sábado, 27 de junio de 2020

CRÓNICAS DE VILAFAMÉS

."El pasado martes Lola y Antoni vinieron a recogernos en su moderno coche Mazda, 120 caballos, la última tecnología, automático, sin cuyas prestaciones nos hubiera sido imposible transitar por las estrechas y elevadas calles de Vilafamés, hasta alcanzar la casa que teníamos alquilada para tres noches, cuatro días, en el lugar más alto y pintoresco del pueblo, junto al castillo.

Como la hora de entrada a la casa que teníamos concertada eran las cinco de la tarde, de camino nos detuvimos en la playa de Alcocebre, un mar con la peculiaridad de que hay manantiales de agua dulce que surgen de los fondos, cerca de la orilla. Disfrutamos de un mañana de playa casi perfecta,luego subimos hasta Vilafamés, y me suena que comimos en la Media Luna, pero no hagan mucho caso, eso pudo ser oro día y en otro lugar, porque en estos cuatro días hemos visitado varios lugares y me hago un lío, si recuerdo que el camarero era árabe, el dueño no, y la comida tampoco.

Cuando llegamos a la casa, después de comer, una agente nos esperaba con las llaves y, después de enseñarnos la casa de tres plantas, con un salón-comedor-cocina semejante al de nuestra casa de Estenas con su techo de vigas de madera, aunque con habitaciones más lujosas, con unas camas estupendas, nosotros, Encarna y yo, hemos dormido estas noches en la tercera planta, en camas separadas, y no hubo nada, mientras que Lola y Antoni lo hicieron en la segunda planta en una enorme cama para dos, tres, o más, y no sabemos.

Después de deshacer las maletas y acomodarnos, nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, bajando desde la zona más elevada y luego, claro, tuvimos que volver a subir, este ejercicio, repetido todas las tardes, después de visitar los preciosos pueblos de las proximidades, me han causado unas agujetas en los músculos de las piernas que ni te cuento.

 El segundo día de estancia nos acercamos hasta Catí y luego fuimos a Benasal, donde hay un famoso balneario de aguas termales, que aún no está en servicio, vimos a las kellis limpiando en los balcones, pero pudimos llenar las botellitas que llevábamos con agua en una fuente preciosa que estaba junto al parking, todo muy bien, sí.

 Al tercer día resucitó nuestro interés por conocer Culla, un pueblo aún más bonito y pintoresco que Vilafamés, donde tomamos un aperitivo, después de pasear el pueblo fuimos a por el coche para ir hasta Lucena del Cid, donde, según una foto del móvil de mi mujer es donde está el restaurante la Media Luna, no en Vilafamés, cosas de la memoria, de mi mala memoria, que ya cumplió 76 en octubre pasado, que se le va a hacer. Al intentar abrir el coche, no pudimos, ni con el mando, ni con la llave. Vaya, se ha estropeado, tendremos que buscar un mecánico para salir de aquí. En eso, un vecino del pueblo se nos acercó y dijo, -Ese coche es suyo..., Lola dijo, sí, pero no se abre....... Si me permite, le diré que ese coche es el de la directora del banco... entonces Lola cayó en la cuenta de que
el coche que había confundido con el suyo, no lo era, era idéntico, de ahí la confusión, el suyo resultó estar estacionado un poco más lejos, que cosas nos pasan a los maduros, no?

Las cenas las hemos hecho en el comedor de la casa, con el fiambre que trajimos de casa, quesos variados, jamón de Trévelez, sobrasada ibérica y el salmón que traían Lola y Antoni. Después de cenar, dos partidas al Rummy cada noche, que me dejaban más agotado que los paseos vespertinos por el pueblo.

En la mañana del cuarto día, después de desayunar y fumar un Winston largo al sol, en el banco de piedra de la fachada de la casa, fuímos a visitar el museo de arte contemporáneo de Vilafamés, donde hay obras de Tápies, Genovés, Carmen Clvo y muchos más, algunos de los que residieron en el pueblo cuando esto era un refugio de artistas solitarios, hoy desaparecidos de aquí.

Luego de la visita al museo, embarcamos en el coche. Como era pronto, visitamos el Desierto de las palmas, un lugar precioso, pero el restaurante estaba cerrado, así que, de nuevo al coche y a comer a una playa de Benicassim, en un magnífico, aunque algo caro, restaurante, con una vista elevada sobre el mar, amplísima, que nos permitió contemplar a los deportistas que hacían surf y otras diversiones a un palmo de nuestras narices, que comenzaban a percibir el olor del arroz a la marinera que se estaba cocinando para Antoni y para mí, las mujeres comieron uns pizzas, tan enormes, que la mitad de la Carbonara, de Encarna, se vino en una caja con nosotros de vuelta a València, y eso fué lo que cenamos, sin necesidad de cocinar.

Antoni y Lola nos dejaron a la puerta de casa, sobre las cinco y media, desembarcamos la maleta, la botella de aceite de cinco litros que compramos en Vilafamés, las dos bolsas con efectos personales, tomamos el ascensor, entramos en casa y nos tiramos en el sofá, agotados.

Hoy, Encarna tampoco tiene que cocinar, anoche sacó del frigorífico las carrilleras que dejó congeladas y con unas patatas fritas será nuestro menú de hoy, aunque tendremos que ir a comprar a Mercadona, porque la nevera está vacía. Ya oigo a Encarna,. me llama para bajar a comprar, hasta otro día."

Un saludo cibernauta, cordial y afectuoso.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN)  27 06 20

miércoles, 17 de junio de 2020

MANUEL GRANERO

"En el cementerio de Valéncia hay una tumba dedicada a un torero valenciano, Manolo Granero, incluye una bella escultura que, por desgracia, no está lo bien cuidada que debiera, lo descubrimos por primera vez, Encarna y yo, cuando fuimos a visitar por todos santos los nichos de nestros mayores, para llevarles flores.

Si paseas por la calle de Cuba, en el barrio de Russafa, encuentras la entrada a un parque municipal también dedicado a Manuel Granero, ayer estuvimos allí, en un banco sombreado, mientras yo fumaba un Winston largo y luego nos comímos unos pasteles de 'moníato' comprados en una panadería de Cuba, bien de sabor pero un poco duros la verdad, no eran del día.

 Al salir del parque, nos llamó la atención un gran bar en el chaflán de salida, chapado, pero con carteles que anunciaban un impresionante surtido de tapas y platos principales, el cartel precisa que abren a partir del jueves, así que hablaremos con Lola y Antoni, por si les parece bien que reservemos para la noche del viernes.

 Tenemos otro asunto pendiente con Lola y Antoni, la semana que viene nos vamos en su coche para alojarnos tres noches en unos apartamentos de Vilafamés y desde allí visitar Casas Viejas, el Forcall, o lo que sea, por solo doscientos y pico euros los cuatro, bien, ¿no?.

 Antes, el póximo sábado, Encarna ha convocado a nuestros hijos para que vengan a comer 'arros al forn' a casa, de momento han confirmado su asistencia Mónica y Quique, Jordi ha dicho que se lo tiene que pensar, ¿será por temor a contagios?, no sé.

 En realidad, todo esto solo es una excusa para contar que, cuando vamos al cementerio por todos santos y pasamos frente al nicho de Aurelio Dies Díaz, yo grito, 'fill de puta', pues este caballero, ya difunto, dirigió con mano de hierro una industria de imprenta y manufactura donde trabajó mi mujer Encarna, cuando fué soltera, junto a otras decenas de mujeres, maltratadas en el curro que, una vez, fueron a quejarse de su jefe a la entonces Central Nacional Sindicalista más conocida como la CNS, y cuando volvieron a la fábrica, un chivato ya le había contado al jefe, con todo lujo de detalles, el contenido de la visita.

Cosas de la evolución de los tiempos, las cosas ya no son así, espero."

Termino. Bajo al Maravillas a tomar el cortado y el such de taronja cotidianos.

Un saludo cibernauta, cordial y educado, a tirios y troyanos.

En fin. Manuel Granero

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 17 06 20.

domingo, 14 de junio de 2020

PASEO POR EL CENTRO

"Encarna y yo hemos ido esta mañana a dar un paseo por el centro de València, hemos tomado el bus 6, ya no es necesaria la distancia entre asientos pero hemos accedido por una puerta trasera y el uso de mascarillas es obligatorio, en un asiento cercano a la conductora un caballero con aire de señorito vestido con traje y corbata alivia el agobio de su mascarilla con un abanico negro muy elegante, otra viajera que porta una maleta con ruedas permanece de pié apoyada en una mampara, Encarna, después de pagar con el bono bus se agarra como puede a una barandilla con un pañuelo de papel, esperando para sentarse junto a mí a que los frenazos y el efecto de los baches desaparezca en la siguiente parada.

