martes, 18 de diciembre de 2012

CORNUALLES

Cornualles. Las llamadas de las gaviotas, la hiedra que trepa por las casas de piedra, el mar, siempre el mar, un mar que permanece inacabado, la belleza dura de la piedra y el delicado encaje de la espuma. Todos estamos hechos de la dureza de la piedra y la fragilidad de la espuma, a la vez.

Eso es lo que me fascina de Cornualles, me recuerda la complejidad de lo humano. Nunca estuve en Cornualles, así que todo esto es relativamente inventado, relativamente soñado, solo producto de algún fugaz fotograma visto desde una butaca de cine, o frente al televisor, no se, tal vez sea la expresión de un sentimiento de nostalgia de un lugar nunca visitado, de su cultura celta, de una taberna en el pueblo, del sol ocultándose visto desde el suroeste de Inglaterra, un lugar mítico, porque yo mismo construyo el mito para mi, me he quedado en la cama hasta las once, y no me he levantado hasta escuchar la llamada de las gaviotas en mi interior mas profundo.

Ignoraba que Cornualles estuviera en el suroeste de la costa de Inglaterra hasta que he consultado en Wikipedia, pero la imagen de sus barcos artesanales de pesca perseguidos por las gaviotas forma parte de mi experiencia de espectador de cine, aunque no se si aún se dedican por allí a la pesca, o se han hecho todos hosteleros.

Siento que lo mas parecido a Cornualles que he visitado son las costas gallegas, pero hace tanto tiempo que lo había olvidado. Esta evocación marinera, espontánea, improvisada, me devuelve los aromas a sardinas asadas de las tabernas en las parroquias gallegas, el olor a gasóleo y desperdicios que me sirvió para construir un personaje de un libro que nunca escribí,y otras sensaciones en relación con el tantas veces heroico modo de vivir de las gentes del mar.

Cornualles. Sospecho que nunca lo visitaré, pero hoy, en la duermevela, sin que sepa porqué, he tenido la fuerte sensación de estar inmerso en la dureza de sus rocas, el delicado encaje de su espuma, la hiedra que trepa por sus casas de piedra, aliviado por su sol, y entre las aguas de su mar, ese mar siempre inacabado.

En fin. Eso. Una Crónica de Cornualles, aunque nunca estuve allí.

LOHENGRIN CIBERLOHENGRIN. 18.12.12

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