domingo, 10 de febrero de 2008

DE CHIRICO

Son las cuatro de la tarde y los extraños sonidos que escucho en la casa solo habitada por mí, me producen la rara inquietud de quien habita una casa deshabitada. Me asomo a la ventana, iluminada por el sol del domingo y hasta mis oídos llega el rumor del agua de la fuente ornamental que ocupa la rotonda de la cercana plaza. A lo lejos, las grúas se recortan en el horizonte salino del puerto.

Esta mañana he visitado el IVAM. Tres exposiciones de artistas cuya singularidad los sitúa en mundos personales distintos, contrapuestos, lejanos. Los cuadros de De Chirico, con su ausencia de vida humana representada, esas ciudades silenciosas de época fascista tan deshabitadas como me siento yo ahora mismo, producen una sensación incómoda, hostil, en el espectador.

Solo me sentí tan mal, aunque por motivos distintos, cuando contemplé, hace tiempo, los cuadros de Bacon, porque aunque estaban repletos de vida, en oposición al vacío de De Chirico, era una vida tan doliente y trágica, expresada en las vísceras y carnes abiertas de los cuerpos desgarrados, que te dolía mirarlos.

De Chirico expresa una hostilidad fría y oscura, de panteón, donde casi las únicas figuras que aparecen están muertas, esculpidas y puestas en medio de los inquietantes espacios arquitectónicos que las rodean.

Nada que ver con la alegría colorista de Kandinsky, evocada en los cuadros de Eduardo Arroyo, una cosa entre el cartel y el cómic que recuerda algunas obras del Equipo Crónica de los años sesenta. La exposición de Arroyo, además de un buen número de pinturas de los últimos diez años, incluye unas cuantas esculturas, algunas interesantes. Como el unicornio en bronce bruto, cuya textura le da una fuerza a la figura que recuerda al toro de Ripollés expuesto en el campus de la Politécnica. Junto a esas texturas sin acabar, Arroyo presenta una cabeza en bronce de pequeño formato, cuyo tratamiento final de la superficie está logrado con una perfección sin mácula.

Vuelvo a escuchar los sonidos extraños en la casa vacía. Me asomo de nuevo a la ventana y los carteles de las vallas publicitarias me recuerdan los cuadros coloristas de Arroyo. Creo que los ruidos vienen de la cocina. Me asomo desde el pasillo. No hay nadie. El ojo de buey de la lavadora deja ver la ropa girando en su interior. Ahora reconozco los ruidos. Un botón metálico de alguna prenda choca con la chapa de la lavadora en cada giro. Estoy solo. No hay nadie más. Ahora estoy seguro.

Jaume Plensa me ha impresionado por su sentido de la vida y del arte. Lo humano está absolutamente presente en su trabajo. La gran cabeza de mujer cuyo enorme y a la vez ligero volumen basta para llenar una sala entera, está precedida por unos telones metálicos llenos de letras verticales suspendidas que producen un sonido musical al pasar entre ellas, pero que además del efecto lúdico que provocan en los niños, y no tan niños, que los cruzan, son como libros escritos en diferentes idiomas, a cuya lectura te puedes dedicar una vez te percatas de su contenido.

Hacía tiempo que no encontraba en el IVAM tres exposiciones simultáneas tan interesantes como estas. Plensa es el autor de una lámina de agua en Chicago, en cuyos extremos ha colocado unas torres de vidrio y las imágenes informatizadas de los vecinos, de cuyos labios brota un chorro de agua, como en las antiguas gárgolas de los edificios renacentistas. Toda una síntesis que acerca el protagonismo popular al arte, de un lado, y que conecta la arquitectura del renacimiento con el arte del siglo XXI, pero a diferencia de De Chirico, no con la frialdad del panteón, sino con el calor de la vida.

Les recomiendo que vayan a verlas.

De nada.

Lohengrin. 10-02-08.

viernes, 8 de febrero de 2008

PESCADO AL MICROONDAS

Siempre he pensado que ciertos productos del mar saben mejor crudos que sometidos a procesos de cocción que alteran, sin mejorarlos, sus sabores y texturas. En especial, los erizos de mar, las ostras, los percebes, los dátiles de mar, ciertas almejas, y, según Quique D´Acosta, los mejillones, aportan un plus de sabor si se consumen en su estado natural.