El trayecto ha sido corto, no se aprecia afluencia de coches, se ve que están todos en las playas, al descender del bus en la plaza del Ayuntamiento nos llama la atención que la mitad de los bares están cerrados y son pocas las tiendas abiertas.

Seguimos por San Vicente y en un quiosco abierto me llama la atencion un cartel, '....compro joyas', al llegar a la plaza de la Reina nos acomodamos en un banco a la sombra, mientras yo me fumo un Winston largo,luego tomamos una calle estrrecha y sombreada, a la izquierda de la plaza, en dirección a Tapinería, de camino me sorprende el nombre de una calle pequeña, estrecha, oculta, Calle de La Verónica, me sugiere el nombre de una prostituta del medievo.

Al llegar a Tapinería, comprobamos que los alojamientos turísticos están todos cerrados, el bar donde sirven paellas chapado, no hay músicos ambulantes ni se aprecia presencia de turistas. Salimos de Tapinería en dirección al Miguelete, la calle, normalmente atascada de público está poco concurrida.

Al llegar a la plaza de la Virgen suenan las campanas que celebran la festividad del Corpus Christy, mientras una larga fila de fieles esperan para entrar en la catedral, para ver los oficios presididos por el Arzobispo. En Tapinería hay una calle que se llama cobertizo de Sant Tomás, de lo que deduzco que Santo Tomás vivía en un humilde cobertizo, mientras que los arzobispos de ahora habitan lujosos palacios atendidos por numerosa servidumbre, cosas de la evolución de los tiempos.

Antes de abandonar la Virgen, Encarna me hace una foto con el móvil junto a la fuente de las siete acequias y se la envía a nuestra hija Mónica, como testimonio anecdótico de nuestro paseo, que continúa hasta Serranos, donde tomamos de nuevo el 6 para volver al barrio, porque 'Los Cien Montaditos' donde solemos tomar una cerveza está, también, chapado.

Al llegar al barrio, el chino está lleno, el otro chino, también, pero en otro bar encontramos una mesa a la sombra que, aunque está reservada, nos permiten ocuparla durante media hora, nos tomamos dos cañas, unos cacahuetes, y a casa, a ver el discurso de Pedro Sánchez y el del presi de aquí, que me parecen iguales."

Un saludo cibernauta, cordial y educado, a tirios y troyanos.

En fin.  Paseo por el centro.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 14 06 20.

lunes, 8 de junio de 2020

ENCUENTROS EN LA TERCERA FASE

"¿Les suena? Es el título de una película de Spielberg de 1.977, pero esta página va de otra cosa más

actual, menos futurista. Mañana lo contaré, o no."Hoy, he bajado, de nuevo, al Maravillas, provisto con mi máscara de pantalla, mis gafas de sol y mi gorra, lo que me daba un aspecto algo extraño y Tony no me ha reconocido. El bar no tenía mesas fuera, he pasado al interior y me he acomodado en una de las dos mesas vacías, separadas por la oportuna distancia de seguridad. He tomado un café cortado descafeínado en taza, con el asa a la derecha y un such de taronja. He pagado aTony con un billete de cincuenta, el, a diferencia de otros,siempre tiene cambio de cincuenta. Luego he salido al exterior a fumar un cigarro, pero el paquete estaba vacío. El lleno lo he olvidado en casa. Por suerte ha llegado al bar el colega que duerme en la calle, le he pedido un cigarro y me lo ha dado. Después me ha comentado, ¿sabes lo que han dicho las autoridades sanitarias, que quienes sufrimos enfermedad pulmonar con obstrucción crónica no hemos sufrido el ataque del virus cabrón, se ve que no ha podido entrar en nuestros pulmones obstruídos?

Terminado el cigarro, la puerta del bar se ha llenado con multitud de vecinos, unos de étnia gitana, otros payos, todos muy agradables y simpáticos y con mascarilla. Después de saludarlos he vuelto
a casa. El ascensor no funcionaba, estaba parado en la séptima, porque unos albañiles estaban

subiendo materiales para una reforma.

