viernes, 12 de octubre de 2007

CONSIGNAS

En tiempos de guerra, las partes beligerantes solían lanzar mensajes, por medio de sus emisoras de radio, a los que llamaban consignas. Esos mensajes no trataban de difundir aspectos de la realidad, sino de influir en esa realidad, desconociendo los aspectos de la misma que no convenían a los intereses de quienes los emitían, o directamente, usando la manipulación y la mentira para moldear la opinión pública en la dirección del objetivo último que se perseguía, ganar la guerra. La comunicación se convertía así, en esas situaciones de excepción, en un instrumento mas de lucha al servicio de una causa, en cuyo uso no intervenían los libros de estilo, ni los defensores de los receptores de los mensajes.

En tiempos de paz no democrática, esa inercia continuó durante mucho tiempo. En España, el parte, palabra de connotaciones militares que muchos utilizaban para referirse al diario hablado de la radio oficial, marcaba las costumbres horarias de los españoles en la dictadura bajo el signo de las consignas.

Parece que estamos hablando del siglo pasado, pero basta con acercarse de vez en cuando a los mensajes que emite la televisión autonómica en Heliópolis, para reconocer, con una cierta repugnancia, el órgano instrumental en que han convertido los políticos en el poder, con creciente eficacia, un servicio público informativo que debería estar orientado a los intereses de todos los ciudadanos.

Asombra la facilidad con que se ha producido esa maniobra de apropiación, a partir de una consigna --la madre de todas las consignas-- Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro. Ese enfoque simple y ramplón, ha demostrado una eficacia extendida, tanto si se trata de economía, como de un tema sensible como la inmigración, y hasta de la meteorología. No importa que grandes empresas constructoras estén en quiebra, o que los sectores industriales, salvo excepciones, padezcan la precariedad financiera o investigadora crónica que los caracteriza, la imagen comunicacional que recibirán los ciudadanos, siempre será optimista, aunque no sea objetiva.

La comunicación no son solo palabras e imágenes, los gestos y actitudes de los comunicadores transmiten a veces tanto o mas que los contenidos. También aquí hay consignas. De otro modo no se puede entender que anoche, en medio de una situación meteorológica complicada, que hubiera exigido del buen sentido informativo alguna referencia a las alertas de protección civil, la locutora se felicitara porque estaba lloviendo bien, con una expresión convincente de optimismo vital, y los periódicos de la mañana recojan numerosas fotografías de los daños y perturbaciones en la vida ciudadana causados por los mas de cien litros por metro cuadrado caídos en una hora, circunstancia de la que los servicios meteorológicos habían alertado.

Me he preguntado porqué esa locutora adoptó esa actitud informativa, y la reflexión que hago es que no estaba en sus manos adoptar otra, porque cualquier aspecto presente, pasado o futuro de la realidad, debe pasar en esa casa el filtro informativo de la madre de todas las consignas, Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro.

Es razonable pensar que buena parte de los ciudadanos, sobre todo aquellos que no tienen o no desean ejercer su capacidad crítica hacia el poder, manifiestan una alta satisfacción en las encuestas, en buena medida por que se les sirve una imagen de la realidad filtrada por las consignas, lo que evoca la época de Goebbels, ministro de Hitler, que fue el precursor de la propaganda política desde los medios de comunicación, aunque los recursos que él empleaba se han visto de sobra superados por las tecnologías informativas disponibles hoy.

Otra reflexión que acude en seguida al hilo analítico es que estamos en democracia, pero algunos medios informativos se comportan como si hubiera una guerra, por la adhesión inquebrantable a las consignas políticas que exigen a sus profesionales, en realidad trabajadores o funcionarios, bajo pena de juicio sumarísimo, o con la promesa de gabelas y prebendas que retribuyen esa lealtad.

Ese sistema perverso de relaciones entre comunicadores y políticos ha producido un monstruo en Heliópolis, la televisión autonómica, que, si bien ha rendido grandes beneficios políticos a sus promotores, ha causado un daño duradero en la percepción objetiva de la realidad de los ciudadanos, aunque, a juzgar por las encuestas, les hace sentirse felices, que es el lado menos destructivo del asunto, a condición de que el despertar, antes o después, no sea demasiado brusco.

Y todo con una simple, ramplona y manipuladora consigna. Todo va bien, y si algo va mal, la culpa es del otro.

Es lamentable que la inexistencia de una oposición política operativa, aplace sin fecha la necesaria y urgente normalización de la televisión pública en Heliópolis, y la única opción que quede sea informarse a través de otros medios menos manipuladores.

Es una opinión.

Lohengrin. 12-10-07.

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