miércoles, 10 de abril de 2013

MATO/PUJOL

Ser Ministra de Sanidad, apellidarse Mato y firmar una orden ministerial reduciendo un 20% la financiación a la organización pública de trasplantes de órganos, que dirige Rafael Matesanz, es algo tan congruente como llamarse Pujol y pertenecer a un Clan.

Matesanz ha declarado que esa reducción presupuestaria no tendrá efectos en la eficacia del servicio, y yo me lo creo, porque ese señor merece mi respeto, sobre todo porque si sigo fumando tal vez acabe siendo cliente suyo, pero queda muy feo ¿no? que la Ministra de Sanidad, en lugar de plantarse ante el de Hacienda y exigirle que traiga la pasta que tantos se han llevado fuera, entre ellos los Pujol, acepte reducir las subvenciones a los trasplantes, una cantidad que en si misma, será el chocolate del loro, pero si consideramos el destino trascendente que tiene para la supervivencia de los enfermos obligados a trasplantarse, se convierte en un elemento vital, o sea, algo antagónico con el apellido de la ministra.

En cuanto al fenómeno de clan que constituyen ahora los personajes de la política catalana, ese desfile de los Pujol por las pantallas de televisión, es algo que habíamos visto tantas veces en el cine, que nos resulta familiar, de familia, de clan.

Tantas veces escuchando la voz cavernosa de Marlon Brando, viendo los gestos interpretativos, siempre repetidos, de Al Pacino, los saludos rituales entre familias mafiosas (el primo de Zumosol), los territorios dominados por el clan (las concesiones de ITV) y la figura de la matriarca Ferrusola al fondo, contemplando desde la terraza de la Masía siciliana las andanzas de los retoños, mientras el padrino, ya retirado, sube al monasterio de Monserrat vestido con pantalón corto de explorador y calzado con botas de montaña, es como contemplar nuestra versión esperpéntica de la mafia siciliana, pero no por ello nos hace olvidar que cada euro que todos estos sinvergüenzas impresentables evaden del erario público, es un euro que falta para cuadrar las cuentas y puede ocurrir que, como en el caso que nos ocupa, acabe restándose de financiación sanitaria para los trasplantes de órganos.

En este sentido, esa asociación mafiosa, tal vez montada solo para favorecer a los amigos y al propio clan, acaba siendo, tal vez sin quererlo, una organización criminal.

Para que nadie se confunda, conviene precisar que lo dicho para los Pujol, vale para todos los defraudadores, estafadores y traficantes de influencias, unos porque se llevan su dinero privado fuera, otros porque malversan caudales públicos, otros porque por medio del tráfico de influencias se enriquecen de modo ilícito, y posiblemente elevan el coste para los ciudadanos de los servicios públicos objeto de su tráfico.

La sensación que tiene el ciudadano de a pié es que vive en otro país, cuya capital, Palermo, acoge a la flor y nata de la criminalidad derivada del control de los servicios públicos, para su beneficio privado y que, en ese ambiente, los mas prestigiosos son los que mas roban, hasta que los pillan.

Aquellos que ejercen su actividad lejos de ese entorno mafioso, me refiero a los empresarios que no juegan a ese juego, procuran a su vez exportar a refugios fiscales sus excedentes, porque no se fían de dejarlos en un lugar que está a merced de las clases mafiosas.

Que la propia Mato, ministra de Sanidad, que ahora recorta los fondos para trasplantes, haya formado parte, por vía matrimonial, de ese extendido clan de políticos imputados, da una idea de en manos de quienes está nuestra salud, nuestra educación.

Solo faltaba saber que las administraciones autonómicas se han estado tirando a la pera las subvenciones de los dependientes fallecidos, mientras alguna dependiente viva tiene que estar de acampada en una plaza pública para defender su derecho a ser atendida por uno de esos gobiernos reos de fraude.

Si José Luis Sampedro, que nos ha dejado en estos días, no hubiera sido tan longevo, yo diría que se ha muerto de asco.

En fin. Mato/Pujol.

LOHENGRIN (CIBERLOHENGRIN) 10/04/13.

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