He subido a pié hasta el cuarto, sin fatigarme, debido al ejercicio que he hecho estos días en las horas de paseo.Nada de lo dicho hasta aquí es lo que pensaba decir.Lo que quería contar es que nuestro próximo encuentro en fase tercera será el próximo viernes con Lola y Antoni, pero no para cenar en el chino de La Fuente. He llamado a uno de mis hijos para que averigüe si el Toribio estará abierto. El Toribio es un bar del barrio que no pone terraza, porque es un local amplísimo, que da a dos calles, y no la necesita para atender a los muchos clientes que recibe y ahora dispondrá esas mesas con la suficiente distancia de seguridad para no correr riesgos, por no hablar de la cariñosa cocinera nonagenaria que nos trató la última vez, antes de la pandemia, como si fuéramos sus nietos, añadiendo un plato por su cuenta, fuera de menú, y gratis, que estuvo delicioso.

Esto es lo que quería contar, antes de llamar a mi hijo Quique para que me confirme si el próximo
viernes nos podremos encontrar en el Toribio con Lola y Antoni, estemos en la fase que estemos"

Un saludo cibernauta, muy cordial, a todos, tirios y troyanos.

En fin. Encuentros en la Tercera fase.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 9 06 20.

MEMORIAS DE GALICIA

"En aquellos días de finales de los setenta del siglo pasado yo hacía gala de una osadía de la que ahora, al recordarlo, me sorprendo, lo cierto es que, no se como, me comprometí a dirigir un seminario en la Universidad Laboral de La Coruña y a explicar el modelo de sociedad anónima laboral, entonces de muy reciente aparición en la vida económica del país y fué tal el impacto que recibimos Encarna y yo en nuestra pimera visita a tierras gallegas que reincidimos al siguiente verano.

 El rector de la Universidad Laboral era un gallego sabio y descuidado en el vestir con un gran sentido del humor y una dentadura que le daba cierta semejanza con el Jerry Lewis de 'El Profesor Chiflado' y cuya afición por la gastronomía era tal que le hacía reunir la triple condición de hedonista, sibarita y exquisito. Su bien cuidada panza, el uso de tirantes y la innumerable cantidad de manchas dispersas por su voluminosa presencia eran compatibles con un fino espíritu intelectual y un saber erudito amplísimo, del que no hacía un uso inmoderado, y su discreción y tacto hacían de el una persona encantadora. Había que ver la expresión de su rostro cuando hablaba del cocido gallego que preparaba el mismo.

 Entre los profesores había además un magistrado de trabajo residente en Tarragona, aragonés de origen, que fué para nosotros un verdadero Pigmalión pues de su mano aprendimos casi todo lo que hay que saber en la cuestión de elegir un restaurante y ello antes de que se pusieran de moda las guías, revistas y clubes gastronómicos cuya proliferación es hoy moneda corriente. Decía el mañócrata, y así lo hicimos varias veces que, siempre que fuera posible, no había que entrar en restaurantes que no estuvieran avalados por varias generaciones de restauradores, y esto no lo averiguaba de oídas, sino que se asomaba al interior, olía el aroma a madera vieja de la decoración, echaba un vistazo a la caja registradora y si decía, 'aquí', nunca se equivocaba. Huía como alma que lleva el diablo de las decoraciones recientes y anodinas. En cuanto al horario, siempre nos aconsejaba que fuéramos pronto, cuando las primeras viandas todavía están disponibles y el servicio está descansado. A veces, rompía la norma sobre la vetustez del establecimiento, pero era para sustiruirla por el conocimiento de la calidad de los clientes, como los marinos mercantes en La Casa del Mar en La Coruña.

Martín, que así se llamaba el magistrado, era una persona esencialmente bondadosa, de aspecto orondo y estilo socarrón. Solo le ví encolerizado cuando nos habló de Monseñor Suquía, arzobispo de Santiago quien, por lo visto, estando en otro destino, había sido director espritual de su mujer y, al parecer, también ejerció solapadamente de director financiero del patrimonio de la familia de Martín.

Compartía nuestras tareas en la Universidad, Colóm, un catalán de aspecto fornido, de cabellos rubios y ondulados, ex fucionario de la FAO que había trabajado en Cuba y fué testigo de las primeras realizaciones del régimen de Castro, del anorme progreso que habían supuesto los programas de alfabetización y de la efervescencia revolucionaria que se respiraba en la isla. Colóm tenía una personal teoría sobre la forma de comer marisco y en una comida colectiva que ofreció el rector a los claustruales al terminar el curso,la aplicó a rajatabla: "No hay que perder el tiempo con las patas". Se aplicó directamente a colas y cabezas y batió el récord del número de ejemplares consumidos per cápita.