La sensación que produce una yema de erizo cruda en el paladar, como bien saben los centenares de alicantinos que llenan cubos enteros con sus cáscaras en las rotas de Denia cuando es temporada, es la de que estás degustando una porción de mar en estado puro.

El marinado de pescados es otro procedimiento interesante que no solo respeta las características de lo crudo, sino que las mejora. Las cualidades de un buen aceite, o de una vinagreta, añaden su efecto conservante sin alterar las texturas. Hoy es frecuente encontrar en los restaurantes una gran variedad de pescados, no solo el salmón, tratados de ese modo somero. La trucha, la palometa, el bacalao, el arenque, entre otros, han venido a extender esa oferta.

Las exigencias sanitarias limitan esa tendencia a consumir alimentos crudos o ligeramente tratados con aceites y salsas, por lo que no está de más buscar otras alternativas.

Ayer compré en el mercado dos lomos de perca, sangrantes. La vendedora me recomendó el modo de cocinarlos y le hice caso.

Hace años nos regalaron un horno de microondas. Con el microondas nos pasa como con el mando a distancia de la tele, que no lo entendemos. Ya el móvil nos ha costado un curso monográfico para entenderlo, el microondas ni te cuento. Así que solo lo usábamos para calentar el desayuno.

Corté los lomos en filetes, puse encima un poco de tomate rallado, de ese que venden troceado, crudo, en botes, un ajo no muy grande cortado en finas láminas, media cucharada de aceite de oliva virgen y un poco de perejil, lo puse en un plato cubierto con una tapa de plástico y le di tres minutos de horno.

Me sorprendió lo bueno que estaba, cómo el microondas lo había cocido por dentro sin alterar la textura exterior, lo que es bastante difícil con otros procedimientos, la fritura o la cocción con agua, y cómo el ligero aliño había potenciado su sabor, sin alterarlo del todo.

Se que no descubro nada, que, probablemente, el uso del microondas para cocer patatas, verduras, pescados, incluso huevos –hay moldes especiales para eso-- está extendido universalmente, pero me ha parecido que le debía un homenaje a la pescadora, porque su combinación de tomate rallado, ajo, aceite y perejil reúne tres cualidades, la sencillez, el sabor, y el cuidado con la textura de lo cocinado.

De nada. Que aproveche.

Lohengrin. 8-02-08.

STYLNOX

Al parecer, hay un medicamento, Stylnox, un hipnótico muy potente, usado por sus efectos somníferos, que hace furor entre los deportistas de elite. Tomado en dosis superiores a las recomendadas para su uso como ayuda para dormir, sus efectos en el sujeto cambian de signo, y aquellos que se encuentran sometidos a situaciones de alta tensión competitiva afrontan con su ayuda las expectativas de un partido importante y saltan al terreno de juego liberados del pánico escénico que a veces entorpece su rendimiento deportivo.

El efecto euforizante de su principio activo, tomado en dosis determinadas, ayuda al deportista a enfrentarse a la alta exigencia de su profesión con éxito, pero luego deja su memoria arrasada, de modo que si algún periodista deportivo le pregunta por los detalles de su gesta en el partido de la tarde, seguramente no recordará absolutamente nada.

Cuento esto, porque anoche presencié la entrevista de Gabilondo en la 4, al candidato que la conferencia episcopal recomienda votar en las próximas elecciones, y quedé asombrado de la lucidez, la coherencia, la presencia tranquila, la habilidad dialéctica y la solidez argumental a las que llegó este personaje que, en otras apariciones públicas, nunca había alcanzado.

¿Le habrán dado algo?, me pregunté, al finalizar el show. Enseguida me acordé del Stylnox. Es evidente que llevaba aprendida la lección y que seguramente había ensayado previamente su comparecencia ante las cámaras, pero ese trabajo actoral no explica, por si solo, tamaña transformación.

Algunos actores eminentes han declarado que para alcanzar las cumbres interpretativas que les han dado la fama y el reconocimiento del público, han debido incorporar la piel del personaje a la propia, con tanta intensidad, que les ha costado luego largo tiempo desprenderse de ella.

Anoche, el señor Rajoy parecía la encarnación de un personaje ajeno. Tal era la naturalidad de su presencia, que solo podía ser fingida. Esa presencia fue tan fuerte, segura y convincente que daba a entender que su auténtica piel de persona quedaba completamente oculta bajo la superficie de un personaje público completamente nuevo.

