Hola, buenos días. Habrán notado que ya hemos vuelto de la Alcarria, antes de esta salutación, porque nada más volver, antes de saludarles, he escrito unas cuatro mil palabras, la crónica del viaje. Impaciente que es uno, porque nací, ya lo saben, un minuto tarde y nunca lo recuperé.
Nada más volver a Valencia nos dejamos caer en el sillón y vimos los telediarios. al final, todos ponían lo mismo, la 6, la 3, la 4, hasta la 1, --la vimos, sí-- una historia de terror basada en la ciclogénesis explosiva que nos amenaza, llamada por unos borrasca, por otros temporal, por otros Ana, que casual, un nombre de mujer para ilustrar el miedo.
Según unos, olas de ocho metros, vientos de más de cien kilómetros por hora. Será por Galicia, digo yo. Me he asomado a la ventana y hace un solazo que te cagas. No es extraño que los mas nacionalistas de aquí digan que esta es 'la millor
terreta del mon', sobre todo cuando la borrasca no entra por Levante.
Hablando de nacionalismos, 'Levante' lleva en la primera, no una noticia, una simple información, más del 57% de los ricachos catalanes que han emigrado, se han venido aquí, a Valencia. La hemos jodido. Esa noticia me parece más digna de atención que lo de la borrasca Ana, porque si las leyes económicas de oferta y demanda y el peso de las rentas personales
en los hábitos de consumo existen realmente, sospecho que el precio del café en La Fuente, va a subir antes de que podamos tomar medidas contra esa nueva agresión financiera.
Se me ocurre trasladarme a vivir al Raval, en Barcelona, ahora que allí han caído las reservas hoteleras, las ventas, y por tanto, los precios.
Esperaré al resultado de las cercanas elecciones catalanas y, según sea el resultado, tomaré una decisión económica racional.
Mientras tanto, me voy pirado a Carrefour, porque esta mañana me he vestido con los únicos calzones limpios que quedaban en el armario. Tienen la goma pasada, al llegar a La Fuente, ya me caían por las rodillas. Voy a comprarme unos de esos apretaditos, que te presionan los huevos, pero, al menos, no se caen.
Y por favor, dejen de poner nombres de mujer a las tormentas, ya tengo bastante con el de Encarna que ayer, me castigó sin comer y sin cenar, ella tampoco comió ni cenó, y se pasó todo el día en la habitación, como si fuera la princesa tuerta, porque al parecer la traté solo de palabra, con brusquedad.
Al cabo de unas horas le dije, que quieres que haga si padezco un trastorno bipolar, ya voy al médico y tomo pastillas, no puedo hacer más, además mi exabrupto fué una respuesta, eso sí, no meditada, a tu excesivo afán controlador, que pareces la abuela de la peli de la otra tarde, que tiene un conflicto con la nuera, por la excesiva influencia de la abuela con el nieto.
Piensatelo, lo del control, y yo pensaré aumentar a dos las pastillas de Rivotril, no sin antes consultarlo con la doctora Palop, que es quien manda, aunque sin estilo controlador.
Joder, me ha salido demasiado largo para ser un aviso, en realidad, más parece un desahogo, sí.
En pröximas entregas, espero volver a la normalidd. Hasta entonces, un saludo a todos los internautas.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 10 12 17.
domingo, 10 de diciembre de 2017
LA ALCARRIA (BRIHUEGA)
"Antoni, marido de Lola, enfermero y técnico de laboratorio, ya jubilado, de lo que no se ha jubilado es de su pasión por la imágen, pictórica y fotográfica. Además de pintor hiperrealista, que expone todos los años, es un fotógrafo compulsivo, que ha hecho centenares, casi mil fotos en este viaje.
Al llegar a las puertas de Brihuega, como ha hecho en los demás lugares visitados, lo primero que ha hecho es fotografiar el cartel que anuncia la toponimia del pueblo, de ese modo le sirve de referencia para las innumerables fotos que le siguen, aunque en ninguna de ellas ha salido él.
Brihuega tiene un recinto amurallado impresionante, además de castillos, el de Piedra Bermeja y claro, iglesias y conventos, también fuentes, la de los doce caños, al parecer son numerosos los manantiales que alimentan sus numerosas fuentes.
También tiene, para variar, una Real Cárcel de Carlos III, que sustituyó a la anterior de Felipe II. Pateamos todo el pueblo, que tiene bonitos jardines pegados a la muralla. Antonio sufrió un percance en su calzado, la suela de sus botas se despegó, debido a la falta de uso y en la calle principal encontramos algo parecido a El Corte Inglés, un bazar rural donde tenían de todo.
Antonio intentó comprar un pegamento para aplicalo a sus botas, pero al saber que tardaba veinticuatro horas en consolidar el pegado, compró un par de botas nuevas, estupendas, por 10E y renunció al pegamento.
Ese incidente nos complicó la visita, pero pudimos visitar la iglesia de San Felipe, una iglesia gótica que me cautivó por su austeridad, me rcordaba las iglesias que he visto en Cantabria y por ahí, iglesias marineras con los muros desnudos de cualquier añadido, con su imponente arquitectura gótica, y con un aire, como decirlo, como las de los templarios que te encogen el espíritu al descubrir su interior.
Tanto me impresionó la sobriedad del templo que yo, que siempre he sido agnóstico, hasta que Rouco y el Cardenal Cañizares me empujaron al ateísmo, hice algo que jamás había hecho en mi vida. Depositar una moneda en el lugar de las velas, para que se encendieran dos de ellas, en homenaje a San Felipe, a quien está dedicado el templo.
