miércoles, 24 de octubre de 2012

IGUALES

Anoche vi en la tele una versión en cine de Luces de Bohemia, la obra de Valle Inclán en la que Máximo Estrella, un poeta alucinado, es el personaje principal, que interpreta Rabal, acompañado de una variedad de actores entre los mejores de la época, en particular Agustín González, que le da una réplica soberbia, y de Imanol Arias, que en su breve papel pone mas verdad que en sus diez años de trabajo en series de televisión.

Esa obra tiene aspectos muy actuales, indaga sobre la naturaleza de los hombres y deja claro que aunque 'todos los hombres parecen iguales', aunque lo sean en unos aspectos, los biológicos, por ejemplo, son radicalmente distintos en sus comportamientos ante la vida.

Cuento esto porque hace un par de semanas, en una comida con la gente de periodismo que acude a la tertulia de los viernes, y alguno mas que solo viene de tarde en tarde, uno de los asistentes, al opinar yo que es necesario regenerar nuestra clase política, argumentó: 'Niego la mayor, los políticos y la gente de a pie son exactamente iguales, tienen las mismas virtudes y defectos, las mismas pasiones y debilidades', algo así.

Me propongo demostrar que, aunque los hombres son iguales en muchos aspectos, son distintos en otras cosas y que, en particular, la clase política,  sobre todo la de ahora, es una variedad humana absolutamente singular y distinta de la gente de a pie.

(...)
Vamos a ver, que los humanos tengamos caracteres, regularidades y potencialidades semejantes, no es incompatible con que nuestras conductas sean radicalmente distintas, ante una cuestión que exige una cierta ética, una responsabilidad social, una conciencia de los otros, de modo que no se comportarán igual, digamos, un joven profesor de ética que acaba de ser elegido diputado, que alguien que lleva treinta años de ejercicio profesional de la política.

Su visión del mundo, su experiencia, sus flaquezas, no serán las mismas, y sus actitudes ante un conflicto social, seguramente tampoco. Cuando hablo de regenerar la política no estoy pensando en seres diferentes, sino en comportamientos que exigen un cambio de óptica, de actitud. 

El conflicto entre el poder y la gente de a pie es tan viejo, tan repetitivo, que en la historia de Valle Inclán aparecen guardias a caballo dando porrazos a las gentes indefensas por las calles de Madrid, y uno de ellos se refiere al enfrentamiento habido en Sol entre guardias y manifestantes.

El destino de los poderosos y los afligidos es tan distinto, que ya en esta película lo fija Imanol Arias en dos palabras, con una tremenda y lúcida sencillez cuando reconoce la oposición del poder del dinero a las aspiraciones de las clases populares, antes de que lo liquiden aplicando la ley de fugas. 

Cómo va a ser igual la clase política actual, que quienes rodean el congreso, si no sale prácticamente nadie a escuchar sus demandas, enmerdados como están en sus rutinas, sus procedimientos, sus presupuestos, todos ellos ajenos a las necesidades de las gentes. 

La clase política, en particular la de ahora, en la medida que es una representación del poder, que formalmente le ha sido delegado por el pueblo, se comporta, precisamente, con la incomprensión típica de todo mecanismo de dominio hacia los dominados, y solo una regeneración de sus miembros, una jubilación de los mas gastados por medio de listas abiertas que permita ingresar a gente menos contaminada por una larga deformación de ese ejercicio, permitirá que sus actitudes cambien, aunque no para siempre, de modo que, al igual que la obra de Valle Inclán muestra el carácter repetitivo de lo peor de la política, quienes ingresen ahora en ese mundo, en el supuesto de que un sistema electoral mas abierto lo permita, deberán ser relevados también a su debido tiempo, porque en una cosa si nos parecemos,  el ejercicio del poder, aunque sea delegado por medio del voto, nos desgasta y nos pervierte a todos. 

Es una imbecilidad decir que todos somos iguales porque, aunque haya ciertas constantes comunes a todos los humanos, sus actitudes cambian radicalmente según que pertenezcan a un grupo social dominante, o estén en el lado de los dominados. 

Solo hay que ver Luces de Bohemia, la película realizada sobre el texto de Valle Inclán, para comprobarlo y, de paso, entender mejor lo que está pasando ahora.

 En fin. Iguales.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 24-10-12.

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