 La habitación del hotel donde nos hospedamos Encarna y yo mientras duró el curso daba directamente a la Ría y desde la ventana, en las tardes de suave clima veraniego coruñés, pudimos observar a las mariscadoras recoger sus frutos marineros y llenar sus cestas que llevaban airosamente sobre el moño, la mano en la cadera, y el sempiterno negro de sus vestidos en recuerdo de algún luto pasado, presente o futuro."

De mis viejos papeles, sin fecha, con amor a las tierras coruñesas.

Un saludo cibernauta, algo nostálgico.

En fin. Memorias de Galicia.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 8 06 20.

domingo, 7 de junio de 2020

DESESCALADA (2)

"María Eugenia pagó la cuenta, yo insistí en pagar mis tónicas pero no me dejó, de todos modos, yo no podía invitarla. Salimos a la playa, hicimos el amor como dos adolescentes y cuando nos saciamos fuímos a mezclarnos con el gentío que llenaba las calles de la noche festiva.

 El caos de vehículos atascados en las calles era inenarrable, solo comprensible para quien haya visitado Valencia en épocas festivas de fuegos artificiales. En el puente de Aragón ya no pudimos avanzar más. El aluvión sonoro de las bocinas de los coches atascados se mezcló con el silbido de los agentes de policia que intentaban controlar el desorden y el estallido intermitente de petardos lanzados por algunos exaltados se deshacía en millares de partículas luminosas que caían sobre nosotros en medio de una atmósfera saturada de un humo azulado.

Ante la imposibilidad de seguir avanzando con el coche lo dejamos tirado y seguimos caminando por el Jardín del Turia. Formas neoclásicas reverberaban junto a la gran cúpula de vidrio del Palau. En su interior, seres etéreos flotaban blanquecinos iluminados por el resplandor lunar, mientras en el estanque los barcos teledirigidos navegaban velozmente entre las miradas divertidas de los curiosos que llenaban el paseo.

El reflejo de los puentes renacentistas se combinaba en los estanques rojos y azulados con la basura arrojada por los desaprensivos, en una perfecta síntesis de fealdad y belleza. Bajo los arcos del Puente del Mar una maleta vieja, desvencijada; restos de las noches en blanco de sus insomnes huéspedes, de la miseria de los desesperados, de los juguetes de nuestra infancia y un frío húmedo, inmisericorde, que cala los huesos hasta la médula.

Al final del paseo, sin transición, la fetidez del canal de desagüe, el olor metálico de los vertidos de sulfuroso, la ruína de lo que fue un puente, el abandono y la desolación, un territorio fronterizo, calcinado, depósito de latas y zapatos viejos, de escombros y vidrios rotos, la no ciudad, donde medran las plantas de basurero y en las mañanas de otoño la mezcla de niebla y azufre vuelve el aire irrespirable.

Los neones intermitentes de Distriro 10 nos volvieron a la realidad. María Eugenia sacó su tarjeta Vips y nos dieron dos tickets a la entrada de la discoteca para consumir sin ninguna limitación durante nuestra estancia en el local.

Cruzamos el hall y un mundo dionisíaco y envolvente nos deglutió enteramente. Sobre el fondo de un fragor heterogéneo de sonidos musicales cientos de rostros hermosos y excitantes se miraban sin verse, decenas de altavoces vomitaban a la vez sus rítmicos contenidos al caudal sonoro que inundaba el lugar y toda la nube acústica se elevaba sobre un lecho de humo de cigarrillos, respiraciones agitadas, oscuros gemidos orgásmicos y delicados sonidos cristalinos de copas de champán entrechocadas, mientras en el podio de la izquierda una atractiva muchacha rubia, con el pelo muy corto, excitaba los sentidos con sus eróticos movimientos, su enjuto cuerpo se contoneaba, insinuante, embutido en un estrecho vestido, que dejaba ver sus hermosas piernas vestidas de seda negra."

Y esto es todo. Esto pudo haber sido, no digo que lo fuera, mi segunda salida en la desescalada.

Un saludo cibernauta.

En fin. Desescalada (2)

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 7 06 20.

sábado, 6 de junio de 2020

DESESCALADA

"Por fin, el chino de la Plata ha reabierto su bar, al principio, sin cocina, ayer ya pude reservar una mesa en la terraza para cenar, con nuestros entrañables amigos Lola y Antoni. Cuando llegaron, nos dirigimos a ese lugar, la terraza estaba tan atestada de clientes, que nuestra mesa reservada fué a parar a un extremo,lejos de las sombrillas y de la acumulación de clientes, lo que agradó a nuestras mujeres, que estaban un tanto temerosas de los riesgos de la desescalada.