Hablando de Felipe, no puedo ocultar que al visitar el cementerio de otra iglesia, me fijé en los nombres de los difuntos y me pareció que en una de las lápidas aparecía el nombre de Felipe González. Le pedí a Antoni que hiciera una foto, y al verla en la pantalla del móvil descubrí que el enterrado allí se llamaba Felipe, algo más, y González, me pareció que ese error de percepción mío se debió a que Felipe González, que gracias a quien sea aún esta vivo, para mi es un muerto político, hace décadas que dejé de votarle, cuando le conocí mejor.
Además de la iglesia de San Felipe, que está justo a la salida del pueblo, están la de San Miguel, y la de Santa María de la Peña. Mis colegas de viaje las visitaron todas, pero yo me quedé en un banco, al lado de una fuente, escuchando el rumor del agua.
No puedo precisar lo que comimos en Brihuega, ahora tengo dudas de si el rabo de toro atribuído a la visita a Guadalajara lo tomamos realmente allí, o fué aquí, creo que fué allí, ahora me viene a mi memoria gustativa una excelente caldereta de cordero, precedida de una sopa de fideos, que nos dieron aquí.
Como todas las mesas estaban reservadas, nos permitieron ocupar una, a condición de que fuera solo hasta las tres. 12 pavos por persona. Muy bien. De camino a Pastrana, pasamos cerca de la Central Nuclear de Zorita, de la que nos dijeron que hace doce años que no funciona, lo ue no me pareció tranquilizador, teniendo en cuenta los residuos nucleares que todavía almacena.
Ya de vuelta en Pastrana, hicimos alguna visita que nos faltaba, fuimos al comercio de alimentación y compramos queso, jamón serrano y pan. Gracias a la sandwichera salió una cena aceptable, repetimos con el Ribera del Duero de 5,90, luego Antoni y mi mujer volvieron a ganar al Rummy, y eso fué todo.
Al día siguiente, no pudimos entretenernos mucho, Lola tenía un compromiso para comer con su hermano en Valencia, a las 2. Cargamos el coche con las cosas que habíamos comprado, dulces, mermeladas, pan de azúcar. esas cosas y pusimos rumbo a Valencia, solo paramos en Motilla a tomar una cerveza. Lola llegó a tiempo a su cita, y Antoni nos ha mandado esta tarde al móvil de Encarna, las fotos de Guadalajara. Haré una selección y publicaré alguna.
THE END..
Esto es todo.
En fin. La Alcarria (Brihuega)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 10 12 17.
Al llegar a las puertas de Brihuega, como ha hecho en los demás lugares visitados, lo primero que ha hecho es fotografiar el cartel que anuncia la toponimia del pueblo, de ese modo le sirve de referencia para las innumerables fotos que le siguen, aunque en ninguna de ellas ha salido él.
Brihuega tiene un recinto amurallado impresionante, además de castillos, el de Piedra Bermeja y claro, iglesias y conventos, también fuentes, la de los doce caños, al parecer son numerosos los manantiales que alimentan sus numerosas fuentes.
También tiene, para variar, una Real Cárcel de Carlos III, que sustituyó a la anterior de Felipe II. Pateamos todo el pueblo, que tiene bonitos jardines pegados a la muralla. Antonio sufrió un percance en su calzado, la suela de sus botas se despegó, debido a la falta de uso y en la calle principal encontramos algo parecido a El Corte Inglés, un bazar rural donde tenían de todo.
Antonio intentó comprar un pegamento para aplicalo a sus botas, pero al saber que tardaba veinticuatro horas en consolidar el pegado, compró un par de botas nuevas, estupendas, por 10E y renunció al pegamento.
Ese incidente nos complicó la visita, pero pudimos visitar la iglesia de San Felipe, una iglesia gótica que me cautivó por su austeridad, me rcordaba las iglesias que he visto en Cantabria y por ahí, iglesias marineras con los muros desnudos de cualquier añadido, con su imponente arquitectura gótica, y con un aire, como decirlo, como las de los templarios que te encogen el espíritu al descubrir su interior.
Tanto me impresionó la sobriedad del templo que yo, que siempre he sido agnóstico, hasta que Rouco y el Cardenal Cañizares me empujaron al ateísmo, hice algo que jamás había hecho en mi vida. Depositar una moneda en el lugar de las velas, para que se encendieran dos de ellas, en homenaje a San Felipe, a quien está dedicado el templo.
Hablando de Felipe, no puedo ocultar que al visitar el cementerio de otra iglesia, me fijé en los nombres de los difuntos y me pareció que en una de las lápidas aparecía el nombre de Felipe González. Le pedí a Antoni que hiciera una foto, y al verla en la pantalla del móvil descubrí que el enterrado allí se llamaba Felipe, algo más, y González, me pareció que ese error de percepción mío se debió a que Felipe González, que gracias a quien sea aún esta vivo, para mi es un muerto político, hace décadas que dejé de votarle, cuando le conocí mejor.
Además de la iglesia de San Felipe, que está justo a la salida del pueblo, están la de San Miguel, y la de Santa María de la Peña. Mis colegas de viaje las visitaron todas, pero yo me quedé en un banco, al lado de una fuente, escuchando el rumor del agua.
No puedo precisar lo que comimos en Brihuega, ahora tengo dudas de si el rabo de toro atribuído a la visita a Guadalajara lo tomamos realmente allí, o fué aquí, creo que fué allí, ahora me viene a mi memoria gustativa una excelente caldereta de cordero, precedida de una sopa de fideos, que nos dieron aquí.
Como todas las mesas estaban reservadas, nos permitieron ocupar una, a condición de que fuera solo hasta las tres. 12 pavos por persona. Muy bien. De camino a Pastrana, pasamos cerca de la Central Nuclear de Zorita, de la que nos dijeron que hace doce años que no funciona, lo ue no me pareció tranquilizador, teniendo en cuenta los residuos nucleares que todavía almacena.
