lunes, 12 de septiembre de 2011

VOLVEMOS DE MADRID

"El taxi llegó pronto y nos dejó enseguida en la estación del AVE. Antonio, el pintor, y Lola, no se hicieron esperar demasiado y viajamos en un vagón junto a cuatro curas de paisano, que parecían tener muchas horas de vuelo, y hablaban de próximas bodas que debían oficiar, mientras por la ventana se deslizaba a gran velocidad un paisaje de viñedos y eriales, aunque al pasar junto al embalse de Contreras el agua llegaba al borde del pantano.

Antes siquiera de terminar de concretar el plan de viaje, la voz con tono metálico de la azafata anunció por los altavoces que estábamos entrando en la estación de Atocha.

Llegamos al hotel y una amable recepcionista nos permitió usar una de las dos habitaciones que habíamos contratado para entrar a las tres de la tarde, aunque aún eran las diez, para dejar el equipaje y asearnos un poco.

Luego, salimos al Paseo del Prado, torcimos por la segunda a la izquierda, y subimos por Huertas pisando los versos de León Felipe.

(..)
Seguimos hasta la Plaza de Santa Ana, de allí hasta Sol y Mayor y, en ese momento, abrí los ojos y vi una muchedumbre llenando las calles, una explosión de celebración urbana bajo el sol castellano.

El mismo sol que, no hace tanto, secaba la piel amojamada de los ahorcados a la mayor gloria de Carolo III, cuya estatua ecuestre vi en la plaza. Madrid está lleno de pijos fundidos en bronce que se dejan cagar por las palomas encima de un pedestal, marqueses especuladores, reyes mas o menos degenerados, y pintores mariquitas, pero la mejor colección de esculturas neoclásicas está en sus tejados.

Subimos hasta la Plaza Mayor y salimos por la Puerta del Oeste, porque nuestro primer objetivo en este viaje de fin de semana es el Mercado de San Miguel. Lola lo ha organizado así, arte y mercados, aunque la cosa ha ido luego por mercados, deportes y arte, suele pasar.

El Mercado de San Miguel nos pareció, antes que nada, una boutique de delicatessen
,nos dimos un par de vueltas y, como teníamos hambre, nos detuvimos en uno de sus puestos. Una crep de queso, otra de carrillera, un pincho de ventresca y otro de gordales, muy bien ensartadas. La cerveza en otro sitio, que allí cada uno se dedica solo a lo suyo.

Luego buscamos un precario sitio de los que hay en el mercado para el autoconsumo
y ahora, viendo el ticket de lo consumido, estoy alucinado. ¿Saben como se llama el sitio de las creps? 'Que bonito es Panamá, S.L.'. Pues nada tío, te doy mi dirección de correo electrónico, 'Lohengrin@dinamizarte.com', me mandas la tuya de Panamá, y ya iremos a verte. Chao.

En el mercado de San Miguel, todavía quedan puestos tradicionales, hay uno de verduras en particular, que exhibía una combinación cromática de pimientos verderojoamarillos que debería estar en el Thissen,

Luego bajamos hasta la Plaza de Chueca, porque queríamos ver el mercado de San Antón, allí al lado, pero antes, nos dimos un respiro en la Taberna de Chueca, porque 'hasía musha caló'. Dos tónicas, un café y una caña, trece pavos.
San Antón es un auténtico y verdadero mercado, recién restaurado, con unos puestos de pescado sensacionales. En el salazón, la textura de los ahumados es digna del mejor artista del color, y el volumen de los lomos de bacalao, alcanza unas medidas propias de los escultores aficionados al tamaño grande, no como en mi pueblo, que no se ven tan gordos.

Subes a la terraza del mercado y te encuentras con la sorpresa de que, desde su marquesina, unos dosificadores de agua sueltan unos chorritos centrifugados, que son el colmo de la sofisticación, aunque tendrán que tener cuidado con el mantenimiento, por lo de la legionella.

Después de la visita al mercado,dimos un paso por Chueca, por Malasaña. En la calle Fuencarral, muy comercial, las chicas se dieron un vacile de ver escaparates pero, por suerte, no compraron nada, podremos pagar el hotel.

Volvimos hacia Sol, y como la cantidad de sitios para comer en sus alrededores cercanos es casi infinita, la tarea de la elección se hizo tediosa, agotadora, y me llevó a la fatiga. Por fin, en un callejón estrecho, caímos en el Pozo. Un camarero genial del Pozo Real, quien, según el mismo dijo, tenía un coco de la hostia y acababa de volver de vacaciones, haciendo una exhibición de dotes comerciales que para si la quisiera el director comercial de Telefónica, nos vendió el melón con jamón y el entrecot blandito, y allí acabó la dolorosa búsqueda.

Después de comer volvimos al hotel, me di medio baño en la media bañera, descansamos un rato y luego nos dirigimos a la entrada del Prado donde para el bus turístico. La chica de la taquilla, al vernos tan evidentemente viejos, nos cobró el ticket barato. En cambio Antonio y Lola tuvieron que apoquinar cuarenta pavos, que se dice pronto.

