martes, 14 de octubre de 2008

SECUESTRO

El entrañable diario de mi pueblo pone hoy en su titular mas gordo la expresión Plan de Rescate, para referirse a la intervención de los gobiernos en los mercados financieros. Si ha habido rescate, es que hubo secuestro, digo yo. Conocemos, mas o menos, las sumas que ha habido que depositar en varias valijas y hacerlas llegar a los lugares indicados por ellos, pero no la identidad de los secuestradores.

No me parece mal que el mismo periódico que alude al rescate, silencie en su editorial indignado en demanda de castigo, el nombre de los secuestradores, a pesar de que el suplemento financiero de El País del domingo llevara media página con nombres, apellidos y retribuciones (seguramente sacados de alguna Web).

Parece prematuro buscar responsabilidades en las conductas individuales en un asunto en el que está implicado medio mundo. Las clases medias europeas y norteamericanas no le hicieron ascos en su momento, incluidos empresarios medianos, pequeños y mínimos, a desviar recursos de la economía productiva para jugar a la ruleta especulativa.

Siendo como somos, si tenemos demasiada prisa con los nombres, podría ocurrir que apareciera otro Mc Carthy lanzando una cruzada indiscriminada contra los capitalistas perversos, como antaño se hizo contra los comunistas endemoniados, para el exclusivo interés personal del cruzado.

Parece que entre los “Amos del universo” (Tom Wolf) y los hombres de la “Tecnoestructura” (Galbraith) se encuentran, efectivamente, los secuestradores, pero la prudencia exige, en lugar de indignaciones centradas en colectivos enteros, que la justicia actúe si ha habido quiebras fraudulentas y delitos económicos tipificados, porque lo contrario sería culpabilizar a un grupo social de la codicia que ha alcanzado a muchos mas.

Quienes han secuestrado el sistema, tal vez lo hicieron para su propio enriquecimiento personal, pero lo pudieron hacer porque había una demanda universal de rápido enriquecimiento especulativo. En Heliópolis, cualquier empresario mínimo descapitalizó su empresa y compró para revenderlos, porque estaba bien visto, un ático de lujo en la Avenida de Francia y un apartamento muy espacioso en alguna plaza recoleta frente a un palacio o convento.

Ahora que se va a pagar el rescate, los que han abandonado a tiempo esa vorágine especulativa, estarán pensando, supongo, en distribuir su millón o dos de Euros de depósitos bancarios, entre veinte entidades, para gozar, mediante el adecuado redimensionamiento de sus depósitos, de la medida “social” de proteger los depósitos bancarios hasta la cifra de cien mil euros por entidad y depositante.

Eso, si no se los han llevado fuera, porque es bastante elocuente el silencio de las entidades financieras establecidas en Andorra y otros lugares de privilegio para el ahorro bancario, sobre la situación y el volúmen de sus depósitos.

Nada de esto, en el entorno en que ha ocurrido, parece que se pueda calificar de delito. Si así fuera, nos veríamos obligados a rescatar el viejo adagio bíblico sobre la lapidación, “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Otra cosa, es que todo ello sea el resultado de una descomunal falta de ética, de responsabilidad social, o de moral colectiva, según sea la perspectiva de cada uno.

En resumen, si hay culpables, queremos conocer sus nombres, pero solo después de que se haya establecido la existencia del delito por la vía judicial, y haya condenas firmes, si es el caso.

Por otro lado, no son solo los “amos del universo” y los hombres de la “Tecnoestructura” quienes se dedican al secuestro de partes del sistema, o de sistemas enteros. Y no residen solo en Wall Street.

Sin ir mas lejos, en Heliópolis hace tiempo que los partidos secuestraron las estructuras de gobierno de las cajas de ahorros, y en ocasiones puntuales, cuando les conviene, secuestran la voluntad popular. Font de Mora ha secuestrado una parte del sistema educativo, la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y la borrasca que no nos abandona desde hace dos semanas, ha secuestrado durante esos quince días, sin que podamos identificar un culpable, una de las condiciones que mejor define la vida en Heliópolis, el tiempo soleado. Por favor, que alguien pague el rescate, ya.

Lohengrin. 14-10-08.

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