Ya de vuelta en Pastrana, hicimos alguna visita que nos faltaba, fuimos al comercio de alimentación y compramos queso, jamón serrano y pan. Gracias a la sandwichera salió una cena aceptable, repetimos con el Ribera del Duero de 5,90, luego Antoni y mi mujer volvieron a ganar al Rummy, y eso fué todo.
Al día siguiente, no pudimos entretenernos mucho, Lola tenía un compromiso para comer con su hermano en Valencia, a las 2. Cargamos el coche con las cosas que habíamos comprado, dulces, mermeladas, pan de azúcar. esas cosas y pusimos rumbo a Valencia, solo paramos en Motilla a tomar una cerveza. Lola llegó a tiempo a su cita, y Antoni nos ha mandado esta tarde al móvil de Encarna, las fotos de Guadalajara. Haré una selección y publicaré alguna.
THE END..
Esto es todo.
En fin. La Alcarria (Brihuega)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 10 12 17.
sábado, 9 de diciembre de 2017
LA ALCARRIA (GUADALAJARA)
"El segundo día de nuestra estancia en la Alcarria, cuando le comentamos a la hotelera de Prastana que nos íbamos de visita a Guadalajara, ella afirmó: Huy...allí no hay nada. Al llegar a Guadalajara, lo primero que nos llamó la atención, además del lujoso panteón que se divisaba a lo lejos, pasados los hermosos parques que enriquecen el tejido
urbano de esa estupenda ciudad, fue el comentario de la hotelera, 'Huy..allí no hay nada'.
Fue entrar a visitar el panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, pisar el suelo de mosaico y vidrio que cuando bajas a la planta inferior descubres que es una bóveda plana, con toda la complejidad arquitectónica de una estructura así, verificar que este panteón de estilo bizantino que la Condesa comenzó a mandar construir después de obtener en 1887, la preceptiva autorización del Estado para levantarlo fué una obra que duró catorce años, tomar conciencia de que estábamos ante una maravilla arquitectónica sin parangón en Europa, y entonces entendimos el sentido del 'Huy...allí no hay nada', de la hotelera.
Es evidente, o al menos así me lo parece a mí, que los hosteleros y comerciantes alcarreños sostienen una brutal pelea para conservar, cada uno en su feudo, la presencia de turistas y visitantes, para que se dejen la pela allí, y no en otro sitio.
Lo asombroso de este panteón de arquitectura espectacular, que incluye una estancia circular de acceso, desde la que se contemplan las hermosas bóvedas que rematan sus techos, y un grupo escultórico bellísimo donde está la cripta en la que está enterrada (a ras de tierra, no bajo tierra) la condesa, uno de ellos tres figuras esculpìdas en un solo bloque de mármol blanco de Carrara, parecido al que uso Miguel Angel para su David, el resto son estatuas individuales, ángeles que acompañan los restos de la condesa, no es eso, lo asombroso es la finalidad que llevó a la condesa, rica heredera de toda la fortuna familiar, y sin herederos a su vez, a meter toda su fortuna en esta obra.
Porque cuando entras en ese lugar, da la sensación de ostentación de riqueza, pero cuando te cuentan que el verdadero motivo que impulsó a esa mujer a realizar tamaña obra fué dar trabajo a los numerosos alcarreños que se morían de hambre por una crisis económico financiera como las de ahora, y que concedió descansos dominicales retribuidos durante más de una década a quienes intervenian en los trabajos de la obra, además de buscar a uno de los arquitectos más afamados de Europa para el diseño y la realización del proyecto, lamentas, del todo, que alguien como la condesa no haya dirigido España, Europa, en nuestra última crisis, porque la condesa, probablemente por motivos humanitarios, éticos, religiosos, aplicó una política anticrisis en la Guadalajara de su época, como si fuera el mismísimo Keynes, y activó la demanda interna de su comarca, en lugar de dedicarse a hacer recortes en el salario de su servidumbre.
Viva la Condesa de la Vega del Pozo, yo, ahora, la votaría, en vez de a los zánganos que nos han tocado en suerte en este siglo.
En Guadalajara, como en Pastrana, hay castillos, palacios, iglesias, para aburrir, pero nosotros visitamos el Palacio de la Cotilla, para admirar allí (además es una escuela de Música, Danza y Artes Plásticas) unos murales de papel de arroz, atribuidos a artistas chinos, que, otra vez, son casi únicos en Europa, aunque para obra de arte, la gastronomía de Guadalajara, su calle llena de restaurantes, entramos en uno de ellos al azar, y no pudo resultar mejor.
El primero, no lo recuerdo exactamente, estupendo, pero a estas alturas, ya no sé si fué la sopa de fideos, el revuelto de setas, o no sé, pero el rabo de toro que le siguió, fué algo que no soy capaz de describir. He cocinado yo mismo rabo de toro muchas veces, pero nada comparado con el que me dieron en Guadalajara.
El postre, cuajada con miel, además de café y chupitos, todo por 10E por barba, además de la gratuita amabilidad del hostelero y lo más extraordinario, me llevé una servilleta de papel --no de cualquier papel- la guardé en el bolsillo, y llevo tres días limpiándome los mocos con ella, sin dejar huella. !Que papel!, se come los mocos, y no se nota nada en su textura."
Al regresar a Pastrana, por la tarde, entramos en un mercadillo instalado en un bajo del palacio, a beneficio de un niño del pueblo con una rara enfermedad que le obliga a tratarse dos veces al año en USA, y cargamos con todas ls mermeladas, mieles y otros dulces que pudimos, para hacerselos llegar a nuestros nietos a nuestro regreso a Valencia.
Pero aún falta para eso, nos queda visitar Brihuega, pero esa es otra historia.
En fin. La Alcarria (Guadalajara)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 9 12 17.
