lunes, 29 de marzo de 2010

ANSIOLÍTICOS

Ayer disfruté como un enano leyendo a Ferlosio en 'El País'. Una página entera, la cuarta de Opinión, bajo el título 'Pecios. No, si yo ya me iba.' Para mi sorpresa, lo entendí todo. Hace unos años, cuando leía a Ferlosio no alcanzaba a entenderlo. ¿Quiere esto decir que el paso de los años me ha hecho más sabio?. Creo que no. La edad no nos vuelve mas sabios a los tontos, en todo caso nos hace mas tontos todavía. Mas parece la evidencia de un deterioro cultural de la sociedad contemporánea, que en lugar de estimularnos para entender la excelencia, fuerza a los excelentes a degradar su nivel para poder ser entendidos.

Me detuve en una parte del contenido de la página que me llamó la atención, Ansiolíticos, en la que Ferlosio apunta como verosímil que la idea de que las crisis son generadoras de amenazas, pero también de oportunidades , tiene su origen en el pensamiento positivo importado de la cultura norteamericana, esa cosa recurrente con la que nos dan la paliza en las publicaciones periódicas de toda laya, para que nos desprendamos absolutamente de la negatividad, como si decir no en el momento oportuno no fuera una fuente importante de sosiego intelectual y ético.

Es posible que lo que Ferlosio denomina ansiolíticos occidentales del tipo 'pensamiento positivo', con la carga de narcótica falacia que les atribuye, estén presentes en esa doctrina dominante en la psicología y en la retórica política de hoy, que suelen insistir en la dualidad de la amenaza y la oportunidad en un mismo suceso, pero si es así es como consecuencia de una apropiación, porque su fuente originaria es otra.

Antes de precisar mas mi opinión sobre el origen del concepto de amenaza y oportunidad aplicado al mismo suceso, quiero aclarar que lo hago para los usuarios del Blog, puesto que he usado con frecuencia ese concepto en diversas entradas , sobre todo al referirme al cambio climático, y no con ánimo de polemizar sobre un artículo que es, como su entradilla expresa, una reflexión con humor.

La idea de amenaza y oportunidad referidas a un mismo suceso, es el núcleo teórico de la planificación estratégica que, muchas décadas antes de que se pusiera de moda el pensamiento positivo, ya se enseñaba en las escuelas empresariales como una disciplina que tuvo el efecto, además de incorporar ese concepto, de introducir la definición de objetivos y la planificación plurianual en los entornos empresariales que hasta entonces limitaban su punto de vista al corto plazo, a un año, generalmente.

La planificación estratégica fue un recurso militar, antes de incorporarse a las disciplinas empresariales, y su origen no es norteamericano, sino oriental. Fue un filósofo y guerrero chino quien la inspiró, anterior en varios milenios a Mao, cuyo nombre no puedo citar aquí, porque lo he buscado en Wikipedia sin encontrarlo, porque no suelo anotar en fichas las cosas que voy aprendiendo, y los apuntes del curso de planificación que realicé hace decenios creo que los arrojé por la ventana en una tarde ventosa.

Para entender el concepto de amenaza y oportunidad en un mismo suceso en su sentido originario, hay que situarse en una llanura china y visualizar a nuestro general y filósofo al frente de su ejército mientras las tropas enemigas lanzan un ataque frontal contra sus huestes. Ese ataque es, en efecto, una amenaza. Una maniobra envolvente por los flancos del general atacado que le permita situar a sus tropas en la retaguardia enemiga, sería la oportunidad vista por el general para convertir una amenaza de derrota en una oportunidad de victoria.

Poniéndonos menos militaristas, podemos aludir a un concepto central de la cultura y la filosofía orientales, la idea de dualidad, presente en todas las variantes del pensamiento de Lao Tsé que han penetrado la cultura occidental, ya saben, el taoísmo, el yin y el yang, y todo lo demás. La idea de amenaza y oportunidad aplicadas a un mismo suceso, tiene, a mi juicio, una clara influencia oriental, aunque su puerta de entrada aquí haya sido, como casi siempre, la cultura norteamericana.

Es cierto que, como dice Ferlosio, la noción de oportunidad en tiempos de crisis, además de ser ofensiva para mucha gente que lo está pasando mal, puede ser utilizada como una herramienta falaz y narcotizante. Es lo que pasa con las herramientas, desde que los hombres se hicieron con la primera. El drama de todas las civilizaciones que en el mundo han sido es el mal uso, con daños incalculables para la gente, que han hecho las castas con poder de esas herramientas.

Un martillo puede servir para construir una casa de madera o para descalabrar al vecino, pero el problema no está en la herramienta, sino en el mal uso que se hace de ella, y esta realidad, me parece a mi, no tiene nada que ver con el pensamiento positivo, sino con la naturaleza humana que, siendo manifiestamente mejorable, no mejora visiblemente con el paso de los siglos.

Toda herramienta puede ser una fuente de felicidad, o de desgracia, y el concepto de oportunidad, precisamente en épocas críticas, económicas, climáticas y éticas, tal vez pueda servirle a alguien, aunque seguramente no a todo el mundo.

Cuando Ferlosio se estrenó como académico, su discurso de ingreso fue publicado por 'El País'. Trataba sobre carácter y destino y para mi fue una herramienta valiosa, pues me hizo reconocer que los espacios de libertad que proporciona el carácter, ayudan a sobrellevar la dureza de la noción de destino.

Aunque Ferlosio reproduce un refrán sefardí que 'nos amonesta contra cualquier tentación de atribuir ningún poder a la palabra', 'La palabra dice, no hace', las palabras también son herramientas de comunicación y a veces 'pueden', o sea, tienen el poder, de hacernos mas lúcidos, o menos tontos, o nos consuelan de la iniquidad del destino, haciendo ver los espacios de libertad que se pueden alcanzar a través del carácter.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN.COM) 29-03-10.

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