miércoles, 3 de diciembre de 2008

ENTREVISTAS

Las entrevistas fugaces que realiza la Sexta a los diputados que entran o salen del Congreso parecen un entretenimiento inocente, pero, en ocasiones, el modo casual y espontáneo con el que se aborda en la calle a los distintos entrevistados, y las preguntas imprevisibles, ofrecen un retrato mas exacto del personaje, que aquellas otras fórmulas periodísticas, generalmente realizadas por un comunicador de prestigio, en las que el entrevistado larga durante una hora sobre cuestiones que han sido sometidas a un cuestionario previo, despojado de los temas mas incómodos y pactado de antemano.

La generalización de este tipo de entrevistas de, aquí te pillo aquí te mato, ha exigido que los gabinetes de prensa y los asesores de comunicación de los partidos hayan entrenado a sus representantes mas emblemáticos para enfrentarse a esas nuevas formas periodísticas, y cuando ves las imágenes y escuchas lo que dicen, enseguida te haces una idea de quienes han acudido a esas clases formativas con provecho, y quienes no lo han hecho.

En la variada fauna de políticos que acuden al Congreso con regularidad, hay de todo, en su modo de comunicarse con los periodistas que los abordan. Moragas, por ejemplo, es el número uno en mantener un tono jovial y cómplice, como de broma, lo que le ahorra muchas metidas de pata, y de paso de una imagen de cercanía, que para si quisieran otros. Su naturalidad te hace suponer que el es así, que ni siquiera ha acudido a clases de formación especializada, lo que, sea o no cierto, es el mejor elogio que puede recibir un político en materia de comunicación.

Otros, como González Pons, hacen uso de una habilidad distinta porque, si bien es cierto que no se deja pillar, lo hace con un estilo que siempre busca que prevalezca su superioridad sobre quien le pregunta, y hace un uso demasiado ostensible de su supuesto ingenio en las respuestas. Le falta algo de humildad, deja claro que esa no es una de sus virtudes.

La ministra de igualdad, en cambio, nunca deja de colocar en las respuestas los lemas de su partido, con una elocuente seriedad que no cuadra demasiado con la persona poco experta que es, o dicho de otra manera, solo experta en la dialéctica de asambleas y reuniones de partido, que se aprecia enseguida que es lo que constituye, sobre todo, su experiencia política.

En otros parlamentarios, como un diputado socialista al que preguntaron anoche, Marugán creo que se llama, se aprecia un cinismo y un desinterés por los necesidades y los asuntos que interesan a sus votantes, rayano en el desprecio. Se apreció claramente cuando le preguntaron por la cuantía del salario mínimo. En general, los parlamentarios socialistas preguntados por ese dato, aludieron a que es una referencia para las prestaciones sociales, mas que una cifra de la economía real. En esa respuesta se ve su alejamiento de la realidad, porque ese salario, que tiene el carácter de mínimo, no solo existe, sino que muchos empleadores lo consideran un máximo, algo que la legislación vigente les invita a no rebasar, aunque en Madrid, donde los diputados residen, no sea exactamente así.

En este país, la relación entre políticos y ciudadanos es muy peculiar. No tengo claro si los políticos ignoran a los ciudadanos porque no les quieren, o muchos ciudadanos desprecian a los políticos porque no se sienten queridos por ellos, o es que ambas cosas están implicadas en las difíciles relaciones entre unos y otros.

He escuchado en ocasiones a ciertos políticos quejarse de las críticas de los ciudadanos cuando, si no fuera por ellos, --decían-- las cosas no funcionarían, y en ese argumento subyace la idea de que no se sienten queridos y se les trata injustamente. Del mismo modo, oigo renegar de modo cotidiano a la gente de a pie en conversaciones de café, de los políticos, de su falta de integridad e interés por las cuestiones que afectan a quienes les han votado, o no.

Esta sensación de falta de entendimiento entre legisladores y legislados, puede que responda o no a la realidad social, pero como solo oigo sondeos que se refieren a la aceptación de determinadas personas en el poder o en la oposición, me faltan elementos objetivos para confirmarla. Sería bueno que se hiciera una investigación exhaustiva que pusiera en claro cuales son las relaciones y las opiniones entre ambos grupos, los políticos y los demás ciudadanos, que a mi me parece un elemento esencial del funcionamiento de la democracia.

Aunque, la verdad, no se porqué me preocupo por estas cuestiones tan formales porque mis raíces son libertarias y el grupo de personas que comparte esas raíces, nunca pensó que las democracias formales sirvieran para una eficaz atención de las necesidades de los ciudadanos, por eso prefieren la democracia directa, aunque, por ahora, la insuficiencia en la ciudadanía del grado de formación cívica necesaria para prescindir de intermediarios profesionales en la organización de la vida social, hace de esa aspiración una utopía.

Viendo a tipos como Marugán en la tele, lamentas que la marcha hacia esa utopía sea tan lenta.

LOHENGRIN. (CIBERLOHENGRIN.COM) 3.12.08.

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