Intuyo que, un cambio así, solo puede deberse al efecto combinado de dos elementos, el esfuerzo actoral, digno de aplauso, y la ayuda química.

El problema del Stylnox, de uno de sus efectos secundarios, la pérdida de la memoria, no es grave en un deportista. En un político ya es otra cosa. Imaginen que, a la hora de aplicar su programa, el candidato no se acuerda de nada.

Es urgente que los responsables de campaña del candidato recomendado por la conferencia episcopal nos aclaren que ayuda química le han proporcionado para afrontar las entrevistas y debates celebrados o por celebrar. Queremos saber si le han dado Stylnox o algo más suave, por ejemplo, Tranquimazin.

Por cierto, Pepiño, no estaría de mas que nos dieras la misma información respecto del candidato socialdemócrata.

Para saber a que atenernos.

Lohengrin. 8-02-08.

jueves, 7 de febrero de 2008

ALBAÑILES Y CAMAREROS

El oficio de camarero no me merece menor consideración que el de ingeniero de mecánica de fluidos. En particular, el que me atiende a diario en el Bar Maravillas, es de una profesionalidad exquisita. No solo se adelanta a la comanda, porque conoce los gustos de cada cliente, sino que mantiene la barra en estado de revista y limpia los ceniceros en cuanto hay un par de colillas, incluso ejerce de showman para distraer al personal, y lo hace por su gusto, no porque nadie se lo exija.

En cuanto a los albañiles, debo un agradecimiento muy especial a quienes forman ese gremio porque, gracias a algunos de quienes lo componen, la casa rústica que compré hace catorce años en la sierra de Utiel no se convirtió en una ruina total. Su intervención, rápida, oportuna y eficaz, la salvó de un derrumbe parcial que amenazaba su centenaria estructura sustentada en vigas de madera.

Dicho esto, conviene matizar que una cosa es la consideración que nos merecen las personas que se dedican a una determinada actividad, y otra la valoración crítica del peso y la influencia de esas actividades en la economía de Heliópolis, que es de lo que voy a tratar.

Las cifras de desempleo del mes de Enero , por su composición en relación con los diversos sectores económicos que las generan, son un indicador, entre otros posibles, del peso actual de la construcción y la hostelería en el conjunto de la economía de la comunidad.

Las sinergias entre hostelería y construcción son aquí evidentes, como se puede constatar con un par de observaciones. El número de hoteles nuevos construidos en Heliópolis en el último decenio y los nuevos servicios de hostelería ligados a las construcciones suburbanas, urbanizaciones, campos de golf y otros. En tono más festivo, podríamos aludir a los almuerzos multitudinarios que sirven los establecimientos hosteleros a las cuadrillas de albañiles, en las zonas invadidas por las grúas que cualquiera puede ver si se mueve por los alrededores de nuestros pueblos, prácticamente en cualquier comarca.

La tendencia al monocultivo de nuestra economía, presente cuando la producción agraria autóctona se medía con un alto porcentaje de la actividad económica, tuvo una evolución posterior en la que la diversificación y el equilibrio, propiciados por la industrialización, básicamente en industrias ligeras, flexibles, adaptables al cambio, acompañada del crecimiento del sector servicios, fueron signos que nos dieron una especial fortaleza y resistencia frente a las crisis cíclicas.

Se diría que con el ladrillo, la cama de hotel y la barra de bar, nuestra vieja tendencia al monocultivo, en forma de una población activa mayoritariamente constituida por albañiles y camareros, ha vuelto.

En mi opinión, las cifras de desempleo de Enero, y su composición, son un indicador de que, en su conjunto, nuestro sistema económico está más expuesto a las crisis que antes, a causa de su especialización.

Es racional, a mi me lo parece, que disfrutando de una ventaja comparativa respecto a otras economías –el clima—se aproveche. Pero una cosa es tomar decisiones racionales en base al reconocimiento de esa ventaja, y otra muy distinta poner todos los huevos en la misma cesta, y desatender el desarrollo de otros sectores que es lo que, al parecer, hemos hecho aquí en el último decenio, con el resultado negativo que ahora comienza a caernos encima.

Durante un largo período, la economía de Heliópolis se ha centrado, sobre todo, en la especulación del suelo y la ganancia fácil y es inevitable que en ese clima, jaleado por nuestros políticos, todos hayan querido acudir al banquete, y los sectores agrario e industrial hayan perdido peso, a favor de la nueva economía de servicios.

