domingo, 14 de septiembre de 2014

SILENCIO (EN LA SIERRA)

El silencio se impone en la sierra, antes de que se levante el viento, cuando llegamos a las diez de la mañana del viernes. El núcleo urbano mas cercano está a once kilómetros y en diez mil metros a la redonda no vive nadie, y si alguien vive, hoy no está.

Es un contraste tremendo el silencio absoluto en estos parajes y la presencia de los ruidos urbanos en la ciudad. Las sirenas de los bomberos, los avisos acústicos de las ambulancias, de los vehículos policiales, el trasiego del tráfico, toda una variedad de agresiones acústicas que llegan a saturar nuestros sentidos.

Junto al porche de la casa, el pino, al almendro y los lilos, no dicen nada, permanecen en un silencio meditativo.
 ....
El pino parece preguntarse, "¿de donde vengo? ¿adonde voy? ¿quien me ha plantado en este lugar tan exíguo donde, por mas semillas que dispongo no hay sitio para que crezca a mi lado un hermano? Ha debido ser un humano. Son crueles, algunos humanos, no?, condenándome a la soledad, ¿porqué?. 

Desde aquí veo a mi gente que habita las laderas de las colinas, son una multitud, pero no puedo comunicarme con ellos. Nosotros nos comunicamos, ¿lo sabían?, cuando el viento azota una arboleda sus rachas penetran el ramaje de cada uno de nosotros de un modo distinto, y a través de esa música vegetal nos hacemos llegar mensajes unos a otros. Porque, nosotros, sepánlo, también sentimos. 

¿Acaso cuando nos acuchillan no lloramos lágrimas de resina? ¿Acaso no nos reproducimos, como los humanos, aunque con diferentes modos de reproducción? ¿Acaso no morimos, como ellos? Cuando contemplamos el tocón que ha quedado de lo que fue un compañero, abatido por los leñadores, ¿no nos entristecemos? Y que decir de nuestro sentimiento de admiración,exento de envidia, al ver la verticalidad y la robustez de un compañero, que le augura una larga vida que quedará inscrita en sus anillos vegetales como ejemplo para todos nosotros....

La vida, la muerte, el dolor, la reproducción, la soledad, la comunicación, tambien existen entre nosotros, a nuestro modo vegetal. En adelante, cuando piensen en plantar un pino y condenarlo a la soledad, escuchen antes el lamento que acompaña el crugir del viento entre las ramas de un árbol solitario." 

El viento se levanta y me priva de atender el pensamiento silencioso del único pino plantado junto al porche. El lilo no parece pensar en nada. Sus hojas agostadas, aunque estamos en septiembre, el mas caluroso de los últimos 64 años, he leído, parecen contradecir los efectos benéficos de la reciente lluvia, los caminos presentan la huella de los proyectiles de la lluvia, pero el terrible viento de poniente de ayer, jueves, ha anulado sus efectos.

Me entretengo con una primera cosecha del almendro, limitada tan solo a aquellos frutos que presentan su chaqueta de terciopelo abierta. Media cesta y lo dejo. Los días que permanezcamos aquí repetiremos esa operación una y otra vez, hasta dejar el almendro desnudo de sus frutos. La cosecha que ofrece al árbol es grande, pero los frutos son pequeños por la condición seca del año. Hay quien dice que lo que pìerde en tamaño el fruto, lo gana en sabor. Ya se lo diré. Primero hay que extender los frutos recogidos para que se sequen. Luego, ya se verá. 

El viento prevalece en el tercer y último día de nuestra estancia en la sierra, y su música sustituye al silencio, pero, tanto el silencio como el viento, se me antojan hoy infinitamente mas agradables que el ruido urbano. Sí.

Hola, de nuevo.

En fin. Silencio. 

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 14 09 14.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios