martes, 24 de marzo de 2015

LA MAÑANA

Anoche me acosté con la expectativa de una mañana tranquila, pero la voz de mi mujer a las siete de la mañana me ha confirmado que es una tontería albergar expectativas de cualquier tipo sobre lo que va a suceder, o no, y es mejor tener el ánimo siempre dispuesto para afrontar cualquier eventualidad.

La cosa es que una llamada al móvil nos ha informado de que mi hija, que reside en la pedanía de El Saler, sufre una indisposición pasajera y hemos de desplazarnos hasta allí para llevar a nuestros nietos al colegio.

De modo que me he visto leyendo la prensa y tomando un cortado en la terraza de Ca Pepe, a las ocho de la mañana. Afortunadamente, no llovía. Después de dejar a los chicos en el cole, he ido a la farmacia a por un suero oral, y al super a por una botella de zumo de manzana y otra de Acuarius, porque mi hija, cuando la ha asistido el médico, estaba bastante deshidratada.

Terminada esta incidemcia familiar imprevista, hemos regresado a Valencia.

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He debido ir a la agencia de viajes, porque hoy es el último día de plazo para ingresar el importe del viaje que tenemos previsto realizar a Benicassim el 27 de abril y había que recoger el papeleo para ingresar.

A continuación hemos ido al banco, de paso a sacar algo de pasta porque no tenemos un duro en casa, luego hemos pasado por el super, buscando un lácteo de Kaiku, pero nada, solo tenían marcas blancas o Danone, de quien no nos fiamos. 

Luego, como hoy me toca a mi guisar, me he puesto con las carrilladas, como no me queda Jerez, he puesto blanco verdejo, lo que le ha dado un tono excesivamente amarillento a la cosa, aunque el aroma, la verdad, es estupendo. He puesto la olla al fuego sin percatarme de que estaba mal cerrada, pero me he dado cuenta a tiempo y la cocción ha resultado perfecta, con esa textura melosa de las carrilladas que no a todos les gusta. 

No me pregunten lo que he leído en la prensa, no me acuerdo de nada. Si recuerdo unas fotos del cauce del Palancia inundado por las aguas y media docena de coches flotando por ese barranco que pasa por Sagunto, sin que nadie aperciba de sus riesgos hasta que ya es demasiado tarde.

Alguien hizo una carretera justo en la desembocadura de ese cauce, en la playa compartida por Sagunto y Canet y cada vez que el barranco se desborda, se lleva por delante esa carretera. Hay que ser merluzo para proyectar una carretera en semejante sitio. 

Las carrilladas ya están hechas, dentro de nada a comer y, esta tarde, debo enfrentarme a una disyuntiva. Me borro de teatro, después del fiasco de la última vez cuando, interpretando a Valle Inclán tuve un episodio patético de temblor esencial, o sigo como si no hubiera pasado nada.

No sé. De momento, no llueve, y esa ausencia de lluvia me invita a tener el ánimo dispuesto para cualquier eventualidad, y dejar de lado cualquier expectativa. 

En fin. La Mañana.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 24 03 15.

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