Fue entrar a visitar el panteón de la Condesa de la Vega del Pozo, pisar el suelo de mosaico y vidrio que cuando bajas a la planta inferior descubres que es una bóveda plana, con toda la complejidad arquitectónica de una estructura así, verificar que este panteón de estilo bizantino que la Condesa comenzó a mandar construir después de obtener en 1887, la preceptiva autorización del Estado para levantarlo fué una obra que duró catorce años, tomar conciencia de que estábamos ante una maravilla arquitectónica sin parangón en Europa, y entonces entendimos el sentido del 'Huy...allí no hay nada', de la hotelera.
Es evidente, o al menos así me lo parece a mí, que los hosteleros y comerciantes alcarreños sostienen una brutal pelea para conservar, cada uno en su feudo, la presencia de turistas y visitantes, para que se dejen la pela allí, y no en otro sitio.
Lo asombroso de este panteón de arquitectura espectacular, que incluye una estancia circular de acceso, desde la que se contemplan las hermosas bóvedas que rematan sus techos, y un grupo escultórico bellísimo donde está la cripta en la que está enterrada (a ras de tierra, no bajo tierra) la condesa, uno de ellos tres figuras esculpìdas en un solo bloque de mármol blanco de Carrara, parecido al que uso Miguel Angel para su David, el resto son estatuas individuales, ángeles que acompañan los restos de la condesa, no es eso, lo asombroso es la finalidad que llevó a la condesa, rica heredera de toda la fortuna familiar, y sin herederos a su vez, a meter toda su fortuna en esta obra.
Porque cuando entras en ese lugar, da la sensación de ostentación de riqueza, pero cuando te cuentan que el verdadero motivo que impulsó a esa mujer a realizar tamaña obra fué dar trabajo a los numerosos alcarreños que se morían de hambre por una crisis económico financiera como las de ahora, y que concedió descansos dominicales retribuidos durante más de una década a quienes intervenian en los trabajos de la obra, además de buscar a uno de los arquitectos más afamados de Europa para el diseño y la realización del proyecto, lamentas, del todo, que alguien como la condesa no haya dirigido España, Europa, en nuestra última crisis, porque la condesa, probablemente por motivos humanitarios, éticos, religiosos, aplicó una política anticrisis en la Guadalajara de su época, como si fuera el mismísimo Keynes, y activó la demanda interna de su comarca, en lugar de dedicarse a hacer recortes en el salario de su servidumbre.
Viva la Condesa de la Vega del Pozo, yo, ahora, la votaría, en vez de a los zánganos que nos han tocado en suerte en este siglo.
En Guadalajara, como en Pastrana, hay castillos, palacios, iglesias, para aburrir, pero nosotros visitamos el Palacio de la Cotilla, para admirar allí (además es una escuela de Música, Danza y Artes Plásticas) unos murales de papel de arroz, atribuidos a artistas chinos, que, otra vez, son casi únicos en Europa, aunque para obra de arte, la gastronomía de Guadalajara, su calle llena de restaurantes, entramos en uno de ellos al azar, y no pudo resultar mejor.
El primero, no lo recuerdo exactamente, estupendo, pero a estas alturas, ya no sé si fué la sopa de fideos, el revuelto de setas, o no sé, pero el rabo de toro que le siguió, fué algo que no soy capaz de describir. He cocinado yo mismo rabo de toro muchas veces, pero nada comparado con el que me dieron en Guadalajara.
El postre, cuajada con miel, además de café y chupitos, todo por 10E por barba, además de la gratuita amabilidad del hostelero y lo más extraordinario, me llevé una servilleta de papel --no de cualquier papel- la guardé en el bolsillo, y llevo tres días limpiándome los mocos con ella, sin dejar huella. !Que papel!, se come los mocos, y no se nota nada en su textura."
Al regresar a Pastrana, por la tarde, entramos en un mercadillo instalado en un bajo del palacio, a beneficio de un niño del pueblo con una rara enfermedad que le obliga a tratarse dos veces al año en USA, y cargamos con todas ls mermeladas, mieles y otros dulces que pudimos, para hacerselos llegar a nuestros nietos a nuestro regreso a Valencia.
Pero aún falta para eso, nos queda visitar Brihuega, pero esa es otra historia.
En fin. La Alcarria (Guadalajara)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 9 12 17.
LA ALCARRIA (PASTRANA)
"Iniciamos nuestro viaje placentero a la Alcarria, desde Heliópolis, el martes cinco, sobre las 10h, tomamos la dirección de la A3 hasta Tarancón, para luego llegar a Pastrana, donde habíamos reservado dos habitaciones en un hotel de encanto, situado en la plaza de los cuatro caños, porque justo al lado hay una fuente con cuatro caños, bueno con cinco, el quinto caño es para que abreven las bestias, pero yo he estado echando un trago de agua fresca y cristalina de ese caño, cada una de las noches que hemos pasado allí.
Y cuando salia a fumar al balcón, a las once de la noche, mis oídos se gratificaban con el sonido del agua, hasta depositar la colilla en el cenicero portátil que siempre llevo conmigo.
Nos detuvimos solo una vez, a mitad de camino, en un área de servicio de Motilla, para tomar un café, y algo después de la una del mediodía, estacionamos el Chevrolet en la Plaza de la Hora. Parecía una plaza que mereciera el nombre de Plaza Mayor, pero enseguida, al leer los carteles que lucían en el muro del Palacio Ducal, ver la efigie de la Princesa de Ébole en el mismo muro, al salir de Información y Turismo que está en la misma plaza, entendimos que el balcón enrejado por el que se asomaba la princesa cautiva de Felipe II, confinada en las habitaciones de su propio palacio, ese balcón enrejado, digo, era por el que se le permitía asomarse a la vida exterior de su encierro, una sola hora al día, de ahí, el nombre de la plaza.
