martes, 2 de julio de 2013

ESCRIBIR

Acabo de volver de Mercadona con el carro medio lleno; cervezas de las baratas, agua de Bronchales, una malla de patatas, para la ensalada de merluza con patatas y mahonesa, plato barato donde los haya, jamón serrano, Encarna me ha echado la bronca porque es de Trévelez, para compensar un paquete de hojas de afeitar desechables, de esas que cuando te pasa la hoja por la cara, te despelleja, un melón, entero, si, con lo que eso tiene de misterio, nunca sabes lo que va a salir al abrirlo, una caja con pastillas de caldo de carne, Knorr, nada de gallina blanca, creo que esa compañía es de Disney, no?. Y lo de la pechuga de pollo, merece comentario aparte.

Los de Mercadona tienen tanto morro que vas al mostrador del pollo, pides una pechuga, para las croquetas de la abuela de mañana, y te dicen que no hay. Te señalan el mostrador de los envasados y allí encuentras un paquete de pechugas que cuesta, ¡cinco pavos!, casi mil pelas. Y una mierda. He terminado la compra, he pasado enfrente a la pollería y he encontrado una soberbia pechuga, así como de urogallo, por menos de la mitad.

¿Porqué cuento esto?, fácil, cuando escribes todos los días, unas veces, pocas, te sale una cosa lúcida, casi siempre, una cosa torpe, pero, vamos a ver, si el gobierno ha puesto a un tertuliano torpe de ministro de Educación, un tal Wert, creo, que todos dicen que cada vez que habla hace subir el precio del pan, porque siempre la caga, ¿no voy a poder yo dispersarme en la entrada del día con asuntos domésticos?. A ver.

(...)
Con la lucidez que me caracteriza, sobre todo los días pares, creo entender porque el gobierno ha puesto a un tipo como Wert en el ministerio de Educación. Quieren cargarse la Educación Pública, porque, apoyándose en los viejos tópicos de Maquiavelo, están convencidos de que es mas fácil gobernar a los tontos.

Subestiman un hecho repetido a través de la historia, cuando los tontos nos cabreamos, les podemos hinchar un ojo con mayor violencia y eficacia que lo harían los reflexivos y mas documentados. Se ve que no miran la tele. Solo hay que ver la plaza esa en Egipto, como está de movida.

Hay que suponer que en Egipto hay menos universidades que aquí, pero eso no quita para que tengan mas huevos que nosotros y hayan puesto a su presidente del gobierno al borde de la dimisión, mientras que si hubieran estado ocupados sacando un doctorado en ingeniería aeronáutica, por decir algo, molestarían menos. ¿No?

He aquí, una versión revisada de las sentencias de Maquiavelo. Un pueblo culto, formado, con un gran porcentaje de licenciados y doctores entre su población es mas crítico, pero menos violento en sus planteamientos ante quienes llevan a cabo tareas de gobierno. ¿Te enteras, Wert?. 

No se entera. Evidentemente, es mas torpe que yo, lo manifiesta mas a menudo, cada vez que declara públicamente, sobre las limosnas y todo eso. Yo también soy torpe, lo reconozco, pero solo los días impares.

De todos modos, el tema de hoy no es Wert, no tiene contenido suficiente para dedicarle una página entera, sino la manía de escribir. Supe que mi afición por escribir tenía un tono maníaco la semana pasada, cuando un virus cabrón me dejó hecho polvo el sistema operativo y estuve varios días sin poder emplear mi tiempo en ese vicio. 

Por cierto, no he debido ser yo solo la víctima de las acciones de secuestro virtual, cada vez mas frecuentes y extendidas. Ayer fuimos a Carrefour a por unas zapatillas para Encarna --no se las compró, claro, al final siempre las compra en el mercadillo-- y vi en una farola en la calle un papel pegado de alguien que se ofrecía para eliminar los virus y sus efectos, a domicilio. 

Escribir puede ser una cosa tan rara, tan extravagante, como uno sea de raro y extravagante. No estoy hablando de los profesionales que se tiran seis meses estudiando mapas, localizaciones, dibujando personajes, para obtener un tocho de setecientas páginas que tendrá una lógica interna en su narrativa como los mecanismo de los relojes suizos, si es que tal cosa aún existe. 

Hablo de quienes nos sentamos ante el teclado sin ninguna intención previa, sin saber de que va a ir la cosa y, poco a poco, según va saliendo,  intentamos que parezca coherente algo que no lo es, por lo menos es mi caso, que practico lo que en tiempos de los surrealistas se llamó la escritura automática, algo parecido a las declaraciones surrealistas del ministro Wert, quien, a diferencia de sus colegas, que nunca dicen lo que piensan, nunca piensa lo que dice.

Escribir, aun de esta manera, creo yo que es un medio de enriquecimiento personal. Mientras usas de ese modo el tiempo, te olvidas de la tentación de arrojar una piedra a alguien que viaja en coche oficial. A veces, la escritura, te acerca a la reflexión, mas o menos crítica, mas o menos positiva.

Ahora que el pensamiento positivo comienza a invadirlo todo, desde los eslóganes propagándisticos, tratando de darle la vuelta a una realidad poco gratificante, mi opinión es que hay que intentar alcanzar un grado constructivo de crítica destructiva. 

Es decir, algo que destruya completamente las estructuras obsoletas, y comience a construir las nuevas, que sin duda volverán a ser viejas no tardando mucho, porque la condición humana es así, pero nos acerque a un tiempo ilusionante en el que creamos, por unas décadas, que hemos alcanzado un mundo mejor. 

Vaya. He comenzado hablando de Mercadona y, ya ven, aquí estoy pensando en el diseño de una sociedad renovada. Ven, a eso me refería con la manía de escribir, nunca sabes hasta donde te va a llevar. 

En fin. Escribir.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 22-07-13.

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