya se que la cultura machista en esto, como en tantas otras cosas, maltrata la vejez de la mujer, porque lo que en el varón se considera socialmente una expresión de dignidad, al aplicarlo a la mujer tiene un tratamiento peyorativo. Pero ese atraso social, ese desequilibrio en la apreciación de lo humano en función del sexo, queda desmentido por el modo en que muchísimas mujeres y hombres alcanzan edades avanzadas sin perder su dignidad personal, y sin sentir la necesidad de recurrir a cirujanos ni chamanes, porque nunca han mantenido un desacuerdo con su cuerpo.

Es ese desacuerdo, cuando existe, más que las condiciones objetivas del cuerpo de cada uno, lo que sin duda empuja a la gente insatisfecha hacia la pulsión patológica de la cirugía y los tratamientos estéticos. A mi juicio, este fenómeno, propio de las sociedades que progresan en lo económico, es un doble indicador. Por un lado, informa de los niveles de renta alcanzados, sin los que satisfacer esa demanda no sería posible, por otro, es un indicador de la insatisfacción profunda que acompaña ciertos modos de vida en las sociedades complejas del siglo XXI.

Curiosamente, ese culto al cuerpo, no al propio, sino al ideal que se nos impone de modo compulsivo, casi nunca alcanzable, nos acerca en plena explosión tecnológica al mundo antiguo, cuando los atletas atenienses buscaban la perfección física, los escultores deseaban reproducirla y la belleza de la mujer se representaba por medio de imágenes escultóricas a las que se ofrecía culto en templos magníficos.

No estoy en contra de que cada uno busque la felicidad como le plazca. Solo trato de señalar la alternativa de que uno alcance el acuerdo con el cuerpo propio, en lugar de perseguir el modelo ajeno de modo compulsivo.

Las arrugas son medallas al mérito de haber vivido. Yo, al menos, las veo así.

Lohengrin. 12-02-08.

BARRA LIBRE

El decreto puede ser una forma perversa de gobernar, cuando no atiende a razones de urgencia que lo justifican –paliar los daños de una catástrofe, indemnizar a sus víctimas—sino que se convierte en una costumbre para hurtar al debate político las decisiones unilaterales de los grupos que representan a una parte de los ciudadanos.

Es la fórmula preferida en los sistemas autoritarios, pero también se suele utilizar con demasiada frecuencia en los sistemas democráticos por individuos y grupos con mayorías absolutas, que suelen mostrar en esas prácticas sus tics autoritarios sin ningún rubor.

Los procesos de toma de decisiones se pueden enmarcar en un espectro muy amplio que va de la asamblea al decreto. Son extremos que muestran las posiciones de quienes deciden en el amplio abanico que separa la autoridad de la libertad. Cuando los sistemas de toma de decisiones se apoyan demasiado en el decreto, aunque estemos en un contexto teórico de libertades democráticas, algunos tenemos la sensación de que se imponen ciertas decisiones arbitrarias, sin el adecuado debate público.

El decreto, usado de un modo abusivo, se convierte así en una especie de barra libre, donde los invitados a la fiesta de las mayorías absolutas dejan vacía la bodega de la democracia, sin consideración alguna hacia los ciudadanos que no les han invitado.

La prensa diaria en Heliópolis, ofrece ejemplos cotidianos del uso y abuso del expeditivo trámite del decreto para materializar decisiones políticas sin someterlas a ningún control parlamentario, con la dudosa legitimidad de las mayorías absolutas, pues si los legisladores constitucionales no hubieran considerado el papel de las minorías que representan a los otros ciudadanos, ni se habrían tomado la molestia de regular la existencia de los parlamentos.

Gobernar por decreto de modo abusivo es pues, un fraude a la Constitución, y lo curioso es que nadie se rasga las vestiduras, pues este modo torticero de instrumentar la política no es exclusivo de uno u otro partido.

La creación de los partidos políticos tuvo la virtud de incluir en sus filas a gentes de toda condición, acabando con el régimen estamental de nobles y clérigos, aunque la clase beneficiaria de ese cambio fue la burguesía, dado el escaso o nulo desarrollo cultural y social, de los obreros y campesinos de entonces.

Salvo excepción, los partidos hoy están formados por gentes de lo que hemos dado en llamar clase media, siguen ausentes los obreros y campesinos pero, en la medida en la que distintos partidos adoptan diferentes actitudes cuando tienen que elegir entre mas libertad o mas autoridad, algunos nos sentimos mas inclinados a favor de unos que de otros, según nuestras preferencias, aunque somos conscientes de que la clase política que los forma tiene semejanzas.

En Heliópolis, el decretazo recurrente como forma habitual de gobierno indica que el partido a quien se le confió la mayoría absoluta en las últimas elecciones autonómicas, prefiere la autoridad a la libertad, lo que es coherente con su marca conservadora, pero hay en Europa muchos gobiernos conservadores y sin embargo no muestran un desprecio tan mezquino por la vida parlamentaria.

Aquí se recurre al decreto para cualquier cosa. Para librar de obligaciones medioambientales y de licencias al evento --que palabro-- de la Fórmula 1, para instrumentar un festival aéreo de dudosa seguridad, o para privar a las personas dependientes de su derecho a ver contestadas de modo personal y explícito sus solicitudes de ayudas a la administración autonómica.

