viernes, 4 de abril de 2008

EL DELTA

Es una buena noticia que el proyecto de Jean Nouvel para construir un delta en la desembocadura del viejo Turia se haya incorporado al planeamiento urbano de Heliópolis. Aunque un delta es una acumulación de aluviones en la que el río se divide en una intrincada red de brazos, y la vieja desembocadura fluvial hace decenios que está seca, no siempre lo estuvo.


El nuevo delta, una franja verde surcada de canales artificiales hará que el último tramo del río vuelva a ser navegable. Puedo dar fe de que lo fue. Al menos una barca cruzaba de orilla a orilla, ayudándose el barquero de una soga tendida de una margen a otra, y los chavales de doce años nos lanzábamos a esas aguas, con tanta temeridad como ignorancia, no ya por la configuración de sus fondos, sino porque sus caudales arrastraban toda la mierda sin depurar de la ciudad, que ya entonces era mucha, y la inmersión en esa sopa orgánica aseguraba un alto riesgo de infección. Tal vez, esa brutal vacuna es la responsable de que los de mi generación nos resfriemos menos.


Ahora Nouvel proyecta devolver la navegabilidad a ese tramo del viejo río, y con ella nos devuelve a nosotros a los tiempos gloriosos de la infancia y la primera juventud, cuando el agua era nuestro elemento natural y en los canales de riego de la feraz huerta que se confundía con los espacios urbanos, nos bañábamos desnudos, y las niñas coronadas de jazmín nos observaban, ocultas en los cañaverales, burlándose de nuestros cuerpos enjutos y angulosos, mientras el aire de abril, colmado de aromas vegetales, secaba nuestros cuerpos al sol..


Todavía no se había generalizado el uso de fertilizantes químicos, ni había apenas residuos industriales, por lo que los caudales que conducían aquellas acequias de riego, eran tan transparentes y estaban tan libres de sustancias químicas, como en los tiempos de árabes y romanos, antiguos usuarios del agua del Turia, o Guadalaviar, como aún lo llaman aguas arriba.


Informa el diario “Levante” de que el plan concentra la edificabilidad del proyecto en cuatro edificios de altura, liberando así mayor espacio público. Nouvel se opone a dar protagonismo al tráfico de vehículos en el nuevo espacio urbano, por lo que se estudia que el tráfico se corte al llegar al delta de modo que se genere un espacio verde continuo entre la desembocadura y la marina. Un espacio paseable, que podría ser también un lugar de la memoria, si a alguien se le ocurriera varar en el aquella vieja barca que hacía el recorrido entre las dos orillas, con la fuerza de los brazos del barquero, desplazándose con la ayuda de la soga tendida entre sus márgenes.


Ningún tiempo pasado fue mejor, pero las imágenes conservadas en los viejos armarios de la memoria son, en si mismas, como los restos arqueológicos que dan cuenta y testimonio de como era la vida cotidiana, antes de que el viento del cambio barriera los viejos modos pre industriales.


Ya no hay niñas coronadas de jazmines, ni aguas límpidas en las acequias de riego, ni siquiera las acequias que quedan son visibles ahora, y el aire de abril trae, junto a los aromas vegetales, las dioxinas de las industrias químicas, pero Jean Nouvel, al devolver la navegabilidad al viejo río, nos devuelve lo mejor de los tiempos gloriosos de nuestra infancia.


La gente de mi generación le debe a Nouvel, por restaurar nuestra memoria mas antigua, un sincero agradecimiento.


Por cierto, no se olviden de varar la barca. Le dará cierta autenticidad a la cosa.


Lohengrin. 4-04-08.

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