miércoles, 7 de mayo de 2014

LUNA Y GATO Los amantes del Trópico

En la tarde de ayer conduje a mi nieto menor hasta el polideportivo de Alfafar, para su clase semanal de natación. Por el camino dijo algo, con mucho aplomo, que me sorprendió. Luna es mi novia.

Desconozco los rituales que pueden llevar a una pareja de niños de cinco años a reconocerse como novios, porque he leído poca literatura infantil, pero puedo imaginarlos debajo de un mandarino contándose sus cosas, con la misma afinidad, o complementariedad, en sus gustos y temperamentos que cualesquiera otras personas.

No es la primera vez que me sorprendo escuchando a un niño, a veces porque emplean expresiones adultas, impropias de su edad. La razón, creo yo, es la influencia de la tecnología en la maduración y asombrosa diversidad que presentan los niños de las últimas generaciones, sobre todo, en su vocabulario, y si nos sorprendemos es porque no observamos con atención sus hábitos y la influencia de los mismos en su desarrollo.

Estoy hablando, sobre todo, de la televisión, esa cosa tan denostada pero que, a mi parecer, es la causa de que una hora diaria de atención a los dibujos animados, o a las series juveniles, cuando son subtituladas, les proporcione una formación, un vocabulario, exponencialmente mas diverso y numeroso que el que pueden obtener en una hora de farragoso dictado escolar, a veces, solo con unas docenas de palabras.

Estoy convencido de que esa y no otra, es la causa de que las generaciones actuales de niños manejen un vocabulario mucho mas extenso del que sería de esperar, o del que manejamos los niños de mi generación.

Yo me crié entre cajas de cartón que contenían los cómics que nos enviaba desde México D.F. un familiar exiliado. Tal vez esa sea la causa de que ahora, de viejo, haya escrito unos cuatro millones de palabras en el blog. Esto significa que las experiencias tempranas con el lenguaje, condicionan el uso que hacemos de el de adultos.

Entiendo que la mayor diversidad infantil en el uso del lenguaje no excluye la mala calidad de algunos términos impropios, que tambien reciben por el mismo medio, pero sostengo que el peso de la diversidad compensa, de sobra, esa mala calidad que puede colarse en ese proceso de aprendizaje espontáneo.

Intuyo que, en  un par o dos de nuevas generaciones, los niños educados en el lenguaje audiovisual, en televisión, en los juegos, en las tabletas, en los móviles, darán como resultado un salto cualitativo generacional, al menos, en la diversidad de su vocabulario.

Supongo que una afirmación como esta es discutible, habrá expertos que piensen lo contrario. Yo leí mucha psicología infantil en mis años mozos, Piaget y todo eso, pero ya olvidé los argumentos que tendría que usar ahora, así que solo estoy dando una opinión. Que los niños aprenden mas ahora, y mas deprisa, en el entorno tecnológico que los rodea, que lo hicimos nosotros, en el tema del lenguaje, copiando al dictado en la libreta fragmentos del Quijote, si.

Vuelvo al principio. Mi nieto, naturalmente, no se llama Gato, pero la imágen de un felino aúllando a la luna en la noche clara de una isla jamaicana, mientras la brisa acaricia las hojas de las palmeras y al fondo se escucha una canción de Bob Marley, me parece mas discreta que dar nombres completos.

En fin. LUNA Y GATO Los amantes del Trópico.

LOHENGRIN )CIBERLOHENGRIN) 8 05 14.

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