Fué llegar, oiga, y ya empezamos a aprender cosas, a toda velocidad, de la historia medieval de la villa de Pastrana, de la que la princesa fué, a la vez, duquesa. Así, la duquesa de Pastrana, Princesa de Éboli (el principe la dejó viuda a los cincuenta, más o menos) Ana de Mendoza, con varios títulos nobiliarios más, cuya imágen luce un parche en el ojo, sin que nadie se atreva a asegurar el origen de su ojo tuerto, según cuentan los mas parlanchines del pueblo, cuando enviudó de su príncipe, se hizo amiga, no se cuánto de amiga, de Felipe II, y a la vez, muy amiga, no se cuánto de amiga, de Antonio Pérez, secretario del Rey.
Nadie nos ha sabido confirmar si fué por un asunto de celos, o por alguna de las varias conspiraciones monárquicas que se fraguaban por entonces, Felipe II mandó al destierro a la Duquesa, primero a Pinto, luego a otro lugar y al final, hizo caso a la duquesa que echaba de menos su lugar natal, y la dejó quedar en Pastrana, en el Palacio Ducal, al principio, sus condiciones de vida allí fueron las de una rica noble que vive en su palacio, pero algo debió hacer --nos cuentan-- el tal Antonio Pérez, que molestó tanto al Rey que mandó confinar a la princesa en una sola habitación de palacio,y cubrió el balcón donde la dejaba asomarse una hora al día, con una celosía.
Que una mujer que fué así tratada, refleje en sus retratos, en sus imágenes, en su cara de tuerta, el señorío, la altivez, la personalidad de rebeldía persistente que se adivina en ella, es para quitarse el sombrero, oiga.
Pastrana es, toda ella, patrimonio de la humanidad, creo, y si no lo es, merece serlo. Se accede a la villa atravesando un arco medieval, que abre la ruta a la villa, y cuando llegas al final, otro arco la cierra, en medio está la calle mayor, en uno de cuyos restaurantes nos dieron el primer día un cocido fabuloso.
Hay iglesias, conventos y castillos para aburrir, pero fuimos a ver el Museo Parroquial de Tapices, en la antigua colegiata, que muestra una colección de tapices con escenas guerreras extraordinarios. No menos extraordinario es el entorno donde se exhiben, adecuado con una aruitectura moderna de madera y cristal, que permite, desde su elevación, una mirada completa de la obra, y con la protección de cristal que se ha instalado en forma de baranda, impide que los visitantes puedan estropear, sin querer, los valiosos tzpices.
Normalmente, dos guias profesionales atienden esta visita, pero a la hora que fuimos, nos acompañó el cura, que resultó ser no solo un erudito en materia de tapices, sino un cachondo de tomo y lomo, que acabó enseñándonos, en la planta superior de la colegiata, un mueble de madera que era el que estaba antes en la sala de tapices, abrió unos cajones, y nos mostró las casullas, el vestido curial que se pone en los actos solemnes, el azul celeste, dijo, era el mejor.
Nos despidió después de una hora larga de visita, recomendando que volvamos a la Villa en Julio, cuando todo el mundo se viste con ropas medievales confeccionadas allí mismo con todo cariño y rigor histórico."
Podría seguir, durante horas, dando al teclado para contar las maravillas que hemos disfrutado aquí, en Pastrana, pero prefiero, cuando venga mi asesor informático, publicar en esta página algunas fotos. Es verdad, una imágen vale más que mil palabaras, y creo que ya llevo más de mil.
En fin. La Alcarria (Pastrana)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 9 12 17.
Y cuando salia a fumar al balcón, a las once de la noche, mis oídos se gratificaban con el sonido del agua, hasta depositar la colilla en el cenicero portátil que siempre llevo conmigo.
Nos detuvimos solo una vez, a mitad de camino, en un área de servicio de Motilla, para tomar un café, y algo después de la una del mediodía, estacionamos el Chevrolet en la Plaza de la Hora. Parecía una plaza que mereciera el nombre de Plaza Mayor, pero enseguida, al leer los carteles que lucían en el muro del Palacio Ducal, ver la efigie de la Princesa de Ébole en el mismo muro, al salir de Información y Turismo que está en la misma plaza, entendimos que el balcón enrejado por el que se asomaba la princesa cautiva de Felipe II, confinada en las habitaciones de su propio palacio, ese balcón enrejado, digo, era por el que se le permitía asomarse a la vida exterior de su encierro, una sola hora al día, de ahí, el nombre de la plaza.
Fué llegar, oiga, y ya empezamos a aprender cosas, a toda velocidad, de la historia medieval de la villa de Pastrana, de la que la princesa fué, a la vez, duquesa. Así, la duquesa de Pastrana, Princesa de Éboli (el principe la dejó viuda a los cincuenta, más o menos) Ana de Mendoza, con varios títulos nobiliarios más, cuya imágen luce un parche en el ojo, sin que nadie se atreva a asegurar el origen de su ojo tuerto, según cuentan los mas parlanchines del pueblo, cuando enviudó de su príncipe, se hizo amiga, no se cuánto de amiga, de Felipe II, y a la vez, muy amiga, no se cuánto de amiga, de Antonio Pérez, secretario del Rey.
Nadie nos ha sabido confirmar si fué por un asunto de celos, o por alguna de las varias conspiraciones monárquicas que se fraguaban por entonces, Felipe II mandó al destierro a la Duquesa, primero a Pinto, luego a otro lugar y al final, hizo caso a la duquesa que echaba de menos su lugar natal, y la dejó quedar en Pastrana, en el Palacio Ducal, al principio, sus condiciones de vida allí fueron las de una rica noble que vive en su palacio, pero algo debió hacer --nos cuentan-- el tal Antonio Pérez, que molestó tanto al Rey que mandó confinar a la princesa en una sola habitación de palacio,y cubrió el balcón donde la dejaba asomarse una hora al día, con una celosía.
