lunes, 27 de abril de 2015

DESCONOCIDOS

Las emisoras de televisión nos ofrecen de forma cotidiana imágenes terribles de tragedias locales, de modo que a veces tienes la sensación de que la repetición de las catástrofes te inmuniza en cierta medida, endurecen tu sensibilidad, pero ayer, al ver unas imáganes servidas por la Sexta, unas tumbas anónimas en un rincón de un cementerio de la isla de Lampedusa, seres humanos de los que no sabemos nada, ni siquiera si eran kurdos, musulmanes o cristianos, y ahora están enterrados bajo cruces de madera, cuyas familias tal vez esperan en su aldea unas noticias suyas que nunca llegarán, por no hablar de las decenas de miles que han sido pasto del océano, he de reconocer que mi sensibilidad hacia la tragedia ajena, que yo creía algo embotada, se manifestó a flor de piel, como hacía mucho tiempo que no me sucedía.

Junto a esa sensación, me invadió un sentimiento de verguenza, propia y ajena. Propia, por formar parte de un electorado europeo que ha puesto al mando a sujetos capaces de recortar los recursos destinados al salvamento marítimo y a la atención de los inmigrantes; vergüenza ajena al escuchar a Cámeron decir que el pone mas barcos, pero no quiere ningún inmigrante en sus costas, en un momento en que se dice que hay un millón de personas en espera de salir de Siria y la Unión Europea fija en 5.000 personas el cupo para la inmigración.
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En este escenario, ver a los políticos que mandan en la Unión Europea hablar de cuestiones exclusivamente domésticas y solo reaccionar cuando la última catástrofe deja mas de 700 víctimas en el mar, da una medida del egoísmo, la ausencia de sensibilidad, de los hombres y mujeres que nosotros, con nuestros votos, hemos puesto al mando de un complejo burocrático, que es algo mas que eso, puesto que allí se toman decisiones que han afectado a las vidas de las gentes, a los miles de personas que han perdido sus vidas, en un contexto de ahorro de medios destinados a su atención. 

Mi mujer me ha contado, cambiando de tema, que a una mujer austríaca se le mostraron las imágenes del lanzamiento de un mujer de su vivienda, con el uso de violencia policial, por no pagar su hipoteca, en este país, claro, y la austriaca mostró la misma sorpresa, indignación y conmiseración que ahora observamos al conocer el destino de muchos inmigrantes. No podía creer que tal cosa sucediera en un país europeo. 

El éxito de Europa al convertirse en un conglomerado de países que ya no guerrean entre sí, va, al parecer, acompañado del fracaso al no impedir la guerra social entre sus élites y los ciudadanos de a pié.

En cierta ocasión nos visitó Fonseca, un político europeo, al que dediqué una página, porque me chocó su complacencia con lo que, según el, era un buen equilibrio social entre los países miembros, una visión radicalment0e acrítica de la realidad.

Ahora anda por ahí, otro político europeo, portugués, dando charlas sobre la excelencia empresarial, lo que parece indicar que las politicas europeas están lastradas de elitismo, de contenidos económicos, como si los millones de personas, de aquí y de fuera, nada tuvieran que ver con las decisiones que se toman. 

A la vista de las imágenes que ofreció la Sexta de Lampedusa, y las reacciones de Cámeron y los demás ante el espectro de la tragedia, uno tiene la sensación de que se ha creado un mónstruo, la Unión Europea, un aparato burocrático carente de sensibilidad social, y, lamentablemente, hemos conribuido a crearlo nosotros, con nuestros votos.

La presencia en Bruselas de fuerzas emergentes no ha permitido, por el momento, cambiar las cosas. Será necesario desalojar al Partido Popular Europeo de sus sillones para que algo comience a cambiar? Esperar a la próxima convocatoria parece demasiado tiempo para los que están embarcando ahora mismo en la otra orilla. Confiemos en que los grupos minoritarios, mas sensibles, hagan valer su influencia. 

En fin. Desconocidos.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 27 04 15.

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