sábado, 9 de agosto de 2008

SOCIEDAD PETROLERA

Es sorprendente la ausencia de la palabra petrolera cuando nombramos a la sociedad contemporánea, ese conglomerado de pueblos y naciones, de agrupaciones naturales o pactadas de personas que se juntan para cumplir los fines de la vida, siendo el petróleo un elemento omnipresente en la vida de las gentes. No solo es una fuente de energía, sino el origen de una cantidad y variedad enorme de subproductos que están presentes en los actos cotidianos de consumo de otros bienes y es, además, un recurso que está cada vez mas presente en las relaciones de poder político y económico.

Al documentarme para escribir esta entrada –-Diccionario E. Espasa-- me ha sorprendido conocer que los egipcios ya utilizaban el petróleo para sus embalsamamientos y para usos medicinales, que los babilonios lo empleaban para unir los mosaicos y piedras en las construcciones, y que Marco Polo dejó constancia de haber visto las caravanas de camellos que lo transportaban hasta Bagdad, para ser usado en el alumbrado.

Nuestra soberbia nos empuja a autodenominarnos Sociedad Tecnológica, pero, dejando aparte el fulgurante desarrollo de la electrónica y algunas otras ramas de la tecnología, lo cierto es que esta sociedad sigue dependiendo, fundamentalmente, de la rueda, que, al parecer, fue un invento sumerio, y de los combustibles fósiles, que, como su propio nombre indica, son un recurso bastante antiguo. De ahí que me parezca mas precisa, mas fiel a la realidad, la expresión Sociedad petrolera.

Dejando aparte cuestiones semánticas, que no son tan prescindibles como parece, lo cierto es que la prensa diaria trae las quejas de algunos mandatarios latinos por el poder creciente de Chávez, que atribuyen a su uso del petróleo como arma política en el continente. Lo mismo podemos decir de Putin, quien, con su capacidad de abrir o cerrar el grifo del gas natural, hace temblar a media Europa, con la consecuencia de que cada vez se le trata con mayor deferencia, con independencia de que sus virtudes democráticas, o la ausencia de ellas, le hagan merecerlo o no.

Oriente Medio es una zona de conflicto permanente, y la existencia allí de los mayores yacimientos petrolíferos, junto con los de Irán, parece ser el elemento principal de ese conflicto, unas veces latente, otras declarado, con consecuencias dramáticas para algunos de sus pueblos.

Si consultamos en las hemerotecas los diarios de diciembre de 1.974, cuando el petróleo se cotizaba a 10,45 dólares el barril y las reuniones de la OPEP eran seguidas con angustia desde una Europa que caía a velocidad de vértigo en una crisis económica y financiera imparable, hasta que los jeques árabes aumentaron la producción, al caer en la cuenta de que sus ahorrillos en los países occidentales corrían serio peligro, nos damos cuenta de que, en efecto, vivimos en una sociedad petrolera y que, el paso del tiempo –han transcurrido treinta y cuatro años-- no modifica esa condición.

De todos los usos del petróleo, el de arma política, el de fuente energética, el de su origen de los subproductos usados en el consumo cotidiano, quizás el mas inocuo sea el de alguno de sus componentes que se usa en cosmética. Los conflictos de la vida no suelen ser unívocos, y el hecho de que el petróleo se use para embellecer nuestro aspecto físico, para hacernos mas agradables a los demás, además de como un arma bastante destructiva, es una muestra del eclecticismo de casi todo lo humano, pero ya va siendo hora de que superemos la rueda sumeria y los combustibles fósiles, esos elementos que todavía definen la sociedad petrolera, para entrar, de verdad, como corresponde a la cronología de la ciencia, en la sociedad tecnológica.

Lohengrin. 9-08-08.

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