Que una mujer que fué así tratada, refleje en sus retratos, en sus imágenes, en su cara de tuerta, el señorío, la altivez, la personalidad de rebeldía persistente que se adivina en ella, es para quitarse el sombrero, oiga.
Pastrana es, toda ella, patrimonio de la humanidad, creo, y si no lo es, merece serlo. Se accede a la villa atravesando un arco medieval, que abre la ruta a la villa, y cuando llegas al final, otro arco la cierra, en medio está la calle mayor, en uno de cuyos restaurantes nos dieron el primer día un cocido fabuloso.
Hay iglesias, conventos y castillos para aburrir, pero fuimos a ver el Museo Parroquial de Tapices, en la antigua colegiata, que muestra una colección de tapices con escenas guerreras extraordinarios. No menos extraordinario es el entorno donde se exhiben, adecuado con una aruitectura moderna de madera y cristal, que permite, desde su elevación, una mirada completa de la obra, y con la protección de cristal que se ha instalado en forma de baranda, impide que los visitantes puedan estropear, sin querer, los valiosos tzpices.
Normalmente, dos guias profesionales atienden esta visita, pero a la hora que fuimos, nos acompañó el cura, que resultó ser no solo un erudito en materia de tapices, sino un cachondo de tomo y lomo, que acabó enseñándonos, en la planta superior de la colegiata, un mueble de madera que era el que estaba antes en la sala de tapices, abrió unos cajones, y nos mostró las casullas, el vestido curial que se pone en los actos solemnes, el azul celeste, dijo, era el mejor.
Nos despidió después de una hora larga de visita, recomendando que volvamos a la Villa en Julio, cuando todo el mundo se viste con ropas medievales confeccionadas allí mismo con todo cariño y rigor histórico."
Podría seguir, durante horas, dando al teclado para contar las maravillas que hemos disfrutado aquí, en Pastrana, pero prefiero, cuando venga mi asesor informático, publicar en esta página algunas fotos. Es verdad, una imágen vale más que mil palabaras, y creo que ya llevo más de mil.
En fin. La Alcarria (Pastrana)
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 9 12 17.
viernes, 8 de diciembre de 2017
CRÓNICA DE LA ALCARRIA
INTRODUCCIÓN
"Esta Crónica no recoge un viaje por toda la Alcarria, porque tres días no dan para tanto. En lo geográfico solo recoge tres lugares alcarreños, Pastrana, donde nos alojamos en un hotel con encanto, Hotel Palaterna, que ha resultado ser una maravilla, como el hotelero, y los desayunos que nos servía su señora. Guadalajara, ciudad a la que dedicamos un día de nuestra estancia, Brihuega, a la que dedicamos otro día, y algunos otros lugares que visitamos de paso.
En lo literario, hemos viajado acompañados de dos libros. Viaje a la Alcarria, de Cela, que ha resultado ser una auténtica castaña. Lo saqué de la bilbioteca a petición de Lola, nuestra compeñera de viaje, y conductora del Chevrolet americano color naranja que, afortunadamente, no ha patinado en el hielo de la carretera, porque solo había en las cunetas, acompañada de su marido Antoni, que ha ganado, junto a mi mujer, las partidas nocturnas de Rummy que hemos disputado.
Bien, le dije a Lola, empieza a leer a partir de la página 41 si quieres enterarte de algo. Lola me ha dicho que la información de la Alcarria que contiene el libro, no le ha sido de ninguna utilidad, aunque cuando visitsmos, en su estado actual, el palacio de los duques de Pastrana y Príncipes de Éboli, la guía que conducía la visita nos citó de memoria un pasaje del libro de Cela que, cuando visitó ese lugar, antes de su restauración, se encontró un montón de indigentes y alguna mula habitando su mejor salón.
El otro libro, 'El Dios de las pequeñas cosas', de A. Roy, de Anagrama, no tiene nada que ver con la Alcarria, pero me ha prestado un servicio muy valioso cuando, rendido por el pateo del día, lo abría por las páginas 90 y siguientes, y me relajaba extraordinariamente lo que cuenta la autora de los Intocables de la India, y también, de los Tocables, una división clasista no tan distinta de la que hemos podido observar en los distintos cementerios que hemos visitado por aquí, a juzgar por el lujo asiático de las sepulturas de los muy ricos alcarreños, que los hay, y los alojamientos sepulcrales de los muchos muertos por la peste, o simplemente de hambre.
Cada noche, antes de entregarme a la lectura para coger el sueño en la Habitación 203 del hotel, pasábamos a la 205, de Lola y Antoni, enchufábamos la sandwichera en el enchufe de la nevera, y nos hacíamos unos sandwichs con jamón y queso, comprados en el comercio de alimentación de Pastrana, atendidos por una joven muy simpática, y los bendecíamos con una botella de Ribera del Duero, 5,90E, antes de darnos al vicio del juego del Rummy.
En cuanto a lo monumental, describir todas las maravillas monumentales, arquitectónicas, que hemos visitado estos días, requiere un capítulo aparte, por lo que no me voy a extender ahora, lo dejo para otra página.
Pero lo que más me interesa destacar en esta crónica, son las grandes mujeres vinculadas, de un modo u otro, a la Alcarria Medieval, o a la Guadalajara posterior. Ana de Mendoza, Duquesa de Pastrana, Princesa de Eboli, que yo me empeñé en llamar, cuando conversaba con las guías, 'la tuerta', Santa Teresa de Jesús, que también dejó huella conventual por aquí, Santa María Micaela, y otras duquesas, de las que no tenía noticia, pero antes de referirme a ellas, intentaré documentarme, por no hablar de las dos mujeres mas importantes de esta historia, Lola, que conducía el coche, y Encarna, que está dotada de la rara virtud de aguantarme a mí, desde hace más de medio siglo, que se dice pronto."