En el mundo del poder y el placer, hay que entenderlo, debe producir una enorme satisfacción constatar que, con tu sola firma, sin escuchar opiniones de ciudadanos --para que, si ya han votado—o romances de minorías, puedes hacer lo que te sale de los huevos, impunemente.

Esa situación es posible porque la mayoría de los ciudadanos la han propiciado con su voto, sin embargo las mayorías parlamentarias que legitiman los votos, pierden esa legitimidad cuando se confunde la legítima mayoría, con la ley del embudo.

El decreto, tan sobado por la pandilla que abusa impunemente de esa fórmula en Heliópolis, es una fórmula excepcional y su uso continuado recuerda los sistemas autoritarios que recurren con frecuencia al estado de excepción y evoca aquel viejo chiste que contaba el abuelo de un amigo mío, Per l´article 26 el govern te atribusións, p´a passarse p´ els collons totes les lleis del país

Lohengrin. 12-02-08..

lunes, 11 de febrero de 2008

11/2

“Hay días en los que uno no está para nada. En otra página expliqué mi filosofía de los lunes así, en abstracto, pero en este día concreto, once de febrero, no puedo echar mano de ninguna sentencia o pretexto que me sirva para edificar la precaria construcción formal que añado al blog casi cada día.

La lectura de la prensa diaria en el Maravillas, que otras veces me sirve para incorporar al blog algún comentario, aunque sea utilizando esa técnica necrófaga que consiste en alimentar las ideas con las palabras de otro, no me ha parecido que ofreciera hoy ninguna noticia interesante. Es lunes, y como las fuentes de las noticias han permanecido casi mudas el fin de semana, la mitad del espacio se dedica a comentarios deportivos y a los siniestros de tráfico, cada vez más espectaculares y letales.

La asistencia a clase en la universidad de mayores tampoco me ha ofrecido nada interesante que pueda contar, seguramente por que mi ánimo no estaba predispuesto para la observación y la escucha atenta de lo que acontecía a mi alrededor.

Sin embargo, me ha sucedido algo inesperado que le ha dado un giro a esta mañana de lunes anodina y gris, como las nubes que cubren el cielo anticipando un tiempo desapacible.

He ido a tomar café, para pasar el rato antes de ir a clase, a un bar que no suelo frecuentar. Estaba lleno. Solo quedaba una silla libre, así que me he sentado junto a una desconocida. Una mujer que aparentaba mi misma edad tomaba café, con la mirada de sus penetrantes y hermosos ojos flotando en algún lugar de sus recuerdos, alejado de la realidad circundante.

Es sorprendente el grado de intimidad en la comunicación que pueden alcanzar dos desconocidos, cuando el entorno que los reúne por azar –un tren, una cafetería—garantiza la fugacidad y el anonimato del encuentro, y al mismo tiempo una mirada compartida propicia la urgencia de comunicarse.

Sin apenas darnos cuenta, hemos entrado en un juego de comunicación en el que la mujer verbalizaba una reciente experiencia turbadora que yo escuchaba sorprendido, mientras comenzaba a entender la flotación de su mirada.

Los ojos de la mujer, de una intensidad infrecuente, se fijaban en algún punto ausente, imaginario, mientras sus labios desgranaban los detalles del encuentro que había mantenido con un hombre que no era su marido. Cómo le sorprendía, a pesar de su situación familiar estable y consolidada, haber sido capaz de desnudarse delante de otro hombre, mientras que con su marido siempre había reclamado el pudor de la luz apagada. No tener ningún sentimiento de culpa, le sorprendía igualmente, después de haber escuchado durante toda su vida la condena de las relaciones extramaritales como algo indecente.

Todo esto lo decía, mientras su mirada permanecía fijada en algún lugar que al principio no reconocí, pero que después de sus confidencias imaginé como el lugar placentero que había visitado, el de su reciente experiencia física cuya huella aún no la había abandonado.

Yo la escuchaba en silencio, y de vez en cuando preguntaba. –No le resultó turbador, a estas alturas de su vida, tener el cuerpo desnudo de un hombre entre sus brazos?.

--Me turbó más, mi propia desnudez ofrecida. Aún ahora, pienso que hice una barbaridad, pero no me arrepiento.

--¿No siente culpabilidad?

--No. Si acaso tengo la sensación de haber hecho una tontería. Nada más.

--¿Ha vuelto a ver a ese hombre?

--Nos llamamos alguna vez. El también es casado. Nuestras respectivas obligaciones no facilitan que nos veamos.

--¿Repetiría esa experiencia?

--Ya le he dicho que tengo la sensación de haber hecho una tontería. No sé. Pienso que no, no lo haría.

Me fijé en su mirada, flotando suspendida en su recuerdo placentero. Me pareció que esa mirada contradecía las palabras escuchadas. Es difícil saber lo que alguien piensa en su interior, sobre todo si se trata de una conversación fugaz y anónima. Tampoco es fácil discernir si las palabras escuchadas responden a un pensamiento verdadero, o son una forma de ocultación de los sentimientos.

Cada uno pagó su comanda y ambos salimos a la calle, en dirección opuesta. No sabíamos nuestros nombres. Solo nos había reunido el azar, la necesidad que tenía aquella mujer de ojos intensos de comunicar a alguien ajeno lo que sentía, y mi curiosidad de escritor. Estas cosas suelen pasar en los trenes. A mi me ha sucedido hoy, en una cafetería que no suelo frecuentar.

Le ha dado sentido a este lunes, anodino y gris”.

Lohengrin. 11-02-08.

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