martes, 10 de diciembre de 2013

GARBANZOS

Hace unas cuantas décadas, recién licenciado en ciencias? económicas, abrí un despacho profesional en sociedad con un colega de estudios y amigo. El primer trabajo que se nos confió fue la gestión de una comunidad de propietarios que iba a construir un edificio en un solar del Paseo de la Alameda. Aquello fue un trabajo fácil, pues la mayoría de los pisos, de 300 metros, ya estaban adjudicados.

Solo tuvimos que gestionar la venta a un importador de maderas del que quedaba libre y asistir a los comuneros en el control de las cuentas y en las reuniones comunitarias. ¿Que tiene que ver esto con los garbanzos?. Todo.

Entre los propietarios hubo un señor, yerno de un consejero de un banco del Norte, que tuvo algunos problemas para que su Volvo, de gran tamaño, entrara por la curva de la rampa del garaje, hasta el punto que el arquitecto hubo de rectificar el trazado de la rampa, para que el coche del comunero pudiera llegar a su plaza reservada en los planos.

Por aquella época se vivía una crisis financiera de las tantas que han sucedido en los últimos cuarenta años. Parece que solo haya habido ésta. No. A veces se olvida que las crisis cíclicas son el modo natural de desarrollo del capitalismo. Aquel caballero, que se dedicaba a hacer obras en sucursales bancarias, aprovechando su 'anclaje' con su suegro, ya dijo entonces que la forma natural de salir de aquella crisis era subvencionar los garbanzos.

Me pareció una mentalidad estamental, un residuo de aquellas sociedades antiguas donde los siervos trabajaban por la comida, y solo por la comida.
(...)
Ahora, encuentro de nuevo esa mentalidad estamental, como si no hubieran transcurrido casi cuatro décadas, en el artículo de un comunicador, Martín Quirós, que publica hoy en la 30 de 'Levante', con el título 'La libertad sin garbanzos, es menos libertad'.

Quirós insiste una y otra vez en el asunto de los garbanzos, no voy a citar todos los párrafos en que lo hace, por no ser cansino, como dicen por Utiel, pero daré algunas muestras.

'Y tampoco podemos ignorar las inesperadas oleadas de empresas que repentinamente quiebran y desaparecen o deciden cambiar de país dejando en la estacada a sus trabajadores...y se acabaron los garbanzos.' 

'....solo implorando la limosna de unos pocos garbanzos para sobrevivir..'

'...hasta ver si logra alcanzar algún garbanzo perdido..'

'¿que garbanzos comerá su familia después de los dos años del desempleo?'

'..estamos como en el año 1900, en una España sin garbanzos'.

' Y así ya van faltando los garbanzos' 

Que manía con los garbanzos, ¿no?. Creo saber cual es el origen de esa fijación. Para entender este asunto de los garbanzos, hay que remontarse a la época de Fraga, cuando era ministro del franquismo, y a los primeros tiempos de Alianza Popular. Aquel personaje era muy dado a lo garbancero. Decía de Benito Pérez Galdós que fue un escritor garbancero porque se dedicó en su literatura a las clases populares. 

Seguramente la idea de subvencionar los garbanzos de aquel señor del Volvo, estuvo inspirada en Fraga y el artículo de hoy de Quiros bebe, sin duda, de las mismas fuentes. Estos tipos, el Fraga ya desaparecido, el comunero del Volvo, y Martín Quirós, han mamado desde su infancia una concepción del mundo mas ligada a las sociedades estamentales que a las democráticas, por eso conciben a las clases trabajadoras como siervos dependientes de un plato de garbanzos.

Vamos a ver. No tengo nada en contra de los garbanzos, de hecho los guiso de vez en cuando y se lo que cuesta un bote de garbanzos pre cocidos, entre 50 y 60 céntimos de Euro. No parece que la alusión a los garbanzos, bien para subvencionarlos, o para suponerlos parte del menú cotidiano de la gente, aporte nada para salir de una crisis brutal provocada por el mayor robo global que han perpetrado estos que se han criado bajo el mismo ideario que los que ahora citan  los garbanzos como metáfora del sustento de la clase trabajadora. 

En un escenario en el que podemos leer cualquier día noticias como la de la página 43 de 'Levante' 'Coca Cola cerrará 4 de sus once fábricas y despedirá o trasladará a 1.200 empleados', mientras el payaso  Montoro dice a los cuatro vientos que todo va de puta madre, entretenerse con la metáfora de los garbanzos es un insulto a la clase trabajadora, si es que todavía existe, una falta de sensibilidad social propia de quienes no saben como son, ni como viven sus conciudadanos que vivian del trabajo por cuenta ajena, y ahora malviven como pueden.

El articulo de Martín Quirós es revelador. Lamentablemente, no revela nada sobre la situación que, supuestamente, analiza. Nada descubre de las causas, ninguna propuesta se observa en su texto. Solo revela, eso si, sus limitaciones intelectuales, sus deformaciones ideológicas, su incapacidad para comunicar, con un mínimo de respeto y rigor, la situación por la que atraviesa el país, en particular los mas perjudicados por la situación. Su contínua alusión a los garbanzos revela un desprecio absoluto por lo que no comprende. Tal vez debido a su formación, ¿o debo decir deformación?, nada de lo que dice puede ser apreciado. 

Dejemos a Quirós, no merece tanta atención.

Antes de cerrar la página, relataré dos sucesos que marcaron nuestro paso, el de mi socio de entonces y el mío, por aquel despacho profesional, hace mas de tres décadas. Uno sucedió cuando me sirlaron el maletero del coche y se llevaron un maletín conteniendo las cuentas de la comunidad y un talonario de cheques. Aquello nos preocupó, pero la zozobra no duró mucho. Alguien nos llamó para decir que había encontrado el maletín en un contenedor de basura en la calle Sagunto. Nos personamos allí y, abierto el maletín, vimos que no faltaba nada, ni siquiera el talonario. El sirlero, sin duda, buscaba efectivo y, al no encontrarlo, se libró del maletín, y eso fué todo.

El otro suceso aconteció cuando Miláns del Bosch sacó los tanques a la calle, dejando el asfalto bastante estropeado. Estábamos en el despacho de la calle Císcar y mi socio y yo decidimos abandonarlo y comprar algunas provisiones para llevarlas a casa en previsión de que la situación se complicara y prolongara. Antes de dejar el despacho, recuerdo que mi socio sacó del cajón un retrato de Miláns del Bosch (hay que decir que su padre fue militar, lo que explica su posesión de aquel retrato) y lo puso en lugar visible, por si acaso, antes de abandonar el lugar.

Mientras tanto, en Madrid, Tejero hacía su chapuza, que tuvo como resultado la consolidación de la institución monárquica en este país.

Parece que no hace tanto tiempo pero, desde entonces, cayó la Unión Soviética, se inició la globalización y ahora estamos inmersos en una crisis sin precedentes, consecuencia, sobre todo, de la globalización de los negocios, de la liberalización de los flujos financieros, del experimento neo conservador globalizador. 

Ahora nos falta aprender como hacer compatibles las libertades extremas en los negocios, con la dignidad de las personas. No es fácil. Confiemos en que un asunto tan delicado no caiga en manos de Martín Quirós, u otros como el. 

En fin. Garbanzos.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 10-12-13.

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