Antes de comenzar esta introducción, he estado tres horas intentando que el módem volviera a funcionar, porque al salir de viaje, quitamos la luz de casa, y esta tarde, por mucho que he desenchufado y vuelto a enchufar el módem, no funcionaba, hasta que he llamado a mi asesor informático y me ha dicho: --Tío, no te precipites, no seas tan impaciente, cuando desenchufes el módem, antes de volver a enchufarlo, espera unos segundos. ¡Ha funcionado!.
Esa es la razón por la que publico esta entrada a una hora desacostumbrada.
(Continuará... ¿cuando? vaya usted a saber).
En fin. Crónica de la Alcarria.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 8 12 17.
"Esta Crónica no recoge un viaje por toda la Alcarria, porque tres días no dan para tanto. En lo geográfico solo recoge tres lugares alcarreños, Pastrana, donde nos alojamos en un hotel con encanto, Hotel Palaterna, que ha resultado ser una maravilla, como el hotelero, y los desayunos que nos servía su señora. Guadalajara, ciudad a la que dedicamos un día de nuestra estancia, Brihuega, a la que dedicamos otro día, y algunos otros lugares que visitamos de paso.
En lo literario, hemos viajado acompañados de dos libros. Viaje a la Alcarria, de Cela, que ha resultado ser una auténtica castaña. Lo saqué de la bilbioteca a petición de Lola, nuestra compeñera de viaje, y conductora del Chevrolet americano color naranja que, afortunadamente, no ha patinado en el hielo de la carretera, porque solo había en las cunetas, acompañada de su marido Antoni, que ha ganado, junto a mi mujer, las partidas nocturnas de Rummy que hemos disputado.
Bien, le dije a Lola, empieza a leer a partir de la página 41 si quieres enterarte de algo. Lola me ha dicho que la información de la Alcarria que contiene el libro, no le ha sido de ninguna utilidad, aunque cuando visitsmos, en su estado actual, el palacio de los duques de Pastrana y Príncipes de Éboli, la guía que conducía la visita nos citó de memoria un pasaje del libro de Cela que, cuando visitó ese lugar, antes de su restauración, se encontró un montón de indigentes y alguna mula habitando su mejor salón.
El otro libro, 'El Dios de las pequeñas cosas', de A. Roy, de Anagrama, no tiene nada que ver con la Alcarria, pero me ha prestado un servicio muy valioso cuando, rendido por el pateo del día, lo abría por las páginas 90 y siguientes, y me relajaba extraordinariamente lo que cuenta la autora de los Intocables de la India, y también, de los Tocables, una división clasista no tan distinta de la que hemos podido observar en los distintos cementerios que hemos visitado por aquí, a juzgar por el lujo asiático de las sepulturas de los muy ricos alcarreños, que los hay, y los alojamientos sepulcrales de los muchos muertos por la peste, o simplemente de hambre.
Cada noche, antes de entregarme a la lectura para coger el sueño en la Habitación 203 del hotel, pasábamos a la 205, de Lola y Antoni, enchufábamos la sandwichera en el enchufe de la nevera, y nos hacíamos unos sandwichs con jamón y queso, comprados en el comercio de alimentación de Pastrana, atendidos por una joven muy simpática, y los bendecíamos con una botella de Ribera del Duero, 5,90E, antes de darnos al vicio del juego del Rummy.
En cuanto a lo monumental, describir todas las maravillas monumentales, arquitectónicas, que hemos visitado estos días, requiere un capítulo aparte, por lo que no me voy a extender ahora, lo dejo para otra página.
Pero lo que más me interesa destacar en esta crónica, son las grandes mujeres vinculadas, de un modo u otro, a la Alcarria Medieval, o a la Guadalajara posterior. Ana de Mendoza, Duquesa de Pastrana, Princesa de Eboli, que yo me empeñé en llamar, cuando conversaba con las guías, 'la tuerta', Santa Teresa de Jesús, que también dejó huella conventual por aquí, Santa María Micaela, y otras duquesas, de las que no tenía noticia, pero antes de referirme a ellas, intentaré documentarme, por no hablar de las dos mujeres mas importantes de esta historia, Lola, que conducía el coche, y Encarna, que está dotada de la rara virtud de aguantarme a mí, desde hace más de medio siglo, que se dice pronto."
Antes de comenzar esta introducción, he estado tres horas intentando que el módem volviera a funcionar, porque al salir de viaje, quitamos la luz de casa, y esta tarde, por mucho que he desenchufado y vuelto a enchufar el módem, no funcionaba, hasta que he llamado a mi asesor informático y me ha dicho: --Tío, no te precipites, no seas tan impaciente, cuando desenchufes el módem, antes de volver a enchufarlo, espera unos segundos. ¡Ha funcionado!.
Esa es la razón por la que publico esta entrada a una hora desacostumbrada.
(Continuará... ¿cuando? vaya usted a saber).
En fin. Crónica de la Alcarria.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 8 12 17.
lunes, 4 de diciembre de 2017
AVISOS Y ESPANTADAS
Nos vamos de viaje, Encarna y yo, mañana a las 10h, con Lola y Antoni, en su Chevrolet americano de color
naranja. No me gustan los portátiles, ni escribir mientras viajo, así que no añadiré nuevas tonterías a este blog, algo
atípico, porqué no decirlo, hasta nuestro regreso, el 8 o el 9 de diciembre.
Doy este aviso de abierto por vacaciones, con la rcomendación de que visitan las entradas de 2007, son las mejores, si así les apetece.
