lunes, 7 de noviembre de 2016

MERCADO CENTRAL

Hay algunos mercados, municipales, o no, que trascienden su fama meramente local y son del conocimiento de viajeros y turistas.

Ahora mismo me acuerdo del Mercado de la Paja, en Florencia, que visité con mi mujer hace veinte años, en el que hasta los puestos que vendían camisetas disponían de una 'bacaladera' para pagar con tarjeta de crédito compras cuyo importe no llegaba a las quinientas pelas, entonces, aquello nos pareció una innovación pues aquí solo circulaba el efectivo en esos lugares, y a veces, te robaban la cartera mientras paseabas por allí.

El mercado de pescado veneciano me impresionó, por el tamaño de los ejemplares que dormían en sus puestos, a la espera de despertar en las cocinas de los compradores. Un mercado que nunca hemos visitado, y tal como está la situación geopolítica en ese país, Turquía, creo que de momento no visitaremos, es el Gran Bazar de Estambul, del que los amigos y familiares afortunados que lo han pateado afirman que no hay otro igual en Europa.

En España, hay algunas ciudades que gozan de justa fama por sus mercados. En Barcelona, está el mercado de la Boquería. Lo hemos visitado un par de veces, y me parece que su fama está sobredimensionada, ni el edificio que lo acoge tiene interés arquitectónico, ni su dimensión responde a las expectativas que despierta en quien decide visitarlo, pero ya se sabe que los catalanes son los mejores para promocionar lo suyo y, además, la Boquería tiene connotaciones literarias, pues las plumas más conocidas del periodismo y la novela han descrito el ambiente alcohólico intelectual que se vivía en sus alrededores en el apogeo de la movida catalana.

Cada vez que visitamos Madrid, para conocer las novedades de sus museos, nos gusta ir al Mercado de San Miguel, y/o al de San Antón, dos mercados que han sido remodelados para convertirlos en espacios modernos, lúdicos, muy bien acondicionados, donde los puestos tradicionales están siendo  sustituidos casi en su totalidad por establecimientos de hostelería.

En mi opinión, el rey de esos mercados tradicionales que todavía subsisten con su esencia original, aunque se va poblando poco a poco de puestos más modernos, es el Mercado Central de Heliópolis, porque reúne los elementos que los demás mercados ya no tienen.

Su arquitectura, su dimensión, la naturaleza, variedad, y enorme oferta de los productos que allí se muestran, hacen del Central el mercado más visitable de los dedicados a la oferta tradicional de frutas, verduras, carnes, pescados, delicatessen, productos panaderos, sin descuidar las cervezas artesanales, las catas de vinos y aceites, y los puestos hosteleros que van surgiendo, algunos de prestigiosos chefs.

La espectacularidad de su arquitectura modernista está fuera de toda duda. Su enorme dimensión, también, con múltiples puertas que dan a diferentes calles, a La Lonja de la Seda, a la Iglesia de los Santos Juanes, a la calle Calabazas, un complejo arquitectónico que no tiene parangón en ninguna otra ciudad de España y que, desde que se conoce un poco más por la gente de fuera, recibe tal cantidad de visitas que pasear entre sus puestos sin perderse se convierte, a veces, en una odisea.

El sábado me perdí al visitarlo con mi mujer. No es que me perdiera exactamente, sino que nos separamos, mi mujer se fué al pescado para comprar cuatro alas de raya, yo me aventuré en las herboristerías, intentando encontrar cigarrillos herbales, y ya no pudimos encontrarnos en el puesto de la pollería donde habíamos quedado, porque, aunque tomé referencias del lugar, para poder volver a él, mi escaso sentido de la orientación espacial perturbó mi búsqueda por las múltiples calles interiores que separan la infinidad de puestos que las flanquean, algunos tan semejantes que te confunden al intentar orientarte.

Después de veinte minutos de búsqueda infructuosa de la pollería donde esperaba mi mujer, probé varios recorridos entre las calles llenas de una multitud que se apretujaba en su deambular entre los puestos, desanimado por mi incapacidad para reconocer y encontrar el lugar que buscaba, me dirigí a la puerta que dá a la Lonja de la Seda, seguro de que mi mujer aparecería, antes o después, por allí.

Luego supe que mi mujer permanecía en el puesto de la pollería, segura de que yo aparecería, antes o después, por allí.

Comenzaba a ponerme nervioso la espera infructuosa en aquella puerta, sin que mi mujer apareciera, salí un par de veces a fumar un cigarrillo, hice otro intento de localizar el puesto que buscaba, sin resultado.

Entonces, me fijé en un joven que llevaba puesto un uniforme que acreditaba su condición de encargado de la Seguridad en el mercado, lo relacioné con la megafonía que anunciaba por los altavoces de Información  una paella gigante que se ofrecería al día siguiente a los usuarios y visitantes del mercado, y  la mascletá que se dispararía junto al ayuntamiento, en conmemoración de los 100 años de existencia del mercado, y me dije, !salvados!.

El guardia de seguridad me acompañó a la oficina de Información, situada junto a la puerta de Calabazas y una amable joven divulgó por el altavoz el nombre de mi mujer, que de inmediato apareció, después de una hora de angustioso desencuentro.

Nos abrazamos estrechamente para expresar la alegría del encuentro, mientras el guardia nos hacía una foto con su móvil para fijar ese momento, y nos pedía información para enviarla a nuestro teléfono, si así nos parecía.

La visita al Mercado Central de Heliópolis, así me gusta llamar a Valencia, no sé porqué, fué algo más que el clásico desplazamiento rutinario para comprar pescado fresco. Debido a mi deficiente orientación espacial, es cosa de familia, la sensación de extravío que sufrí durante una hora, me causó tanta zozobra, como alegría sentí cuando me reencontré con mi mujer, después de la angustiosa espera.

Por cierto, nos volvimos a casa con unas buenas alas de raya, que cayeron a mediodía con un blanco verdejo frío, pero no encontré ni rastro de los cigarrillos herbales que busco desde hace días, en ninguno de los puestos de las herboristerías presentes en el mercado.

En fin. Mercado Central.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 7 11 16.

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