Cuando la tasa de los beneficios en las actividades especulativas se dispara, quienes acuden a ese Eldorado abandonan las inversiones que generaban productividad y a casi nadie se le ocurre invertir en capital humano.¿Para qué? Son inversiones que se recuperan a largo plazo y a una tasa infinitamente mas baja de la que proporciona el pelotazo rápido y recurrente.

Ya tenemos una economía de servicios. ¿Ahora qué? ¿Donde están los sectores potentes, de futuro, que podrían haber servido de colchón, por medio de la diversificación en la economía, a la crisis que ya está aquí y nos va a pillar en bragas?

Tenemos una dimensión poblacional –cinco millones de habitantes—suficiente y unas buenas estructuras educativas –Universidades politécnicas, Escuelas de formación, Centros de Investigación, que podrían haberse orientado a la creación de un tejido económico avanzado, rico en capital humano preparado, en inteligencia e investigación, en tecnología, pero lo que mas he visto en los periódicos en el último decenio han sido riñas mezquinas por quitar o poner a tal o cual rector, o la creación de nuevos centros universitarios, vinculados a amigos o afines.

Debo reconocer, no obstante, que el objetivo que se perseguía se ha conseguido. Ya somos, por fin, un país de albañiles y de camareros, que me merecen todo el respeto, pero cuya nutrida presencia en las abultadas cifras del desempleo, comienza a ser un síntoma preocupante, a la vez que un indicador de la política que se ha seguido en estos años.

La cuestión es, ¿Cómo afrontar el nuevo escenario de crisis? La Obra Civil puede, como siempre lo ha hecho, suavizar el frenazo en el sector de viviendas, aunque tengo dudas sobre donde están los recursos para pagarla. La estacionalidad en la hostelería hará que suba de nuevo el empleo , aunque esté sujeto a ciclos. Vale, pero, ¿Alguien entre la banda de políticos vociferantes que gobierna Heliópolis tiene algún plan creíble, o la idea de tenerlo, para cambiar la dependencia de nuestra economía del sector servicios, en favor de una estructura sectorial mas diversificada y equilibrada?

Si lo tiene, que lo saque ya, por favor. En caso contrario, habrá que reconocer que la economía de Heliópolis, en la actualidad, y no sabemos por cuanto tiempo mas, ha vuelto al monocultivo de los años cuarenta, cuando la exportación de naranjas, ¿recuerdan?, era la única fuente de divisas del país.

Lohengrin. 7-02-08.

miércoles, 6 de febrero de 2008

LA UTILIDAD DEL VOTO

Este artículo se iba a titular Elogio a García Ferrando, en desagravio a las diatribas que he dirigido desde el blog a este sociólogo que suele publicar sus colaboraciones en el diario “Levante” y que en su artículo de hoy, Partidos atrápalo-todo se muestra ponderado y equidistante hasta la exquisitez.

Supongo que García ha dedicado mas tiempo de lo que es habitual a preparar su escrito, con el resultado de que la lógica interna de sus argumentos, el uso de las fuentes, el punto de vista objetivo y las conclusiones son un modelo de coherencia, que no dejan ningún resquicio, ninguna fisura, por donde enhebrar la aguja de la crítica.

Analiza García la naturaleza de los grandes partidos políticos de las democracias occidentales y su evolución hacia espacios de captación de votos en los que los elementos ideológicos que caracterizaban una visión finalista, a largo plazo, de la política partidaria, han sido superados por el pragmatismo de la visión a corto plazo, incorporando el marketing como instrumento esencial para captar electores en aquellos caladeros de voto moderado, mas alejados de los antiguos extremos marcados por preferencias ideológicas.

Uno de los efectos de ese fenómeno objetivo, contrastado, visible, es la menor diferenciación entre las ofertas electorales de los grandes partidos que se disputan un mismo espacio, el famoso centro, con estrategias coincidentes, que los candidatos tratan de diferenciar por medio de la retórica, y a veces producen el grotesco efecto de subasta cuando, por ejemplo, las medidas fiscales de sus programas son semejantes, y solo pueden diferenciarlas por la cuantía o los procedimientos, porque la filosofía subyacente que las anima no difiere gran cosa en uno u otro caso.

García analiza esa realidad objetiva, sin cuestionarla, y concluye su artículo argumentando la utilidad del voto, sin decantarse a favor de ninguna formación, en la línea de exquisita corrección política que caracteriza su escrito.