Hoy he sacado de la biblioteca el libro de Cela, Premio Nobel 1989, Viaje a la Alcarria, con la intención de que este sea además de una escapada turística, un viaje literario, siguiendo los pasos de Cela por la Alcarria, pero, leídas las primeras cuarenta páginas, me he llevado una gran desilusión, pues no usó en ese libro un estilo descriptivo, sino de autobombo.
No obstante, como Lola había insistido en que le gustaría llevarlo para el viaje, mañana se lo daré. Quien sabe, a lo mejor a partir de la página 41 la cosa cambia, porque Cela, además de tener un ego más grande que su soberana tripa, fué, también, un buen escritor, aunque dudo que mereciera el Nobel que le dieron.
Hasta pronto, si no patinamos en el hielo y nos damos una hostia con el coche.
Avisos y Espantadas.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 4 12 17.
Doy este aviso de abierto por vacaciones, con la rcomendación de que visitan las entradas de 2007, son las mejores, si así les apetece.
Hoy he sacado de la biblioteca el libro de Cela, Premio Nobel 1989, Viaje a la Alcarria, con la intención de que este sea además de una escapada turística, un viaje literario, siguiendo los pasos de Cela por la Alcarria, pero, leídas las primeras cuarenta páginas, me he llevado una gran desilusión, pues no usó en ese libro un estilo descriptivo, sino de autobombo.
No obstante, como Lola había insistido en que le gustaría llevarlo para el viaje, mañana se lo daré. Quien sabe, a lo mejor a partir de la página 41 la cosa cambia, porque Cela, además de tener un ego más grande que su soberana tripa, fué, también, un buen escritor, aunque dudo que mereciera el Nobel que le dieron.
Hasta pronto, si no patinamos en el hielo y nos damos una hostia con el coche.
Avisos y Espantadas.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 4 12 17.
VINO FRANCÉS
."Desde hace casi treinta años guardo en el botellero una botella de vino francés que compré en un área de servicio de la nacional 1, al regreso de un viaje a París. La etiqueta indica: Coteaux du Languedoc, 13,5%, Cuvée 1988 pero añade el nombre del bodeguero: Henry Arnal, y esa es la razón por lo que la conservaba como un objeto de colección, porque yo me llamo, no sé si lo saben, Enrique Arnal.
Lo cierto es que esa botella ha estado ahí casi tres décadas y no ha pasado nada, hasta que el otro día, buscando una botella de reserva manchego, nos dimos cuenta que el Languedoc goteaba. Tomé la botella con la mano y comprobé que el corcho, seguramente degradado por el paso del tiempo, se había introducido en el interior, en el vino.
Probé el vino, ví que ya no estaba en condiciones y lo tiré al wc, pero he conservado la botella. Rellené la botella con agua, la enjuagué varias veces, intenté extraer el tapón de su interior, sin conseguirlo.
Eso fué hace tres días, desde entonces he consultado a camareros y técnicos de laboratorio cómo extraer el tapón que todavía está en el interior de la botella, sin éxito. Mi mujer me ha sugerido que introduzca un doble hilo en la botella, después de llenarla de agua, que intente pescar el tapón y que lo extraiga ayudado por esos hilos.
Lo dejo para después del viaje a la Alcarria. Sucede, además, que el próximo día doce he de participar en una comida con mis amigos anarco sibaritas, muy entendidos en vinos de cualquier origen, y había pensado poner a prueba su habilidad de catadores, rellenando la botella de vino francés con reserva manchego, y a ver cómo identifican lo que pondré en le botella, pero, para eso, primero he de sacar el tapón del interior de la botella, y no está nada claro que lo vaya a conseguir.
Agradeceré a cualquier usuario del blog que sepa de estas cosas que me diga, vía comentarios, como coño sacar el jodido tapón de la botella, pero ha de ser antes de que venga Jordi a recogerme en su coche --yo he vendido el mío-- el día 12 para acudir a la comida."
Gracias de antemano, a quienes deséen colaborar en la solución de este problema.
En fin. Vino Francés.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 4 11 17.
Lo cierto es que esa botella ha estado ahí casi tres décadas y no ha pasado nada, hasta que el otro día, buscando una botella de reserva manchego, nos dimos cuenta que el Languedoc goteaba. Tomé la botella con la mano y comprobé que el corcho, seguramente degradado por el paso del tiempo, se había introducido en el interior, en el vino.
Probé el vino, ví que ya no estaba en condiciones y lo tiré al wc, pero he conservado la botella. Rellené la botella con agua, la enjuagué varias veces, intenté extraer el tapón de su interior, sin conseguirlo.
Eso fué hace tres días, desde entonces he consultado a camareros y técnicos de laboratorio cómo extraer el tapón que todavía está en el interior de la botella, sin éxito. Mi mujer me ha sugerido que introduzca un doble hilo en la botella, después de llenarla de agua, que intente pescar el tapón y que lo extraiga ayudado por esos hilos.
Lo dejo para después del viaje a la Alcarria. Sucede, además, que el próximo día doce he de participar en una comida con mis amigos anarco sibaritas, muy entendidos en vinos de cualquier origen, y había pensado poner a prueba su habilidad de catadores, rellenando la botella de vino francés con reserva manchego, y a ver cómo identifican lo que pondré en le botella, pero, para eso, primero he de sacar el tapón del interior de la botella, y no está nada claro que lo vaya a conseguir.
Agradeceré a cualquier usuario del blog que sepa de estas cosas que me diga, vía comentarios, como coño sacar el jodido tapón de la botella, pero ha de ser antes de que venga Jordi a recogerme en su coche --yo he vendido el mío-- el día 12 para acudir a la comida."
Gracias de antemano, a quienes deséen colaborar en la solución de este problema.
En fin. Vino Francés.
LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 4 11 17.
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