miércoles, 19 de mayo de 2010

PETER PAN Y WENDY

Hemos pasado el fin de semana en el monte. En una de las varias correrías por los innumerables senderos y caminos que abren entre los bosques los paisajes serranos encontré un lugar pintoresco, llamado por los del lugar la Fuente de la Toba. Un claro en el bosque, junto a la carretera comarcal, del que surge, entre peñascos, un caudal de agua algo disminuido.

El caño de la fuente estaba rodeado por un gran charco de agua, por el que solo se podía transitar haciendo equilibrios sobre unos troncos tendidos en el suelo de un modo precario. Igual que los niños pequeños tienden a pisotear los charcos que se encuentran en su camino, por pura diversión, sentí el impulso de llegar hasta el caño de la fuente, aunque el calzado que llevaba no era apropiado.

Antes de eso, me metí en un contenedor de basura para conseguir un vaso de plástico con aspecto de no haber sido usado. Mientras me dirigía hacia la fuente, con el vaso en la mano, para coger agua, ya metido en el charco, porque las habilidades de equilibrista sobre troncos no son lo mío, escuché a lo lejos los comentarios indignados de mi mujer. --Parece que tengas dos años. Es que no vas a madurar nunca. Mira como te estás poniendo. Ahora José Luís tendrá que traer el coche para recogernos, por tu culpa. Hay que joderse.

--Yo solo quería dar de beber a la perra-- me defendí sin convicción, porque, en el fondo, compartía la opinión de mi mujer y de su amiga que suele hablar de su marido en los mismos términos. Buena parte de los hombres conservamos rasgos infantiles, inmaduros, huellas del Peter Pan que fuimos en la infancia.

Antoni Bolinches, autor del libro 'El país de nunca jamás' (Grijalbo), referido a Internet, se ocupa hoy en 'Levante' de ese asunto, la inmadurez masculina. Antes de leer la entrevista a Antoni, he dado un vistazo a la página 13, “.. el dinero dedicado al gasto farmacéutico (en Heliópolis) para todo el año, se acabará en agosto..” Hostia. Cuando acabe esta entrada, bajaré a la farmacia y sacaré todas las recetas que tengo almacenadas, para reforzar el stock de seguridad del botiquín, lo que seguramente acelerará el agotamiento de esos fondos. En la última, Millás argumenta, 'Todo conduce a lo mismo', comienzas a escribir sobre fusilamientos, verdugos y balas de fogueo y acabas, como todo el mundo, escribiendo de la crisis y el tijeretazo. En las páginas de opinión sobrevuela un dilema político que afecta al insoportable y leve Camps, que está que se sale, pero no se sabe hacia donde, si hacia una reajuste enérgico de su gobierno, o hacia las elecciones anticipadas (En Génova, al parecer, no le dejan, todavía).

Además de a la inmadurez, tiendo a la dispersión, ustedes disculpen. Vuelvo al núcleo de la entrada de hoy, Peter Pan y Wendy. Antoni Bolinches establece una tipología para clasificar a aquellos hombres, supuestos adultos, que conservan rasgos en su carácter propios de la infancia, y los divide en seductores, narcisistas, serviciales, intelectuales. Joder, una reflexión sincera me dice que yo no soy del todo clasificable, puesto que reconozco en mi la presencia de esos cuatro rasgos a la vez, en menor medida el último.

Cuando era mas joven, mi mayor ilusión era dedicarme a polinizar a todas las Wendy que encontraba en mi camino, y me miraba demasiado al espejo. Esta última tendencia sigue presente. Esas dos actitudes confirman sin ninguna duda la presencia en mi carácter de la tendencia narcisista seductora, o seductora narcisista.

Ese impulso polinizador creo que tiene mas relación con la presencia de genes vegetales en mi ADN, que con las fábulas de los cuentos infantiles. Es una actitud generalizada en el mundo de las plantas, que se ponen guapas con la floración primaveral para polinizar el mayor número de insectos posible, asegurando así su reproducción.

La separación entre sexualidad y reproducción en la especie humana, cada día mas acusada, vuelve obsoleta la actitud seductora narcisista, puesto que los bancos de semen permiten a las Wendy polinizarse ellas mismas sin intervención del macho, lo que nos hace todavía mas patéticos a quienes todavía conservamos esos rasgos infantiloides, narcisistas, seductores, y mas o menos serviciales.

Lo que nos lleva, directamente, a la cuestión de la crisis social, económica, financiera, política, ecológica y energética, -me niego a usar el término sistémica ,es demasiado pedante- que asola el planeta y que tiene un origen, porqué no reconocerlo, de género, puesto que, pese a las cuotas ministeriales de Zapatero, a la presencia, mas bien escasa, de Merkel y otras mujeres notables en el poder político, económico y financiero, son los varones, mayoritariamente, quienes han generado esa crisis.

Esos hombres que, según Bolinches, mi mujer y su amiga, somos bastante gilipollas, inmaduros, conservamos rasgos infantiloides que determinan nuestra conducta, y nos dividimos en narcisistas, seductores, serviciales e intelectuales, y quien sabe si, además, conservamos los genes de cazador que nos impulsaban en el pasado remoto a actividades depredadoras y recreativas, reservando a las Wendy la administración sensata y razonable de los grupos tribales y las economías de las cuevas rupestres.

Si esta hipótesis tiene algo de razonable, cosa de la que no estoy muy seguro, la conclusión es evidente. Deberíamos sacar a los hombres de los salones del poder y confiarlo a las Wendy, que tienen una experiencia en el gobierno del mundo acreditada por el matriarcado que ya ejercieron en tiempos mas remotos.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN.COM) 19-05-10.

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