Es precisamente ese concepto, la utilidad del voto, el que ha estimulado mi curiosidad intelectual, y me empuja a plantearme una pregunta, impertinente, como siempre, innecesaria, seguramente, pero que a mi me parece oportuna.

¿El voto es útil? ¿Para que? ¿Para quién?

Hay otro aspecto del asunto que no tenía pensado a priori, pero que me ha surgido según iba escribiendo. Cuando alguien dice que no es de derechas, ni de izquierdas, que eso son conceptos superados, tengan por seguro que quien lo dice, vota a la derecha.

De igual modo, el argumento de que todos los partidos políticos son iguales, que todos hemos empleado alguna vez, ignora que todavía hay espacios sociales en los que la política partidaria no se comporta de la misma manera, por mucho que las medidas económicas y la política exterior tengan bastantes semejanzas --o debieran tenerlas-- gobierne quien gobierne.

Por consiguiente, es legítimo opinar que cuando alguien, haciendo gala de una corrección política fuera de toda sospecha, constata la identidad de los grandes partidos y la escasa entidad de su base ideológica, en realidad, de un modo muy sutil, está llevando el agua a su molino, y dirigiéndose a sectores muy concretos del electorado, con intenciones claramente partidistas, aunque no sean explícitas.

Si todos son iguales, ¿para que votar?. El voto puede servir para poco, o para mucho, según el contexto en el que nos encontremos. Demasiado a menudo nos encontramos con sociedades en las que no solo el voto no vale nada, sino que la vida de los votantes, se cotiza igual. Y sin embargo, en las sociedades avanzadas, con una organización social compleja y madura, un respeto institucional a los derechos de las personas y unas economías potentes, donde el voto debiera ser considerado un derecho irrenunciable, valioso, una parte significativa de la población se pregunta cada cuatro años, votar, ¿para que?

Quienes se hacen esa pregunta, en realidad están pensando, --votar ¿Para quién?, porque sienten que la política es algo ajeno, de otros, y que participando en la ceremonia del voto en realidad están contribuyendo a sostener un sistema que no los considera como miembros de pleno derecho.

Porque el voto ciudadano, entre otras cosas, sirve para consolidar un sistema existente, con sus ventajas y sus vicios, y esa función de conservación del sistema, aunque no sea visible de modo explícito, no es la menor de las funciones que se derivan del ejercicio de ese derecho.

Naturalmente, viendo las tragedias humanas que asolan a los países que carecen de una estructura democrática y de protección de derechos, la sola contemplación de esas carencias debería ser un acicate para que corriéramos a las urnas, por no hablar de la memoria personal de quienes hemos vivido los oscuros largos años de dictadura. Sin embargo, está en la naturaleza humana la ambición de crecer, prosperar, mejorar, y los sistemas democráticos maduros no han evolucionado tanto como para no ser perfectibles.

Así, aceptando la sugerencia de García, consideremos la utilidad del voto, pero no solo para su función de conservación del sistema, sino para ir más allá.

Una ley electoral nueva, donde podamos elegir a cada candidato, en lugar de votar listas cerradas. Una cámara territorial, en lugar del senado que tenemos.

Una urgente y necesaria reforma de la Justicia, que acabe con el obsceno espectáculo de algunos de nuestros tribunales e instituciones jurídicas. Un departamento ministerial nuevo, que se ocupe, usando la tecnología interactiva disponible, de implantar presupuestos participativos, y de promover la participación ciudadana directa en la toma de decisiones que nos afecten.

La campaña electoral todavía no ha comenzado, aunque no lo parezca. Ignoro si los programas de los partidos consideran alguna de estas posibilidades de profundizar en las prácticas democráticas de nuestro sistema de democracia representativa.

Si así fuera, cuando deposite mi voto tendré la sensación de que, efectivamente, es útil, aunque parezca intempestivo preocuparse por estas cuestiones, con lo que está cayendo en los precios de los bienes de primera necesidad, y en el desempleo creciente. Pero, de eso, hablaremos otro día.

Lohengrin. 6-02-08.

martes, 5 de febrero de 2008

EL INVIERNO CON LADY CHATTERLEY

“Un silencio azul envuelve la mañana de los amantes. Dueños del tiempo de la vida se entregan su piel desnuda, entre las flores. El invierno declina y la carne caliente reposa satisfecha, en la penumbra.