Después de tomar unas cervezas tostadas, y dos copas de vino blanco para las chicas, nos sirvieron el menú de la cena.

Una fuente con abundantes puntillas, con un rebozado perfecto, hecho con un aceite limpio, de calidad, medio limón añadido y un poco de ajoaceite, para el aliño. Después de meses sin probarlas, me supieron a gloria.

Otra fuente, con una ensalada mixta, de melva y verdura, de la que no sobró nada, en particular, del excelente pescado muy bien asado, con la piel tostada.

 A petición de Toni, una buena ración de patatas bravas, adobadas con mayonesa y curri, crujientes y sabrosas.

 Por úitimo, el plato estrella, queso de la abuela, frito, con mermelada de fresa, sensacional.

 Las cuatro cervezas tostadas que nos tomamos Toni y yo, nos pusieron un poco chispas, mientras que las chicas, que solo tomaron una copa de vino cada una, estaban mas serenas cuando subimos a casa a jugar al Rummy, y claro, ganaron.

 El viento de Levante que azotaba las calles durante la tarde, cesó cuando bajamos a cenar, contribuyendo así a la sensación placentera de cenar en una terraza del barrio.

 Después de pagar la cuenta, 36 euros en total, subimos a casa y jugamos las tres partidas al Rummy de rigor. Después de despedir a Lola y Antoni, un ratito de tele, para relajarnos, y a la cama.

 Esta ha sido, por ahora, nuestra contribución a la dichosa desescalada que, en esta comunidad, aún está en fase 2, no sabemos hasta cuando. En fin, lorito, ya nos lo dirás."

Un saludo cibernauta, cordial, como siempre, a quienes visitan el blog.

 En fin. Desescalada.

 LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 6 06 20.

lunes, 1 de junio de 2020

HOLA

"Hola, después de unos días lejos del blog, vuelvo a las andadas.Mientras las gentes andan ocupadas con la desescalada, nosotros nos hemos dedicado a la escalada, hasta alcanzar los 900 metros de altitud de la sierra donde tenemos nuestra modesta casa de recreo.

La casa está ubicada en el centro de un circulo de colinas pobladas por millones de árboles, junto a los viñedos limpios y ordenados de la variedad Bobal, típica de esta zona, aunque algunos emprendedores cultivan ahora Cavernet Souvignon y otras variedades no autóctonas, para dar mayor empaque internacional a sus vinos. Aunque las viñas no son mías, cuando invito a algunos amigos a venir por aquí, les digo que esto es Falcon Crest.

Esta visita a la casa de la sierra no va de amigos, sino de familia, como no tenemos coche, nos lleva mi hijo Jordi y nos devuelve a casa mi hijo Quique. Al llegar, el viento serrano oculta el silencio del entorno, mientras paseo por el camino de tierra, entre tomillos, romeros, jaras, amapolas y algún reptil huidizo que escapa asustado por la presencia humana.

El pino que trajimos cuando era un bebé es ahora un árbol robusto, alguna de cuyas ramas amenaza la integridad del canalón que traslada el agua de lluvia al aljibe, ahora con un caudal pletórico.

El primer día de estancia, Pepa, la compañera de Jordi, nos gratificó con un arroz caldoso de pescado y marisco que, además de su excelente sabor y textura tuvo la virtud de aportar mayor fluídez a mi función intestinal, mucho mejor que cuando estoy en la ciudad. Por la noche, barbacoa.

El vino de aguja para los aperitivos y los del Somontano para los platos fuertes, estupendos.

Mi hijo Quique, por su parte, nos ha sorprendido con un guiso de pulpo con aguacate, soberbio, una fideuá con alcachofa, calamar y gambas deliciosa, por la noche barbacoa y la última comida espaguetis carbonara, perfectos.

Hacia tanto tiempo que no subíamos con nuestros hijos a la casa de la sierra que la experiencia nos ha parecido extraordinaria.

La música china y el vuelo de las mariposas entre las flores del camino crean un momento mágico para despedir esta breve crónica."

De nuevo, un saludo cibernauta para la gente amable que se acerca por aquí.

En fin. Hola.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 1 06 20.

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