Eso sí, lo aprovechamos bien, primero la ruta histórica, luego la moderna. Que lástima, dijo el chófer, no podrán ver el Bernabeu. No se apure, que somos del
Barça, dije yo, mientras mi mujer me lanzaba una mirada asesina.

(Aquí venía ahora lo del Madrid monumental, las estatuas y todo eso, pero no he podido resistirme y lo he puesto antes, en lo de Sol)

Lo cierto es que el paseo en el bus turístico es un gran acierto, que permite disfrutar de una panorámica de la mejor arquitectura, tanto histórica, como moderna, y de las iglesias. No me creerán pero, en cada iglesia había una puta boda, si. Estuvimos deliberando sobre si bajar, mezclarnos con los invitados y cenar por el morro.

Desde el balcón del bus turístico vimos muchos palacios construidos en solares arrebatados a conventos de monjas y muchos Bancos construidos en solares arrebatados a los palacios. Al final bajamos en la Plaza de Oriente, junto al Palacio Real y, claro, no tuvimos ningún problema para elegir sitio para cenar. La Taberna Real. Del Pozo a la Taberna, es una mejora, no?.

No estuvo mal la cena, pero, lamentablemente, dejamos allí el ticket de la cuenta, después de haberla pagado, eh?. No llegamos a entender la cuenta, no porque fuera demasiado elevada, no. Es que pedimos por unidades unos montaditos, que aquí llaman canapés como si estuvieran sirviendo el té de las cinco a la duquesa,y se ve que nos cobraron luego una ración, ese concepto tan madrileño, algo zafio quizá, cuya filosofía no hemos llegado a entender. Ahora, el ibérico, era de exposición, si.

Después, pillamos el bus turístico de nuevo, jugándonos el tipo, como si fuéramos recortadores portugueses, o de consejo de ministros, delante del bus en marcha, haciendo señas, porque no sabíamos donde coño estaba la parada, pero llegamos medio minuto tarde al punto de salida del nocturno, y lo perdimos. Si hacemos caso de lo que dijo el real camarero de la taberna, no fue una gran pérdida porque, según el, Gallardón apaga por las noches las luces de Madrid, antes de irse a la cama.

Desde Prado, nos fuimos a la Plaza de Santa Ana, por Huertas, pero había un gentío mas enorme aún que en Sol a mediodía, y ni una puta mesa libre.
Nos quedamos en la vecina plaza de Benavente, donde encontramos una mesa libre en una heladería.

Cuando vino el camarero a recoger el pedido, tuve un arrebato suicida y pedí un Banana Split, porque me sonaba a título literario, o cinematográfico, para mi solo. Mis acompañantes se quedaron atónitos al verme liquidar, yo solito, salvo una somera cucharadita de mi mujer, aquella banana entera troceada, sobre un lecho de crema helada con dos bolas, una de chocolate, otra de fresa, dejando la bandeja como una patena, después de haber cenado.

Aunque suene raro, no me sentó mal. Tuve un momento de pánico. Cuando se acercaron las dos danzarinas del vientre, vestidas de rumberas, que distraían al personal en la calle con sus ombligos desnudos, a pasar el cazo, por un momento me dominó la sensación de que iba a vomitar sobre sus disfraces, pero no pasó nada.

Luego nos fuimos al Café Populart, para asistir a la sesión de Jazz. En el local había overbooking y la mosca cojonera con aire de camarero que controlaba todo aquello, no dejaba que nadie estuviera allí sin un vaso en la mano. Antonio y yo cogimos nuestros mojitos, y de vez en cuando se lo pasábamos a la parienta para disimular. A Steve, la voz del grupo, se le veía exultante porque en el local no cabía ni una mosca, --solo la cojonera-- tal era el lleno, que quienes llegaron después se quedaron en la calle porque, algo insólito, cerraron la puerta impidiendo el paso a mas personas.

En cada viaje que hacemos aquí, no dejamos de visitar este local nocturno, y nunca hemos visto tanta gente. Tal parece que el universo entero ha decidido viajar a Madrid este fin de semana. Hemos intentado acompañar la música con nuestros movimientos, pero es imposible moverse en un palmo del suelo, salvo que te dediques al chotis, claro.

Este Madrid nocturno, sobre todo cuando estábamos en Benavente y los vehículos policiales no dejaban de pasar, con toda su parafernalia sonora y visual a toda mecha, les ha parecido a mis amigos, mas viajados que nosotros, un paisaje del Bronx, Chinatown, en San Francisco, o el barrio céntrico de una capital oriental. O sea.

El Madrid de ahora mismo, me ha parecido, también, una de las diez o doce ciudades que es importante conocer, y revisitar."

Lo dejo aquí, y luego seguiré, con el segundo día del viaje, y los flecos del primero. Pues nada, hasta luego.

CONTINUARÁ ...

VOLVEMOS DE MADRID (PARTE UNO)

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN.COM) 12-09-11.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Comentarios