En la sierra dormida, jadeos y gemidos, deseo y desnudez, desconciertan a los pájaros. La lechuza, confusa, canta a la primavera. El agua corre helada por el arroyo y los cuerpos desnudos
defienden del frío, en el lecho caliente, su desnudez.

Arde la leña de la chimenea en el salón vacío y el fulgor de la vida se hace púrpura. La soledad ha sido conjurada. Nadie estará ya solo en la mañana azul. El rito se consuma. La pasión compartida, crece.

El invierno declina. Un silencio azul envuelve la mañana de los amantes”.

Lohengrin. 5-02-08.

EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY

He bajado al Maravillas y mientras tomaba café he ojeado los periódicos. No he visto nada interesante. En el otro hemisferio parece que hoy es un día muy importante, el supermartes, esa jornada electoral que suele decidir el destino de los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, pero en Heliópolis el sol mediterráneo calienta las calles con una intensidad impropia del invierno, las tórtolas colonizan las ramas de los árboles urbanos y su número alcanza ya una dimensión de plaga, mientras yo me dispongo a bajar a jugar a la pelota con mi nieto, y nada en mi ánimo me dice que la política sea mas importante que la vida.

Las hojas de las acacias y los fresnos se proyectan sobre un azul intenso, libre de nubes, empujadas por el anticiclón, evocando los bosques que son el escenario de la vida amorosa extramarital de Lady Chetterley y rodean el chateaux donde tiene su residencia familiar.

Ayer fui al cine a ver Lady Chatterley, una película francesa que dura más de dos horas, seguramente porque intenta ser fiel al texto del clásico de la literatura erótica que recrea en imágenes.

No entendí muy bien porqué, en este relato lineal, se dedica tanto tiempo a los encuentros eróticos de Chatterley y su guardabosques, acumulando una serie de secuencias que parecen reiterativas y algo tediosas y en cambio se pasa a gran velocidad sobre el viaje a la costa azul, que tal vez hubiera merecido más metraje. Hasta que, reflexionando sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que tal vez el director buscaba el relato milimétrico para contar cómo una relación casual va creciendo con cada encuentro hasta que el vínculo afectivo termina por aparecer enriqueciendo lo que solo parece una experiencia de placer físico.

Si es así, ha conseguido plenamente su objetivo, al precio de aburrir, supongo, a una parte de los espectadores.

Chatterly es una mujer burguesa que soporta una existencia asfixiante en el chateaux, junto a su marido impedido, mientras lejos de allí se libra la primera guerra europea, hasta que el agobio de su ánimo la lleva a un estado de postración que su médico recomienda combatir con paseos al aire libre.

Los primeros encuentros de Chatterley con el guardabosques, un tipo adusto y silencioso, amante de la soledad, no pasan de la vulgaridad de un coíto en el que el hombre se desahoga sin hacer participar a su compañera del placer del sexo. En cada encuentro sucesivo, Chatterley comienza a tener un protagonismo cada vez mas activo y las experiencias suben de nivel, convirtiéndose ya en algo compartido.

La reiteración de esas secuencias permite visualizar como, lentamente, aflora la sensibilidad oculta del macho adusto y brutal y lo que comenzó como una pura relación física se envuelve poco a poco en una experiencia libre, sin asomo de culpa, que alcanza su momento mas álgido cuando los dos amantes corren desnudos bajo la lluvia compartiendo la celebración de la vida.

De alguna manera, El amante de Lady Chatterley, que fue en su tiempo un manual del amor transgresor, se ha convertido con el paso del tiempo en una historia sobre la inocencia, la libertad, el valor del placer en la vida humana, la exaltación de la naturaleza, y todo un discurso beligerante contra el sentimiento de culpa, ese invento de las convenciones sociales y religiosas que Manolo Vicent decía que llevamos todos a cuestas, como si fuera un mono agarrado a nuestra nuca, y que es un enemigo de la vida.

La película, quizás demasiado larga, lenta y reiterativa, premiada con cinco César –el equivalente francés al Goya español—conserva sin embargo otros valores, entre ellos, la fidelidad al libro, y se deja ver. Es una película amable, visualmente agradable, con una buena puesta en escena y, en mi opinión, su mayor valor es el modo didáctico en que presenta el proceso de crecimiento de la relación amorosa.

Les recomiendo que vayan a verla, acompañados.

Se proyecta en el cine D´Or, en Heliópolis. Solo esta semana.

Lohengrin. 5-02-08.

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